Opinión / Columna
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Numerados
Camilo Kawage
Degradación política y social
El Sol de México
14 de marzo de 2010
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1.- Con demasiada frecuencia nos sentimos arrinconados contra las cuerdas de la desesperación y nos vemos jalar de las alarmas hasta el timbre mismo de la diatriba y el escarnio de la insensatez. Es cierto que la civilidad y las buenas costumbres han corrido destino parejo con otras prácticas de la convivencia ciudadana, a contrasentido de las que armonizan y cohesionan a una sociedad harta del fracaso de sus liderazgos, del colapso de las ideologías, y de la quiebra de sus despropósitos, y también es cierto que el consuelo de los decepcionados no nos brinda más luces en el abandono de las comparaciones. El desarreglo en la vida pública de México, sin embargo, no es privativo de las "democracias nacientes", como quieren algunos, y vale la pena ilustrarlo desde fuera.
2.- Al voltear sólo hacia nuestro propio atropellamiento en la fila de las vanguardias sociales, en las que se privilegia la aberración de unos cuantos sobre el ideal de recato de los más; al vitorear el decaimiento de las conductas éticas elementales, y a fanfarria suelta festejar el quebranto de la tolerancia, en aras de la tolerancia misma, bloqueamos la nobleza de las intenciones, abrogamos el mérito de la vida constructiva común que nos tenemos propuesta, y la acerrojamos bajo el candado fútil del egoísmo que intenta traducirse en apertura; de la promiscuidad vestida de ejercicio integral de la libertad individual, y del libertinaje ribeteado de lucha democrática.
3.- En verdad nos espantamos por poco. Sólo en los últimos días, que aquí hemos visto a los diputados llegar al callejón de la gresca y los puñetazos, en Estados Unidos han caído gobernadores -nada más en Nueva York, donde el electo tuvo que renunciar por sus escándalos personales y el interino le sigue en la raya por iguales causas-; representantes han sido botados del cargo por acoso sexual indiscriminado; senadores han sido fundidos en la brasa por sus pecadillos; allá también se casan todos, y las reformas profundas tampoco transitan.
4.- Sí es para tanto. En Italia el jefe del Gobierno se conduce en capo organizado, opera el país como si fuera otro de sus clubes privados, y los italianos lo reeligen y les gusta. En Francia el presidente es chuleado por su dama -y viceversa-, el Estado es él y los franceses lo aprueban. En Grecia el nuevo gobierno debe sacar los gases a la calle para frenar el sueño del dispendio, y los griegos se aguantan. En Gran Bretaña, como se llamaba antes, a falta de gobernante impera el derecho común. En esos países la vida funciona: aquí seguimos atorados en la cortina en busca de coreógrafo; libreto de sistema parlamentario -con esos parlamentarios-, cuando no hay Ejecutivo, o dictadura autoritaria cuando sí lo hay.
5.- De las lecciones de la Historia los mexicanos sabremos contestar cuánto dura, hasta dónde llega un estado de crispación, de desencuentro, de polarización que no abona y que no sirve a una sociedad organizada, compacta y varias veces centenaria como la nuestra, noble, bondadosa y sabia en su sentido de unidad y de bien común, que unos han confundido con la venganza y el desquite de sus ignorancias, y otros han sobajado en imperio de la anarquía sobre su idiosincrasia y el orden que le es propio. El desgarramiento provocado no puede durar mucho más que un ciclo breve en el andar nuestro, ni se ensanchará aún más la brecha entre Gobierno y gobernados.
6.- Tampoco reventará la cuerda, porque México es infinitamente más grande que la revancha y el rencor; los mexicanos nos tasamos con una escala muy superior a la de los enanos que intentan redimir sus torceduras y sus incapacidades sobre el orgullo, la integridad y la largueza de la nación. Cuando los infiernitos con que nos asustan se habrán apagado; cuando el buen sentido nos guíe de vuelta a la ruta de la civilidad y a sonreírnos a los ojos, estas horas amargas y disímbolas parecerán una efímera neblina en el extenso y luminoso amanecer de la reivindicación con nosotros mismos y con los que nos siguen.
camilo@kawage.com
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