Opinión
Luis Hernández Palacios
Por la refinería, vamos unidos

Organización Editorial Mexicana
21 de diciembre de 2008

Clasificadas como las obras del sexenio por los analistas económicos, el Gobierno federal está en la recta final para dar a conocer el lugar donde muy pronto habrán de construirse una refinería y una petroquímica, que se requieren para reforzar la operación de Petróleos Mexicanos (Pemex) en todo el país. La decisión no será fácil, pues en la puja por estas obras se han inscrito estados como Tamaulipas, Veracruz, Michoacán, Guanajuato, Campeche y, por supuesto, Tabasco. Y la dificultad estriba en que varias de estas entidades han formalizado, con estudios técnicos, su petición ante el gobierno que encabeza Felipe Calderón.

Sin embargo, de acuerdo con los estudios y análisis técnicos hechos públicos por el Instituto Mexicano de Ingenieros Químicos, entre el pueblo tabasqueño hay cifradas esperanzas porque estas obras se construyan en nuestra tierra. Tenemos razones suficientes para pensar que la decisión presidencial así será, por un lado porque las ventajas que ofrece nuestro estado para operar una obra de esa magnitud son muchas, y segundo, porque -más que cualquier otro lugar del territorio nacional- en Tabasco contamos con una cultura del petróleo. En otras palabras, Tabasco es la mejor opción para instalar nuevas obras para un nuevo Pemex.

En fin, sea cual sea la decisión presidencial, desde aquí expresamos nuestro beneplácito y hacemos un justo reconocimiento al gobernador Andrés Granier Melo y a su secretario de Desarrollo Económico, Mario de la Cruz, por la lucha franca y abierta que están dando en la puja de esa refinería y petroquímica que el presidente Calderón ofreció al pueblo mexicano. Una lucha que, como nunca antes habíamos visto, el Gobierno estatal está dando de cara a la nación. Aquí no vale eso de los arreglos por debajo de la mesa o reuniones en lo oscurito, no, el Gobierno estatal cree en su propuesta y por eso la defiende y la promueve, haciendo públicamente su cabildeo.

Hoy para nadie es un secreto la propuesta que en gira presidencial se hizo al primer mandatario del país, Felipe Calderón; ni los estudios técnicos entregados a la secretaria de Energía, Georgina Kessel, y al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont; ni las reuniones con senadores y diputados federales y locales de las diferentes expresiones políticas, como el PAN, el PRD y el PRI. Como tampoco es un secreto el apoyo popular que públicamente ha recibido esta propuesta. Ahí tenemos ejemplos de grupos empresariales como Cancintra, Coparmex, Canirac, Canaco y de otros sectores de la población como asociaciones religiosas, productores agropecuarios, trabajadores petroleros, presidentes municipales, partidos políticos, escuelas públicas y privadas, etcétera.

Como podemos ver, la lucha por esta obra del Gobierno federal, la más importante del sexenio, es -como dicen lo jugadores de naipes- a cartas abiertas, dentro y fuera de Tabasco. Es así como nos hemos enterado de las bondades que ofrece la propuesta tabasqueña: contamos con mano de obra calificada en la materia y 50 años de experiencia; tenemos cerca del 35 por ciento del agua dulce que escurre por el país, materia prima indispensable para un proceso de refinación.

Otra característica a favor de nuestro estado es que aquí existen 19 mil millones de barriles de crudo de reservas probadas y posibles, lo que hace que no se tenga que desplazar el crudo ni construir infraestructura adicional para moverlo a los centros de refinación, y otro aspecto importantísimo es que, de construirse aquí, la Federación se ahorraría alrededor de mil 500 millones de dólares.

Así, aunque el tema no merece ser considerado como un juego de azar, por muy difícil que sea tomar una decisión, podemos concluir que la suerte está echada y con la moneda en el aire, Tabasco unido espera pacientemente la respuesta presidencial, donde esperamos que al final se impongan los criterios técnico-económicos como los presentados por nuestras autoridades. Pero si en esto también hay que implorar a la suerte, pues que venga.
Columnas anteriores
Columnas

Cartones