Opinión
Patricia Mercado
Por qué sí al Estado laico

Organización Editorial Mexicana
9 de julio de 2007

El pasado fin de semana la jerarquía de la Iglesia católica exige de nuevo mayores derechos para los sacerdotes, reclama libertad de expresión y derechos políticos. ¡Aguas! a río revuelto ganancia de pescadores.

¿Porqué nos importa a las mujeres el Estado laico? ¿Porqué también a las personas que viven distintas sexualidades debe interesarles? ¿Porqué a los hombres creyentes en una auténtica transición hacia la democracia les incumbe? ¿Qué es lo que nos interesa en el fondo del Estado laico?

Todo mundo tiene derecho a relacionarse con Dios y la Trascendencia como le indique su fuero interno. Sin embargo, cuando la religión institucionalizada fomenta la intolerancia hay que echar mano de las leyes.

Para la Iglesia institucional, las mujeres no son de la misma especie que los hombres, son sólo madres, en el caso de los homosexuales, la Iglesia sigue condenándolos a la clandestinidad. Una familia puede ser un infierno si se vive violencia, desamor, olvido, abandono, pero si es formada por una mujer y un hombre más sus hijos, entonces hay que protegerla y "llevar la cruz". Cualquier otro tipo de familia aunque viva en paz, con amor, con cuidado y respeto para todos quienes la integran, es condenada.

Estas son las ideas de una de las iglesias más poderosas del mundo, la que nos atañe. Más del 80 por ciento de la población mexicana se define a sí misma como "católica". Es el estado laico el que garantiza que no sea desde estas perspectivas que se juzgue a los hombres y las mujeres.

No confundamos. La libertad de expresión está del lado de las minorías. Si se está expresando lo que piensan las mayorías, no es libertad de expresión, es un discurso a secas. Si se expresa lo que expresan los poderes hegemónicos y si esto que expresan los poderes hegemónicos promueve el racismo, el clasismo y el sexismo, eso no es coartar la libertad de expresión, eso es seguir reproduciendo lo que ya creen de por sí, las mayorías.

Un Estado laico no significa ni que las mujeres ni los hombres renuncien a una dimensión espiritual en sus vidas. Se trata sólo de proteger a los más vulnerables, las mujeres y los niños y los grupos de riesgo, como los homosexuales, protegerlos de una violencia patriarcal que se funda en religiones que surgieron históricamente en sociedades altamente machistas.

El principio de la separación de la Iglesia y el Estado (desde la perspectiva de la Iglesia católica institucional) es muy reciente. Hace apenas un poco más de 40 años que esto se aceptó con la "Declaración sobre la libertad religiosa" del Concilio Vaticano II. Antes, durante más de 17 siglos (desde la conversión del emperador romano Constantino hasta el año de 1966), imperó la creencia de que la ley civil debía adecuarse a las doctrinas de la Iglesia. Sabemos que en la era del conocimiento las ideas sobre las cosas, sobre la vida misma, cambian vertiginosamente.

La defensa del Estado laico se trata entonces, de una cuestión política, no de sentimientos ni antipatías religiosas. Los símbolos patrios a las oficinas públicas, los símbolos religiosos a las iglesias, esta es la manera de garantizar una vida en paz.
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