Opinión / Columna
 
Los dichos y los hechos 
César Camacho 
Lecciones de la "revolución recuperante"
El Sol de México
10 de noviembre de 2009

  La democracia en el mundo está de fiesta. Ayer se cumplieron dos décadas de "la revolución recuperante" como denominó Jürgen Habermas a la cadena de acontecimientos iniciados el 9 de noviembre de 1989 con la caída del muro de Berlín y concluida en 1991 con el desmembramiento de la Unión Soviética lo que, para muchos, no sólo significó la recuperación de las ideas de la ilustración, sino el triunfo definitivo de la democracia liberal sobre el estatismo asfixiante que caracterizó durante buena parte del siglo XX a los Gobiernos llamados "socialistas".

La evocación realizada ayer, de aquel momento tan dramático como espectacular, como fue entonces la reapertura de la puerta de Brandeburgo teniendo como tema musical el concierto "The Wall" en vivo a cargo de "Pink Floyd" y juegos pirotécnicos como telón de fondo -que incluyeron demoliciones reales a base de dinamita de secciones del muro de Berlín-, sirvió para corroborar que hoy, más que nunca, la democracia no es, para la humanidad, estación de llegada, sino modo de viajar pues, incluso en Europa central, donde esa forma de Gobierno pareciera consolidada, enfrenta nuevos y delicados desafíos.

La democracia es sometida a prueba en todo momento y en todo lugar. Por eso es importante conmemorar; es decir, compartir memoria del 9 de noviembre de 1989 y retrotraer no sólo el recuerdo sino, más importante aún, las lecciones de ese episodio de la historia reciente, para aprender de ellas, y poner sus enseñanzas al servicio de nuestro presente, aquí y ahora.

En aquel año, además de las conmovedoras escenas de reencuentros familiares, en Alemania pululaba un viento de libertad, muy afortunadamente interpretado líricamente por el grupo de "rock Scorpions" pero, sobre todo, flotaba en el pensamiento político, una enorme incertidumbre acompañada de un gran optimismo.

Y fue la acertada combinación de esos dos ingredientes aparentemente contradictorios: incertidumbre y optimismo, la que permitió "la revolución sin revolución" que junto con Alemania alcanzaron Polonia, Hungría y otros países que resurgieron impulsados por una sorprendente fuerza de la sociedad que recuperó pacíficamente sus plazas públicas y, desde ellas, los espacios del poder para decidir el destino de su colectividad. Fue una síntesis de nacionalismo, madurez compartida y una envidiable lucidez, lo que contuvo las pasiones y las naturales divergencias, y dio cauce institucional a toda esa energía.

Alejado en al menos dos dimensiones de todo eso; a dos décadas y diez mil kilómetros, nuestro país busca avanzar en su transición democrática. Hay que aceptar que en México la democracia todavía tiene mucho camino por recorrer, habida cuenta que ésta no se limita a los procesos electorales, sino a la consecución de buenos resultados por parte de Gobiernos democráticamente electos.

ccq@cesarcamacho.org
 
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