Metrópoli
Santo Niño Cautivo, patrono de los secuestrados
Desde el 2000 el Niño Cautivo recibe cada vez más peticiones para obrar en favor de personas secuestradas. Fotos: José Luis Rubio / El Sol de México
El Sol de México
9 de noviembre de 2008

Redacción El Sol de México

Ciudad de México.- Una imagen del Niño Jesús con unos grilletes en la mano se ha convertido en los últimos años en el "santito" al que los mexicanos dirigen sus plegarias para suplicar la liberación de un familiar o un amigo secuestrado.

Santo Niño Cautivo es el nombre de esta escultura del siglo XVII situada en una de las capillas laterales de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, a la que tradicionalmente se acudía para liberarse de todo tipo de cadenas, físicas o espirituales, como la drogadicción o el alcoholismo.

Sin embargo, desde el año 2000 el Niño Cautivo recibe de forma cada vez más habitual peticiones para obrar en favor de personas secuestradas por criminales que piden un cuantioso rescate por su liberación, explicó a Efe el sacerdote José Jesús Aguilar.

Encargado de la Catedral Metropolitana entre 2000 y 2004, el religioso relató que en ese periodo tuvo constancia de medio centenar de invocaciones al "santo" por casos de secuestro.

En ese mismo periodo comenzaron a aparecer junto a la efigie ofrendas inusuales, como placas conmemorativas para agradecer los favores recibidos.

Hasta entonces le ponían juguetes y dulces, como a cualquier niño, siguiendo la costumbre de llevarles a las deidades comida, bebida y objetos para su vida en el más allá, que existe en México desde la época prehispánica, recordó el religioso.

Uno de los casos cuyas oraciones ante el Niño Cautivo tuvieron un desenlace feliz fue el de Ricardo Almansa, de clase media y trabajador en una cristalería.

En 2004, su primo hermano fue secuestrado por un grupo de criminales que pidió dos millones de pesos (unos 170 mil dólares en aquel momento) a cambio de su liberación.

"A mí sí me dio paz espiritual y cuando se lo comenté a mis familiares, ellos comenzaron a acudir también (...) Pedíamos que no le pasará nada", rememoró Ricardo.

Su familia logró reunir una cuarta parte de la suma exigida, que los artífices del rapto aceptaron como pago del rescate. Dos semanas después y tras 45 días de secuestro, el primo de Ricardo apareció.

"No lo golpearon, no lo mutilaron. Yo pensé que iba a llegar lo peor, pero no fue así. Fue una sorpresa agradable", celebró.

Pese a que la mayor parte de quienes reclaman la ayuda del "santo" prefiere mantenerlo en secreto, la tienda de artículos religiosos de la catedral es una prueba de que el culto al Niño Cautivo va en aumento.

"La gente lo tiene por muy milagroso. Sus cosas se venden mucho. Ayer se me terminó el mazo de estampitas suyas", comentó la encargada del establecimiento.

Hay tres tamaños de estampitas con la imagen del patrono de los cautivos, y también se vende en llavero y novena y, dado su éxito, están por traerlo también en escultura, señaló la vendedora.

El particular culto que se profesa a esta imagen del Niño Jesús tiene su origen en los acontecimientos que lo llevaron hasta el altar en el que se encuentra en la actualidad.

En 1622, un canónigo de la catedral mexicana llamado Francisco Sandoval partió a España con la misión de encargarle a uno de los más destacados escultores de la época, Juan Martínez Montáñez, una imagen del Niño Jesús para el templo, relató el padre Aguilar.

Cuando Sandoval se dirigía a México con la efigie fue apresado por los piratas berberiscos, que lo secuestraron y lo mantuvieron preso en Argel durante siete años.

Pidió que no lo separaran del Niño y que a la imagen le dieran trato de persona, lo que complicó las cosas. Los captores accedieron pero pidieron dos rescates en lugar de uno, detalló el sacerdote.

El canónigo no volvió a ver la Nueva España (nombre de México en la época colonial), pero encomendó a la imagen del Santo Niño la voluntad de que sus restos llegasen a descansar en la Catedral Metropolitana. Su deseo se cumplió.