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Opinión
![]() Puntos de vista
Norberto de Aquino
Organización Editorial Mexicana
6 de abril de 2008
-Reforma energética
-Las batallas políticas -Presiones de Gordillo En un imprevisto cambio de escenario, la reforma energética cobró nueva vida, por más que es obvio que los cambios de gran envergadura no parecen estar al alcance del Gobierno. Felipe Calderón apostó, y fuerte, a la presión sobre el Congreso y el PRI. Buscó la fractura en el seno del PRD y confió en sus estrategas. Y lo que consiguió fue la destrucción del proyecto fincado en Juan Camilo Mouriño, en el deterioro de su gabinete de energía y en descalificaciones internacionales presentadas en las páginas de los diarios especializados en el mundo entero. Felipe Calderón cayó en su propia trampa. Y perdió. Tanto como perdió el PRD y se acepte o no, ganó el PRI. La historia está a la vista de todos. Pero los últimos días fueron en verdad, capitales. Y en ellos la habilidad política, la experiencia y el amplio conocimiento de los tiempos fue el factor decisivo de todo. Y lo fue para los priístas. Hace algo más de una semana, Manlio Fabio Beltrones lanzó un documento en el que arrinconaba a los grupos priístas que se mostraban dispuestos a la indisciplina, desacreditó a los negociadores del Gobierno, puso en claro que el PRI quería negociar con el Gobierno y que en casos extremos, podía dar la batalla en otro tipo de trincheras y bajo argumentos diferentes. Y el Gobierno leyó mal las señales y las procesó peor. Optó por la idea de espantar a la sociedad y con ello, tratar de vencer a los partidos de oposición. Lejos de dar vida a su iniciativa, lanzó al aire el famoso diagnóstico sobre Pemex, en el que, de muchas maneras, lo que se hacía patente era la urgencia por conquistar las inversiones. Ello provocó reacciones políticas. Felipe Calderón había escondido en el diagnóstico una estrategia política que pensó, no sería descifrada por los priístas sino hasta que fuera tarde. Pero ello no sucedió. Los priístas entendieron inmediatamente lo que se buscaba. Los señalamientos sobre la debacle de Pemex no tenían en realidad, nada novedoso. Pero sí se escondía tras de ellos el planteamiento claro de lo que el Gobierno buscaba. En pocas palabras, el diagnóstico pretendía dar paso a un "cheque en blanco" para el gobierno en torno a Pemex. Ante la imposibilidad de alcanzar una modificación constitucional para la apertura total, los estrategas de Los Pinos hablaron ya no de una "autonomía de gestión", término que había ocupado el sitio de las "alianzas estratégicas", sino de una gestión totalmente independiente. Se planteó la idea de que, ante los "nuevos retos" y la magnitud de lo que se pretendía, resultaba imposible mantener el marco legal existente. En otras palabras, si se tenía que hacer frente a situaciones totalmente novedosas, no se podía demandar a Pemex sujetarse a una ley hecha para otras condiciones de desempeño. Esto es, se pedía libertad para hacer lo que se considerara necesario, con la idea de que no hay ley que pueda prever lo desconocido. Pero los priístas entendieron con toda claridad lo que se buscaba con el diagnóstico. La idea de "darle la vuelta" a la ley, que Vicente Fox buscó con los contratos de servicios múltiples, saltó al escenario. Y las respuestas llegaron de inmediato. Los priístas descalificaron el diagnóstico. Y el Gobierno habló de su plan B que no tenía más objetivo que el de llevar el problema al terreno del Congreso, a manos del PAN y con la idea de que los costos políticos fueran para el Poder Legislativo y el panismo y la victoria, si la había, fuera algo fácil de alcanzar desde el poder presidencial y la sumisión de Acción Nacional. El gobierno no entendió el reto que tenía enfrente. Y los priístas simplemente aceptaron las apuestas. Pero fueron claros en su respuesta. La negociación que se había planteado, de acuerdo a los compromisos adquiridos tenía a la Presidencia de la República como eje. Sin funcionarios de nivel a la mano para la operación política, Felipe Calderón intentó una jugada política doble. Al colocar al PAN como eje de la iniciativa, quería primero, reducir sus costos políticos y, después, fortalecer al panismo en lo político con miras a los procesos electorales del año próximo. Y los priístas entendieron la trampa. Y cambiaron su postura. Una cosa es negociar de institución a institución, esto es, de Presidencia de la República a PRI, o de PRI a Presidencia de la República, en algo que se llama institucionalidad, y otra muy diferente aceptar quedar sujetos a los tiempos y estrategias del PAN. El presidente de la República creyó que los priístas aceptarían que Santiago Creel condujera el proceso. Y se equivocó. Si Creel no es capaz de controlar a los legisladores del PAN, ¿con qué fuerza política podría negociar con las oposiciones? Y entonces apareció la advertencia. Si es el PAN como partido, el que tendrá a cargo la iniciativa, el PRI jugará entonces como partido también. Presentaría