Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Ciro el Grande

El Sol de México
19 de octubre de 2008

Conquistó Babilonia y es el precursor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En el año 540 antes de Cristo, el rey de Asán y fundador del Imperio Persa, Ciro II, atacó el imperio de Babilonia, tomó la ciudad, mató a Baltazar, tomó prisionero a Nabónido y se presentó como el liberador de los pueblos sometidos al devolverles sus dioses; puso fin al cautiverio de los judíos, promulgó un decreto que permitió el regreso de miles de ellos a Palestina, reconstruir el Templo y restaurar su religión, por lo que recibió en la Biblia el nombre de Mesías.

Con esta conquista, los persas "entraron al escenario político mundial, en el que predominaron durante siglos".

Los persas no impusieron su religión a los israelitas y es así que el judaísmo floreció.

BABILONIA

Fue fundada a orillas del río Éufrates, según unos, por Nemrod, y según el historiador griego Diodoro de Sicilia, por Semíramis. Sus murallas, sus cien puertas de bronce y sus jardines colgantes se contaban entre las siete maravillas del mundo. Hoy sólo existen sus ruinas, llamadas de Birs-Nimrud.

Otros historiadores datan en el año 4 mil antes de Cristo la fundación y el auge de la cultura y civilización babilónica.

Semíramis es un personaje mítico, hija de un simple mortal y de la diosa Atargatis. Abandonada por su madre, la recogió un pastor de nombre Simmas, del cual tomó su nombre de Semíramis, que es el de una planta, y fue esposa del rey de Asiria, Samsi-Adad.

Nemrod fue el primer rey y el primer conquistador y en la Biblia se le nombra "forzudo cazador del Señor". Vivió entre los años 2640 a 2575 antes de Cristo.

Las ruinas de Babilonia fueron descubiertas en 1917 por el arquitecto y arqueólogo alemán Roberto Koldewey

CIRO CONQUISTA LA CIUDAD

El río Éufrates le servia a Babilonia de defensa natural, así que Ciro desvió el curso del río, dejando sin agua a los babilonios; mas, al secarse el lecho y tras aguardar que se solidificara y lo hiciera transitable, el ejército del conquistador avanzó hasta tomar las murallas, entrar a la ciudad, compuesta de barrios, e ir sometiendo a todos los habitantes que se le oponían sin llegar a cometer una masacre.

El rey de Babilonia en aquel momento era Nabónido, que había pasado buena parte de su reinado en el oasis árabe de Tema, pero había regresado a Babilonia a raíz de la amenaza de Ciro.

Las campañas contra Babilonia habían comenzado a finales de la década de 540 antes de Cristo.

Fue en el otoño de 539 la batalla de Ciro en Opis. El general babilonio Sippar se rindió y Gobrias, gobernador persa de Gutium, entró sin batalla en Babilonia el 12 de octubre de ese año, llegando Ciro varios días más tarde.

Gobrias fue designado como gobernador de Babilonia, y Ciro nombró subgobernadores en las provincias menores.

Para la conquista de Babilonia, Ciro tuvo el sustancial apoyo del sacerdocio babilonio, que estaba enfrentado con Nabónido a causa de las reformas religiosas; por ello la llegada de Ciro es celebrada por la comunidad judía de Babilonia, escribe Isaías.

RECIÉN NACIDO, SU ABUELO LO MANDÓ MATAR

Era hijo de Cambises I de Anshan, de la dinastía aqueménida, y de Mandane, hija del rey medo Astiages y de Ayenis, princesa del reino de Lidia.

Su abuelo materno era Astiages de Media, que lo condenó a muerte de recién nacido "para evitar que se cumpliera el vaticinio de que lo derrocaría y sería un gran rey".

Salvado "milagrosamente", Ciro sucedió a su padre en 559 antes de Cristo y de inmediato "busqué la alianza con Nabónido de Babilonia", porque "mi abuelo se negó a reconocer mi ascenso al reino y me rebelé contra él".

Para alcanzar su cometido, recibió el apoyo de Harpago, comandante del ejército medo.

Astiages, entonces, atacó a Ciro, pero fue entregado al rey persa por sus propias tropas y Ciro tomó Ecbatana, capital de Media, y trasladó los tesoros a Persia. Se dedicó durante dos años a sustituir el imperio medo por el de un imperio persa mejor organizado y más poderoso.

Ecbatana se transformó en residencia de verano de los soberanos persas.

En inscripciones encontradas en Ecbatana, hoy norte de Irán, se indica que Ariaramnes y Arsames, miembros de una casa colateral de la dinastía, "habían reinado en corregencia con el padre de Ciro".

SU ESPOSA, DE FAMILIA REAL

Casandana, hija de Farnaspes, miembro de la familia real Aqueménida, era joven y hermosa y era la esposa principal de Ciro.

Otra versión sostiene que Casandana era una hija del rey egipcio Amasis y, según la crónica de Nabónido, la reina de Ciro era hija del rey medo Astiages.

Casandana tuvo dos hijos: Cambises y Esmerdis, y una hija: Atosa. Otras dos hijas: Artistona y una anónima, están en el relato de Herodoto, aunque no menciona la identidad de su madre, pero se deduce del contexto.

