Comunidad y cultura
"Miquixtli" de Morelos, una de las expresiones culturales más antiguas
Organización Editorial Mexicana
31 de octubre de 2008

Rodolfo Romero / El Sol de Cuernavaca

Cuernavaca, Morelos.- El "Miquixtli" o "Día de Muertos" en el estado de Morelos, es igual que en todo el país, una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas que existen. Tal y como lo reconoció la UNESCO en París, Francia el 7 de noviembre del 2003.

Efectivamente, este organismo internacional distinguió la festividad indígena de "Día de Muertos" como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y así debe prevalecer toda vez que recalca documento de la UNESCO que el encuentro anual entre los vivos y sus antepasados, desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad.

Aunque la tradición no está formalmente amenazada en pueblos reciamente tradicionalistas como Tepoztlán, Ocotepec, Xoxocotla, Coatetelco, Cuentepec, Tetelcingo, Totolapan y Tlayacapan, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial como el 'Halloween', nada que ver con las bellas tradiciones de México.

ANTECEDENTES DE LA CELEBRACIÓN

El festival que se convirtió en el "Día de Muertos" era conmemorado el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y era celebrado durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la "Dama de la Muerte" (actualmente relacionada con la "Catrina", personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.

Para el pueblo creyente de México, el día de muertos representa algo más que la veneración de nuestros antepasados; podría decirse que esta tradición constituye el alma colectiva de nuestro pueblo. Este día es la oportunidad de mantener el espíritu de unidad e identidad, sin importar si somos ricos o pobres, jóvenes o ancianos, mujeres u hombres..., todos nos identificamos con esta bella expresión cultural a través de expresiones muy originales, como son: ofrendas, altares, catrinas, calaveras de azúcar, pan de muerto, flores de cempasúchil y terciopelo, copal, papel picado, platillos que le agradaban en vida al difunto, entre otros.

En el altar de la casa, donde se encuentran las imágenes religiosas, se coloca una mesa grande y dependiendo a quien se le vaya ofrecer la ofrenda la mesa el mantel, para "Todos los Santos" o niños, un mantel blanco, las ceras adornadas con cintas de papel de china ya sea azul y rosa; y para los "Fieles Difuntos" todo de negro, donde se colocan los alimentos, el pan la fruta, las golosinas, las bebidas, así como los cirios o las lámparas de aceite que arderán toda la noche.

El incensario de barro ocupa un lugar importante ya que ahí se quema: el incienso, mirra y estoraque con el fin de limpiarles el ambiente y el camino a las almas de los fieles difuntos. De los alimentos los difuntos solo tomarán la esencia; creencia que vale la pena recordar que también fue practicada por los egipcios.

CELEBRACIÓN EN GRUPOS INDÍGENAS

De acuerdo con datos de instituciones culturales, al menos 41 grupos indígenas de México y diversas localidades urbanas celebran la fiesta de veneración de los muertos, otorgándole los elementos característicos que representan el puente de unión entre el pasado milenario de la sociedad mexicana y las manifestaciones culturales de estos días.

Comunidades coras, choles, huastecos, huicholes, mayas, mazahuas, mazatecos, mixes, mixtecos, nahuas, tlahuicas (Morelos), purépechas, tepehuanas, tojolabales, totonacas, triquis, tzeltales, tzotziles, yaquis y zapotecas, entre otras, se funden en una solo para postrarse ante los fieles difuntos llegan el 1 y 2 de noviembre de cada año.

Los orígenes de la tradición en torno a los muertos se remontan a la época prehispánica, cuando entre los pueblos nativos existía una devota veneración por "la huesuda", que ha llegado hasta estos días, a través de las diferentes manifestaciones que en torno a ella se realizaban.

En dos comunidades indígenas morelenses como Cuentepec y Tetelcingo los "Día de Muertos" se celebran de manera peculiar, en lengua náhuatl en Cuentepec le dicen "fmejkailuitl y en Tetelcingo mejkoilbetl, lo que hace pensar que sino es desde siempre, sí desde hace mucho.