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Opinión
![]() Gaceta Proletaria
Gabriel Pantoja Cárdenas
El Constituyente de Querétaro III
Tribuna de San Luis
12 de febrero de 2009
Tercera y última parte
Lo más interesante del Congreso es que el proyecto de Constitución enviado por el jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, se hallaba en abierta pugna con las demandas concretas de los diputados, que podríamos calificar de izquierda, comparados con los otros, y que se sentían apoyados por el Gral. Álvaro Obregón. La iniciativa de Carranza no entrañaba ninguna novedad, era la misma Constitución de 1857, con la agravante de que se pedía un mayor poder político para el ejecutivo, a expensas del Poder Legislativo. No había en ese documento nada que pudiere llamarse derecho social o reivindicaciones nacionales. Pero del debate surgieron las modificaciones al proyecto y numerosas iniciativas. La presión del ala izquierda obligó al Congreso a recoger las reivindicaciones populares de carácter progresista y las demandas nacionales tendíentes a salvaguardar la soberanía de México, y a confirmar y ampliar las Leyes de Reforma. ¿Cuales eran las reivindicaciones populares más importantes? Entre las económicas, el problema de la tierra. La historia de México, desde el año de 1521 en que desembarcaron los conquistadores en la Costa del Golfo, hasta hoy, en su parte medular fue la historia de la lucha por la tierra. No es ésta la oportunidad para recordar el proceso de la reivindicación de la tierra por las masas populares; pero durante los trescientos años del régimen colonial la mayoría de las sublevaciones -que fueron muchas- tuvieron ese origen. El único pueblo en el mundo que tuvo más revoluciones agrarias que el nuestro, fue el pueblo Chino. A los pocos días de haber llegado Cortés y de haber instaurado su cuartel general en Coyoacán, surgió dentro de sus propios soldados la primera rebelión contra la monarquía Española que consideraba suyas todas las tierras ocupadas y descubiertas, en tanto que los conquistadores las reclamaban para ellos. Pero son, naturalmente, los indígenas despojados de sus tierras los que se sublevan en verdad. Los nativos que se niegan a entrar en las encomiendas, trabajar casi gratuitamente en las minas, abandonando sus pobres hogares y sus labores del campo; los negros esclavos, las castas y, finalmente, los criollos, porque en un país en que la única rama de la producción destinada al mercado interior era la agricultura, la tierra adquirió el valor de garantía única para la subsistencia y de medida para los privilegios sociales. Y como ni la Revolución de Independencia ni la Revolución de Reforma variaron la estructura económica del país, y durante la dictadura porfirista se llegó a la concentración de la tierra a un grado patético, la Reforma Agraria, junto con las reivindicaciones de los trabajadores se convirtieron en el objetivo central de la Revolución Mexicana y su mayor fruto, la Constitución General de la República, promulgada en 1917, en vigor todavía hasta nuestros días. Al cumplirse un año más de la promulgación de la Carta Magna, lo revolucionario es defenderla del embate que sufre por parte de la oligarquía criolla en el poder, que pretende seguirla modificando en beneficio de sus intereses y del capital financiero internacional. Tiempos vendrán en que por la misma naturaleza dialéctica del derecho la Constitución tenga que desembocar en un nuevo constituyente, cuando la correlación de fuerzas favorezca verdaderamente a las fuerzas democráticas y nacionalistas en el seno del congreso; ahora no es el momento de modificarla, es el momento de defenderla. Comentarios: gacetaproletaria@gmail.com gacetaproletaria.blogspot.com. Columnas anteriores
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