Opinión / Columna
 
Los Trescientos y... Algunos más 
Carlos González Gamio 
16 de noviembre de 2009

  * La reina Beatrix visita Teotihuacan

* Adicción en la mujer

La reina Beatrix de Holanda en su visita a México complació a todo el mundo desde su aspecto jovial de mujer madura llena de vida y amabilidad con 71 años que no le pesan.

La soberana de los Países Bajos de la dinastía Orange-Nassau dio ejemplo de señorío, ponderación, discreción; recibió los homenajes del presidente de la República, Felipe Calderón; del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, y fue a Teotihuacan invitada por el gobernador, Peña Nieto.

Allí, expertos arqueólogos y antropólogos le dieron una explicación sobre esa civilización y los descubridores de esos vestigios que, fueron el doctor Manuel Gamio y su sucesor Alfonso Caso.

En su estancia, lució siempre sombrero formal, hasta en la visita a las Pirámides Toltecas.

En su país de elevado estándar de vida y nivel cultural en veintinueve años de reinado, mantiene popularidad y aprobación del 80 por ciento de su pueblo como mujer comprometida, cálida y querida, que trabaja sin descanso por el bien general, pero su popularidad la acrecienta cuando dejó su país antes que someterse a los Nazis en 1940; desde Londres y Canadá siguió luchando por su pueblo; estudió para ser Reina, amplío conocimiento de las ciencias sociales, historia y derecho. Reina desde 1980 cundo abdicó a su madre la reina Juliana.

Su heredero, Guillermo Alejandro, resultó víctima de broma de pésimo gusto, pues el Príncipe, en extrema cortesía quiso dirigirse en español y emplear dichos mexicanos, sin conocer el sentido de las palabras, por lo que pronunció: "camarón que se duerme, se lo lleva la ch...", pero la familia real soportó la situación con el consejo de Kipling", que su frase sincera sea trampa de necios en boca de malvados; no hubo estridencias, ni ataques, ni lamentos, conforme a su educación y a su habilidad silenciaron la cuestión.

Deja Beatrix no sólo muestras de su savoir faire, sino valiosa enseñanza y la necesaria mesura obligatoria en todo funcionario público.

* LAS MUJERES Y LA ADICCIÓN

Si bien la adicción o dependencia a sustancias es una enfermedad que ataca a hombres y mujeres por igual, existen diferencias no determinadas por factores clínicos ni orgánicos, sino por aspectos psicológicos, sociales, culturales y morales que hacen que la adicción en la mujer ocupe un lugar aparte.

En México existe una tradición importante de investigación que ha considerado la adicción en hombres y mujeres como un fenómeno uniforme, independiente del género. Sin embargo, estudios recientes han reflexionado sobre las diferencias de consumo de sustancias en ambos géneros, lo cual ha llevado a considerar la adicción en las mujeres como un fenómeno diferente de los hombres. Persiste todavía una desigual e injusta consideración social de la mujer en relación con el hombre; se le juzga con menos indulgencia, se considera más grave su degradación moral y se contempla con mayor severidad la alteración de su papel en la familia. Se trastornan completamente sus funciones de ama de casa,

madre y esposa. Una mujer adicta no es tolerada durante mucho tiempo por su marido, pues al percatarse de su enfermedad, generalmente la corre de la casa, la encierra en un hospital o la lleva a un psiquiatra.

Dentro de los factores predisponentes a la adicción en la mujer encontramos que actualmente muchas de ellas poseen una doble jornada laboral, una en el lugar de trabajo y otra al volver a casa, donde se encargan de la misma y del cuidado de sus hijos, otras carecen de empleo exterior, pero pasan largo tiempo dedicándose a las tareas del hogar, cuando desearían dedicar su tiempo a otras actividades, situaciones ambas que ocasionan depresión, sentimientos de desvalorización, baja autoestima, culpa, desamparo, vergüenza, ansiedad y soledad.

Existe una mayor vulnerabilidad de las mujeres a reaccionar con estados depresivos, ante los mismos niveles de estrés que los hombres, quienes reaccionarían de otra manera. Frente a situaciones que podrían provocarle frustración, la respuesta desde el punto de vista masculino sería la agresión. En cambio las mujeres tienden a reprimir sus conductas agresivas, o más bien volver la agresividad contra sí mismas, atribuyéndose ser ellas mismas la causa de la situación frustrante.

Esta tendencia a la autoculpabilidad por parte de las mujeres está profundamente arraigada en su aparato psíquico desde su temprana infancia, subrayada con insistencia por las formas de socialización tempranas en las niñas en cuanto a qué destino darle a su hostilidad (ser dóciles, pasivas, bondadosas, etcétera).

Así, las mujeres fracasan en su intento de reflejar imágenes satisfactorias como mujeres y buscan paliativos que aminoren sus sentimientos de baja autoestima, impotencia, rabia, culpa, angustia, miedo, y sobretodo, vacío existencial, y es entonces que recurren a sustancias adictivas (alcohol, marihuana, sedantes, cocaína, etcétera) como medida terapéutica. Esto trae consigo una doble carga: no sólo son víctimas del rechazo sino que tienen también la sensación de haber fallado como mujeres.

Ante la sociedad, la mujer adicta ha fracasado como mujer, a diferencia del hombre adicto quien es visto de manera diferente. Ella, ha transgredido su papel de madre, esposa, cuidadora, símbolo de pureza moral, de control; su caída ante la sociedad es más dura y más profunda que la del hombre. Entonces surge la imagen de la borracha, mala madre, libertina, zorra, infiel, etcétera. Todos estos peyorativos representan a la mujer rechazada socialmente por su adicción. Sin analizar si éstas imágenes puedan tener o no base en la vida real, son estigmatizantes y contribuyen a hacer más profunda la baja autoestima de estas mujeres, evitando valorarse a sí mismas. Para mayor información en adicciones consultar la página www.montefenix.org.mx. Pero hasta los próximos Trescientos... y... Algunos más.
 
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