Opinión / Columna
 
Todo lo Bueno 
Edmundo Domínguez Aragonés 
La Luna, realmente un cofre del tesoro
Organización Editorial Mexicana
24 de noviembre de 2009

  Cada nueva expedición a la Luna, trátese de impactar uno de sus cráteres en busca de agua, la que ha sido encontrada, como haber descubierto que bajo su superficie existen canales esculpidos por lava, se valora como un fabuloso cofre del tesoro.

Y pues sí, Johann Kleper, en su obra de ciencia-ficción Somnium, su último trabajo, publicado póstumamente en 1634, y que aunque no pasa de ser unas 40 páginas, y que es la primera obra de ciencia-ficción en el sentido moderno de la expresión, describe lo que ahora la Agencia de Exploración Aeroespacial japonesa ha descubierto: la claraboya que conduce a un enorme túnel subterráneo.

Es más, Kepler convirtió ese subterráneo en cavernas habitadas por los subvolvícolas, ya que los prevolvícolas viven en la superficie lunar, y describe ese mundo.

"Los prevolvícolas no tienen lugar fijo y seguro para vivir. Agrupados en hordas recorren en un sólo día todo su mundo, siguiendo las aguas que se retiran, y lo hallen ya a pie, pues sus miembros son más largos que los de nuestros camellos, ya volando con sus alas, ya en barcos.

"Algunos son diferentes y respiran con gran lentitud, lo cual les permite protegerse del Sol abrasador, en el seno de las aguas profundas.

"Otros, que no pueden vivir sin respirar, se refugian en cavernas adonde llega el agua por estrechos canales de manera que ésta va enfriándose gradualmente en el largo camino que recorre y aquellos pueden beberla; pero cuando se acerca la noche salen a rapiñar.

"Quienes permanecen en la superficie quedan escaldados por el sol de mediodía y sirven como alimento de las hordas nómadas siguientes.

"Los subolvícolas tienen la piel esponjosa y porosa, pero cuando una criatura se ve sorprendida involuntariamente por el calor del día, la piel se les endurece y abrasa y se le cae durante la noche".

Kleper atribuye a los subolvícolas ciudades rodeadas por muros circulares, los cráteres de la Luna.

O sea, que el sabio que escribió de "La armonía de las esferas", predijo lo que ahora es el comienzo de lo que sigue después del agujero.

El equipo jefaturado por Junichi Haruyama, de la AEA japonesa, buscó estas "claraboyas" en imágenes tomadas por la nave espacial Kaguya de Japón, que estuvo en órbita lunar durante casi dos años antes de terminar su misión en junio pasado.

El equipo encontró la primera claraboya, candidata en un área volcánica en la Luna, cerca de la región llamada Marius Hills: "Es la primera vez que alguien realmente identificó una claraboya en un posible tubo de lava Lunar. Hasta ahora, nadie ha encontrado una apertura que pudiera ser un tubo intacto. Si está intacto, usted no puede verlo", señaló la científica Carolyne der Borget de la Universidad Munster de Alemania.

El agujero mide 65 metros de diámetro, y basados en imágenes tomadas en una variedad de ángulos con respecto al Sol, los científicos deducen que se extiende al menos hasta 80 metros de profundidad. Se sugiere que el tubo de lava tan amplio ha de tener como 370 metros de largo.

Penny Boston del Instituto de Minería y Tecnología en Nuevo México, declaró: "Pienso que esto es realmente emocionante. El basalto es un material muy bueno para protegernos de la radiación. Estos bienes inmuebles lunares están listos para ser explotados y modificados para uso humano. Será un puesto de avanzada luna subterráneo para los colonos humanos".

Hasta aquí Kepler y la claraboya, y aquí comienza mi cuento de ciencia-ficción: "Entonces, el grupo de astronautas ingresó por la abertura y se deslizó hasta el piso del túnel cuya oscuridad fue iluminada por las potentes lámparas de sus cascos y, lo primero que miraron fueron unos singulares fósiles de seres cuyos cráneos, semejantes a los de un pez y un simio, estaban totalmente chamuscados, por la radiación solar". Y ahí me sigo.
 
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