Opinión / Columna
 
Los Grandes Días 
Manuel Mejido 
De Montesquieu a Bonaparte
Organización Editorial Mexicana
19 de noviembre de 2009

  * El Presidente sólo debe aprobar o rechazar impuestos

* Los panistas impugnarán el presupuesto que habían aceptado

* México avanza entre las naciones más corruptas de América

Para Montesquieu la principal responsabilidad del Poder Legislativo es su capacidad de imponer gravámenes porque, si fuera el Ejecutivo sobre quien se depositara tal responsabilidad, existiría un desequilibrio en los poderes de gobierno.

Según el pensador francés del siglo XVIII, al Presidente jamás debe permitírsele imponer cargas fiscales y, mucho menos, decretarlas o emitirlas, por ser impopulares. Sólo debe participar consintiendo o reprobando los acuerdos alcanzados por los legisladores.

Contrario a lo que propuso Montesquieu, el panista Vicente Fox acuñó la frase: "El Presidente propone y el Congreso dispone". Al ignorar las recomendaciones del estadista francés, el desgaste de la investidura presidencial en México es evidente.

Anualmente, el Primer Mandatario envía a los legisladores la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos, siempre con nuevos gravámenes para los contribuyentes cautivos y más gasto corriente para los gobernantes. Al concluir las discusiones, la popularidad del Presidente se deteriora a niveles que imposibilitan la correcta administración de la nación.

Este año, desde Los Pinos se impulsó el impuesto generalizado al consumo del dos por ciento que se destinaría al combate a la pobreza, se pidió aumentar el gravamen a los energéticos, al ISR y a las telecomunicaciones, además se propuso la desaparición de las secretarías de la Reforma Agraria, Función Pública y Turismo.

Los diputados modificaron todo el paquete fiscal propuesto por el Presidente y crearon un engendro cuya creación ningún partido quiere asumir. Tampoco desaparecerán las dependencias que pretendía eliminar el Presidente.

Como siempre ocurre, quien salió más perjudicado, luego de las ríspidas y vulgares discusiones entre legisladores, fue Felipe Calderón, que comenzaba a legitimar su mandato gracias a los millones de pesos que se gasta en publicitar su pírrica "guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado". Ahora, el pueblo no perdona al Presidente, a los diputados ni a los senadores porque pagarán un uno por ciento de IVA más en sus consumos.

Montesquieu, que viviera durante la época conocida como de La Ilustración, aseguraba que: "Los grandes legisladores se han distinguido por la manera de dividir el pueblo en clases y de esta división depende la duración y la prosperidad de la democracia."

Durante los últimos diez años, la desigualdad social se elevó considerablemente y ahora resulta un mito hablar de "la democracia mexicana", que debería promover justicia y riqueza para el pueblo. El encono popular y la pérdida de credibilidad en las instituciones lo propician los gobernantes y legisladores con sus malas decisiones.

A la clase política mexicana nada le importa la manera en que los ve el pueblo. Legislan sólo preocupados porque sus estados obtengan más recursos para gastarlos en las campañas de sus candidatos durante el próximo proceso electoral.

Los senadores panistas anunciaron que presentarán una controversia constitucional para impugnar la iniquitativa distribución de recursos a los estados en el Presupuesto de Egresos, aprobada en San Lázaro, para el próximo año.

De igual manera, los blanquiazules se quejaron porque los tricolores, aprovechando que son mayoría en San Lázaro, eliminaron los candados para que los gobernadores cumplan con la rendición de cuentas del gasto público y la transparencia en el destino de los miles de millones de pesos presupuestados. Panistas y priístas olvidaron, intencionalmente, que son representantes populares antes que militantes de un partido político.

Empero, el país avanza...aunque sea en corrupción.

México pasó de ser la septuagésima segunda nación más corrupta a la octogésima novena, según Transparencia Internacional. Chile, en el lugar 25; El Salvador, en el 84; y Guatemala, en el 84, estuvieron mejor calificados.

El organismo internacional aseguró que "México, Brasil y Colombia son países que se ubican entre las principales economías de la región y, pese a que deberían convertirse en referencia de la lucha contra la corrupción, se han visto sacudidos por escándalos sobre impunidad, pagos irregulares, corrupción política y captura del Estado."

La discrecionalidad presidencial, la opacidad en el manejo de los recursos públicos, el desinterés de los gobernantes por resolver las desigualdades sociales, el fracaso de los programas contra la pobreza y el hambre, el desempleo, pero sobre todo, la corrupción, convirtieron a México en un país sin rumbo, amoral y pobre.

Napoleón Bonaparte, al invadir nuevos territorios establecía elevados impuestos. Si la gente se quejaba los aumentaba. Cuando la población callaba, aseguraba que era "tiempo de destensar el yugo, porque algo violento trama el pueblo."

mejido@elsoldemexico.com.mx
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas