Discriminación en la escuela
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónNo pocos de los que han asistido a las escuelas y una buena parte de aquellos que actualmente concurren a los recintos escolares han sufrido algún tipo de discriminación. Sufrir discriminación es uno de los daños más frecuentes que podemos conllevar como seres humanos sin ser responsables de ello y suele ocurrir en todas las sociedades. La discriminación es aquella conducta de prejuicio que niega o limita la igualdad de una persona, grupo social o institución. El comportamiento discriminatorio puede surgir por diferentes motivos como son la raza, el sexo, el género, las ideas, el lugar de procedencia, el aspecto físico, la identidad sexual, la orientación sexual, las personas con discapacidad o enfermedades psiquiátricas, los mayores, los niños, etc. Igualmente, por factores culturales y económicos que atañen a los estudiantes y su entorno.
Una clasificación de la discriminación más útil es aquella que divide los distintos tipos de discriminación en directos e indirectos: Discriminación directa: son los ataques que se producen abiertamente, en forma de insultos, amenazas, agresiones físicas o acoso, ya sea por parte de un profesor o de un alumno. Discriminación indirecta: consiste en la existencia de normas o situaciones que tratan de afectar de forma diferente a distintos alumnos debido a sus características innatas. Así, por ejemplo, la falta de acceso para sillas de ruedas sería un tipo de discriminación indirecta hacia alumnos discapacitados.
A los cimientos que más afecta la discriminación es a nuestro sentimiento de pertenencia, que viene a ser la satisfacción que todos sentimos por ser integrantes de un grupo. La pertenencia nos hace sentir que somos iguales al resto de personas que forman el grupo, la sociedad, etc. Este sentido nos permite desarrollar una actitud consciente respecto a otras personas, identificarnos con los valores y costumbres. El sentimiento de pertenencia también surge entre dos personas, en una relación de pareja, grupo de amigos, compañeros de escuela, trabajo, cualquier institución, familia… La sensación de pertenencia nos ayuda a desarrollar nuestra identidad, ya que con él somos reconocidos y formamos parte. Como vemos, la discriminación puede ir desde la inseguridad al aniquilamiento total de nuestra identidad debido a la estigmatización sufrida. (Cepsim Madrid)
“La discriminación escolar, tanto en su forma indirecta como en los casos en que tiene que ver con las normas del centro educativo, tiene un impacto muy negativo en los niños que la sufren. Cuanto más intensa sea, peores serán las consecuencias, tanto a corto como a medio y largo plazo. A corto plazo, los niños discriminados experimentaron problemas para relacionarse de manera normal con los demás alumnos. Además, su estado de ánimo tenderá a ser negativo, empeorándose esta condición con el tiempo. Generalmente, los resultados académicos de las víctimas tenderán a ser cada vez peores. Sin embargo, es en el medio y largo plazo cuando empiezan a verse consecuencias realmente preocupantes causadas por la discriminación escolar”.
Sobre esta problemática educativa y social Jorge Alfonso Torres Romero, subdirector de Asuntos Internacionales del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, hace unas observaciones que merecen atención: Deberíamos de tener cuidado en no desechar ciertas problemáticas, sin analizar sus implicaciones. Hago esta reflexión porque una primera reacción al poner sobre la mesa la problemática de la discriminación puede ser precisamente el de verla como un tema más que, de atenderse, presionaría mayormente la de por sí sobresaturada agenda educativa. Trataré en mi exposición de mostrar que no es así, incluso intentaré cuestionar la idea de que en este caso se trata simplemente de un problema externo que la escuela puede o no atender. Sostendré, en cambio, que la discriminación es un tema de la escuela. Un tema interno, pues, cuyas derivaciones y consecuencias cuestionan el sentido mismo de la institución escolar en dos de sus propósitos esenciales: enseñar a aprender y enseñar a convivir.
En otras palabras, continúa Torres Romero, y aquí adelanto una de las conclusiones principales de mi exposición, la existencia de cualquier forma de discriminación en la escuela entraña el fracaso de esta. Fracaso, primero, en su misión de hacer que los alumnos aprendan, porque la o el estudiante discriminado no se encuentra en aptitud de aprender, dedicado como está a defenderse de la humillación, los abusos y la violencia psicológica y/o física de que es objeto. Y fracaso, en segundo lugar, en su propósito de hacer que los alumnos aprendan a convivir ahora y en el futuro en un marco de respeto a la diversidad, porque en un contexto donde prevalece la discriminación, lo que asimila el alumnado no es la cultura de la tolerancia, la empatía y la cooperación, sino las duras e implacables reglas de la arbitrariedad, la fuerza y el atropello.
“Podrá la escuela discutir si le da más o menos espacio a la cuestión de la cultura vial o si le da preeminencia al cuidado del agua por sobre el ahorro de energía (y no ironizo ni disminuyo la importancia de cada tema), pero en materia de discriminación no puede titubear: la discriminación es inadmisible. Ignorarla, permitirla, fomentarla, tiene ominosas consecuencias en términos de exclusión, fracaso y deserción escolares, violencia e incluso propensión a las adicciones. Por eso combatirla es un imperativo para las instituciones educativas. Y la discriminación se combate, por supuesto, incorporando nuevos contenidos en los programas educativos, pero también modificando los términos de la relación entre alumnos, entre éstos y los docentes, entre éstos y los padres de familia, entre la escuela y la comunidad, y también transformando el ambiente escolar y las formas de gestión y dirección bajo principios de respeto y atención a la diversidad”.
¿Qué consecuencias tiene la discriminación? Lo dicho hasta aquí permite entender que no estamos ante un asunto menor, sino ante una problemática de graves consecuencias. Enuncio las principales: Daña la dignidad de las personas. Al humillarlas, al degradarlas, las despoja de su condición de seres humanos y de personas y las deja en estado de vulnerabilidad frente a todo tipo de abusos. Muchas personas incluso interiorizan tanto la discriminación, que terminan pensando que ellas son las responsables de la discriminación que sufren. Socava la igualdad, principio constitutivo de la democracia. La discriminación provoca que, a despecho de la igualdad formal, unas personas tengan acceso efectivo a derechos y otras personas no. Y la negación de derechos para unos, significa privilegios para otros, de modo que, en una sociedad democrática, en donde todos somos formalmente iguales, la discriminación es el fundamento de los privilegios sociales. Ataca el principio de ciudadanía.
Concluye Torres Romero autor de “La discriminación en la escuela. Apuntes sobre derechos humanos, discapacidad y educación”: Una propuesta pedagógica desde la cual se puede ver que el desafío no se reduce a hacer llegar a todas las niñas y los niños a la escuela, sino en hacer que permanezcan en ella, siempre en condiciones dignas que los pongan en aptitud de aprender y de desarrollar competencias sustantivas para la vida y para la convivencia en la diversidad. No debemos olvidar que una vez en la escuela, muchas niñas y niños pueden ser objeto de un trato indigno y degradante que los desestimula, los arrincone y termine anulándolos o expulsándolos. No se puede hablar de inclusión ahí donde se sigue segregando, no se puede hablar de atención a la diversidad ahí donde se consideran unas diferencias y se ignoran otras igualmente sustantivas; no se puede hablar de educar para la no discriminación ahí donde ésta es el pan de todos los días. La mejor educación en derechos humanos que pueden recibir las y los niños, es ver plenamente respetados sus derechos, empezando por el derecho a una educación de calidad.