Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
No había visto nada igual
Organización Editorial Mexicana
3 de febrero de 2012

  Desde Miami

No sé si son los años, el asunto es que comienzo a repetir la frase más a menudo por estos días cuando estoy viendo lo que sucede en la lucha por la nominación republicana a la presidencia y en realidad nunca había visto cosa igual.

Los candidatos punteros no se dan tregua. Para ser más justos, más lo hace el aparato montado alrededor de Mitt Romney que el de Newt Gingrich.

Lo cierto es que la boca se queda abierta al ver los anuncios de televisión pagados por el primero, donde destaca las veces que Gingrich habla de Ronald Reagan en sus discursos y dice que Reagan jamás le apoyaría.

Bueno, ese es el suave. El resto es pagado por organizaciones que, aunque causan risa leerlas, se anuncian aclarando "que no tienen que ver nada con el candidato tal o cual".

Lo cierto es que en el último que he visto contra el exlíder de la Cámara Baja, utilizan magistralmente un reporte noticioso de Tom Brokaw, uno de los periodistas mas respetados, donde en su momento, exponía los problemas de Gingrich por conflicto de intereses y de ahí para adelante.

No se necesita de ser analista político sino de tener sentido común para saber que al final, el que resulte ganador estará increíblemente debilitado ante su principal contrincante: el presidente Obama.

Lo peor sigue siendo que la carnicería política no es obra de otros que no sean sus mismos colegas de partido que como diríamos en México, "no tuvieron empacho" en decirle linduras que van desde desleal hasta ladrón con todas sus palabras.

En verdad que no había visto nada igual.

Tengo cubriendo campanas electorales norteamericanas desde Ronald Reagan y ni siquiera, de los últimos tiempos, en los espinosos debates entre Hillary Clinton y Barack Obama, donde se tiraron hasta con la sartén, las cosas fueron como lo son en este momento de Romney a Gingrich.

Cierto que hace cuatro años los entonces aspirantes demócratas se pusieron en duda uno al otro, pero en cuanto a sus capacidades, a sus actuaciones, no en el nivel de las cosas personales a donde estos correligionarios republicanos han llegado.

¿A quién beneficia esto? Nuevamente, a un solo candidato: el presidente Barack Obama que mientras sus contendores se aniquilan entre ellos, se ocupa de lograr conciliaciones.

¿Qué va a pasar ahora? Muy sencillo. Que quien resulte candidato estará totalmente agobiado por el peso de lo que ha hecho y le han hecho. Tampoco escogerá como su compañero de boleta a su contendor más cercano para cerrar la tijera y ganar más votos, porque es elemental que ninguno de los dos podrá limar asperezas y olvidar los agravios.

En verdad que por todo esto y más, ¡yo no había visto nada igual!
 
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