su propio proyecto y todo quedaría centrado en la lucha de habilidades, conocimiento y fuerza de los conductores del proceso. La apuesta cambiaba de lado a lado. Y Felipe Calderón entendió el riesgo que correría en una situación así. Primero, habría quebrado acuerdos, lo que implicaría problemas para el futuro inmediato. Después, enfrentaba un frente unido de los priístas, una vez que Beatriz Paredes apareció en escena para colocarse en la misma línea política trazada por Beltrones. El juego estaba claro. Una cosa es el acuerdo y la negociación real con Los Pinos y otra, muy diferente, suponer que el priísmo aceptaría quedar sujeto a la línea de Santiago Creel. Al mismo tiempo, las amenazas presentadas en el sentido de que se podría llegar a un acuerdo con el perredismo, o cierto sector del perredismo para sacar adelante el proyecto panista, simplemente se evaporó ante la realidad. El Gobierno corría el riesgo no sólo de romper sus acuerdos, sino de quedarse sólo en el terreno legislativo, justo cuando además del energético tiene en la agenda otros temas que le interesan tanto o más que el de la modernización de Pemex. Con el cambio de posición de Andrés López, vapuleado en los últimos días, la reforma tiene el camino abierto. Pero no cualquier reforma. El Gobierno tendrá que recorrer mucho camino aún para llegar a la meta. Y esa meta no será la de la apertura total ni la de los "cheques en blanco". Los priístas no cayeron en la trampa. Lejos de ello, dejaron que esa trampa que el gobierno les había tendido, se cerrara sobre las fuerzas del PAN. Pero la reforma energética no es más que el inicio de la batalla. Felipe Calderón intentó fortalecer electoralmente al panismo. Y ello es el anuncio de que para las elecciones del año próximo el presidente de la República buscará ser el jefe de campaña del panismo. Y después del proceso electoral y con base a los resultados registrados en las urnas, entonces se realizará la batalla contra el coordinador de los priístas en el Senado de la República. Después de todo, en Los Pinos saben que su verdadero rival es el que sabe hacer política. Y en estos momentos, las derrotas políticas del Gobierno corren a cargo de la habilidad de Beltrones. El campo de batalla está delimitado. Falta sólo que se cumplan los plazos. Y para que se entienda el tamaño de la confrontación que habrá de escenificarse, basta con lanzar una mirada rápida al posicionamiento de Elba Esther Gordillo en estos días. La señora Gordillo reagrupa sus fuerzas. Y, al mismo tiempo, deja sentir al Gobierno la idea de que requiere del SNTE y su poderío para hacer frente al coordinador de los senadores priístas. La estrategia es simple y no tiene nada de extraña. La señora Gordillo estaba perdida políticamente hasta antes del desastre político sufrido por Juan Camilo Mouriño. Pero cuando el escándalo de los contratos firmados por el aún titular de Gobernación estalló, la profesora entendió que se le abría una oportunidad para recuperar al menos, parte del terreno perdido en el ánimo de Los Pinos. Así, se lanzó a los preparativos para reagrupar fuerzas, especialmente ante la ola de rebeliones registras en buena parte del país. La señora Gordillo entendió sin mayor problema, que el PRI le significa un reto a su poder. Y que sin el apoyo del Gobierno estaba simplemente, destinada a la derrota. Así, lanzó los anzuelos. Y con la idea de que el enemigo común de Calderón y el SNTE es el PRI, preparó la idea de destruir políticamente a Manlio Fabio Beltrones antes de que fuera demasiado tarde. Este plan esconde, por supuesto, el costo para el Gobierno que no es otro, que el de revivir los acuerdos políticos con el SNTE y los chantajes que utiliza para cobrar los favores hechos. Así, Elba Esther Gordillo reapareció al lado del presidente Calderón y se mostró como vencedora de la Secretaria de Educación Pública en una posición que tenía como destinatario al líder priísta en el Senado. Pero la estrategia tiene una falla evidente. ¿En estos momentos cuál es el beneficio político para Los Pinos de una batalla de este nivel? ¿Es ahora el momento para el choque entre priístas y gobierno, justo antes de la batalla electoral del año próximo y precisamente cuando el Gobierno requiere de acuerdos en el Congreso para destrabar la agenda nacional? La señora Gordillo mueve sus piezas y presiona al Gobierno. Le vende la idea del "enemigo común" y pretende ocupar el rol que tenía en sus manos Juan Camilo Mouriño sin necesidad de alcanzar el cargo. Pero ¿Calderón aceptará de nueva cuenta una oferta que ya le costó tanto y que podría costarle aún más? La lucha por sobrevivir que desarrolla Elba Esther Gordillo es obvia. Y el intento de convertir al Gobierno en su defensor también. Los costos de una lucha así no son difíciles de imaginar. ¿El gobierno tiene el capital para enfrentar este tipo de facturas? Falta poco para conocer la decisión final de toda esta contienda. n_de_aquino@hotmail.com Columnas anteriores
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