Opinión / Columna
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Hechos
Jesús Michel Narvaez
Corrupción y pobreza, símbolos del gobierno de Felipe Calderón
El Sol de México
19 de noviembre de 2009
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Seguramente habrá enojo y hasta ganas de hablar a la Organización Editorial Mexicana. Pero como dicen los chavos: "me vale". Porque los símbolos de esta administración pública, la que encabeza Felipe Calderón son dos: aumento de la pobreza y crecimiento de la corrupción.
Son cifras oficiales: México reprodujo la pobreza en 6 millones de personas en tan sólo tres años. Y México es el lugar 89 de entre 180 países del mundo. Dos símbolos del gobierno panista.
Han transcurrido tres años y México, país, ha perdido el rumbo. Dirían los panistas que el rumbo se perdió durante 70 años. Y a lo mejor tienen parte de razón... ¿pero de qué pueden presumir ellos?
Sin entrar en polémica y asumiendo que las auditorías practicadas por diversas entidades sean claras, hay que preguntar en dónde quedaron los 70 mil millones de dólares por el sobreprecio en el petróleo; saber cómo se gastaron los dineros que hoy tienen hundido al país y con una población que rebasa los 50 millones de pobres y 20 millones de ellos en extrema pobreza.
Habría que preguntar también cómo le hizo Felipe Calderón para empobrecer, en solamente tres años, a 6 millones de mexicanos. Y saber qué resultados prácticos ha ofrecido su guerra sin cuartel en contra del crimen organizado y el narcotráfico.
¿Cómo justificar el crecimiento de la corrupción si se han hecho nuevas leyes que impiden, supuestamente, que exista en las licitaciones gubernamentales?
No queda claro qué se ha hecho mal. Porque hablar de lo bien hecho nos dejaría el espacio en blanco.
A Felipe Calderón se le depositó la confianza. Venció a sus rivales en el proceso electoral y con todo y que se pudiera poner en tela de duda una victoria amplia, se aplica el precepto democrático y se entiende que por un voto se gana.
Dos años de gobierno en el que la incertidumbre prevaleció y uno en donde las crisis nos alcanzaron. Ese es el resumen al que puede llegarse de la administración de Calderón.
Cayó la producción, las exportaciones están a la baja, los yacimientos de petróleo dieron lo que tenían que dar, el empleo se hundió, el seguro popular no ha funcionado debidamente, las instituciones están debilitadas, la influenza humana destrozó la economía y la inversión extranjera directa y las remesas se redujeron notablemente.
De acuerdo con Transparencia Internacional, la corrupción en México es de hecho una institución. Y se da, justamente, entre los sectores público y privado.
¿Cómo surge la corrupción en ambos sectores?
El Gobierno no podría argumentar que los corruptos son los empresarios, los miembros de la clase dorada del sector privado. No. Porque para que exista el fenómeno de corrupción se requieren dos partes: el corrompido y el que corrompe. El que da, pues, y el que recibe.
Dos partes involucradas.
¿De qué sirvió cambiar la Ley de Adquisiciones?...
¿Para algo sirve Compranet?...
¿Ha servido de algo la Secretaría de la Disfunción Pública?...
¿Cuántos funcionarios, servidores públicos de cualesquiera nivel han sido consignados por actos de corrupción?
¿Y cuántos inhabilitados siquiera?
¿Cómo descalificar las evaluaciones de organismos autónomos del gobierno y financiados por el gobierno?
¿Cómo desacreditar las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía?
Son demasiadas preguntas y escasas respuestas.
No obstante que la información ofrecida por Transparencia Internacional se dio a conocer este martes, ayer miércoles ya entrada la tarde, no había una reacción de la Casa Presidencial.
Sí la hubo del senador Manlio Fabio Beltrones, quien consideró una "llamada de alerta delicada y grave" para el Gobierno federal.
Habría que señalar que parecen interesar más aquellos tópicos políticos-financieros-electorales que la pobreza misma. Porque nadie del Gobierno federal ha salido a decir que hay necesidad de revertir las acciones que la han generado. Salvo Calderón que intentó aplicar el impuesto del 2 por ciento, supuestamente etiquetado para atacarla, nadie más ha dicho esta boca es mía.
Y tampoco el señor Salvador Casillas, el todavía secretario de la Disfunción Pública se ha dado por enterado de que México es sumamente corrupto.
Pobreza y corrupción, símbolos de la actual administración.
¿Y quién lo desmiente?
E-mail: micheljesus@hotmail.com
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