Tanto Atosa como Aristona fueron sucesivamente consortes de su hermano Cambises II, del usurpador Gautama y de Darío I. De éste último también fue esposa Parmis, hija única de Esmerdis.

Roxana, una consorte de Cambises, podría ser otra hija de Ciro, cuyo nombre no menciona Herodoto, "el padre de la Historia".

Cambises sucedió a Ciro con el título de rey de Babilonia, conquistó Egipto y "se mostró cruel y salvaje". Era alcohólico y sufría un desorden mental, y a estas dos enfermedades se atribuye su salvajismo y crueldad.

Se suicidó en medio de un ataque de delirum tremens.

DERECHOS HUMANOS

Lo inscrito en caracteres cuneiformes en el Cilindro de Ciro se considera predecesor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Ciro "destaca por su política de concesiones", ya que en el Cilindro se menciona que Ciro otorgó altos cargos políticos tanto a Creso como a Nabónido, y hacia los pueblos sometidos, que "en muchos casos lo hacen de buen grado", y a los que exigió, más que un tributo, reclutamiento y aceptación de una guarnición permanente.

Ciro rechazó, así, la deportación masiva practicada por sus antecesores asirios y babilonios, y ocasionalmente por sus sucesores persas.

Con Ciro el movimiento es a la inversa: a las comunidades deportadas, como los judíos, se les permite regresar a su tierra, en Palestina, o retornar a su reino.

La conducta de Ciro, después de haber entrado en Babilonia, es la de un admirador de la antigua capital de Oriente. Restaura todos sus templos y las estatuas de los dioses semitas son tratadas con respeto.

El término "derechos humanos" es convocado internacionalmente y fue primero introducido en la vida internacional por la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en 1789, por la Revolución Francesa.

El término y el concepto fueron adoptados de la Constitución de EU, y desarrollado en la Enmienda a la misma en 1913.

Entre 1945 y 1975, la labor de la Organización de las Naciones Unidas se concentró, entre otras cosas, en el "derecho de toda persona a salir de cualquier país, incluso del propio, y regresar a su país", y la "eliminación de la discriminación racial, religiosa o de conciencia".

Cosas que Ciro garantizó e inscribió en el Cilindro.

Este cilindro de terracota se exhibe en Londres, en el Museo Británico.

MUERTE DE CIRO

Con la intención de agrandar y darle más solidez a sus conquistas, emprendió el sometimiento de los pueblos asentados al norte y el oriente de Irán en "duras campañas", en una de las cuales encontró la muerte, cuando combatía contra los derviches o masagetas, tribu nómada escita acaudillada por la reina Tomiris, en 529 antes de Cristo.

Fue sepultado en su capital, Pasagarda.

Las conquistas de Ciro se extendieron sobre Media, Libia y Babilonia, desde el Mar Mediterráneo hasta la cordillera de Hindu Kush, creando así el mayor imperio conocido de aquellos tiempos.

El imperio fundado por Ciro mantuvo su existencia durante más de 200 años hasta su conquista final por Alejandro Magno en 332 antes de Cristo.

Cuando Alejandro Magno regresó a Pasagarda descubrió el pillaje de la tumba de Ciro, que él había encontrado intacta aún en 330. De inmediato la rehabilitó, alfombró y amuebló con objetos funerarios de la religión persa.

JENOFONTE Y LA CIROPEDIA, O HISTORIA DE CIRO EL MAYOR

La primera novela sobre la vida y obra de Ciro la escribió el griego ateniense Jenofonte, que era "robusto, hermoso y simpático", dándole el título de "La Ciropedia".

Resulta que Jenofonte, que había sido discípulo de Sócrates, "que se prendó de él", fue "tentado por la vida aventurera y belicosa" y se enroló en la expedición armada que Ciro el Joven envió contra su hermano Artajerjes Mnemon II, rey de Persia, a quien le disputaba el reino.

La expedición fue infortunada y Ciro el Joven fue derrotado en Cunaxa. Los griegos supervivientes, en número de diez mil, se sometieron al mando de Jenofonte, quien, en una larga retirada de 4 mil kilómetros que él relata en "Anábasis" o "La retirada de los diez mil", modelo de estrategia, logró llegar al Helosponto y salvó así a aquel ejército derrotado.

Jenofonte, tras otras campañas bélicas, se retiró a una villa en la Elida para ahí vivir con su esposa y sus dos hijos y escribir sus obras.

"La Ciropedia", además de novela es un tratado moral.

Ejemplo de su libertad y fertilidad narrativa es el capítulo VII del libro octavo, donde narra las horas finales de Ciro.

"Habiendo Ciro pasado su edad de esta manera, siendo ya muy viejo, vino a Persia la séptima vez después de la fundación de su reinado, porque su padre y su madre mucho tiempo antes, como es de creer, se le habían fallecido.

"Venido allí Ciro, hizo sus sacrificios acostumbrados y sus fiestas a los persas a manera de las de la patria, y a todos repartió de sus dones como había de costumbre. Y estando una vez durmiendo en su palacio real se le apareció en sueños una visión más divina que humana, que le dijo: 'Aparéjate, Ciro, que muy presto pasarás de esta vida a otro muy mejor estado'.

"Y con esta visión despertó del sueño y entendió que ya se acercaba el fin de su vida; por lo cual aparejó sus sacrificios al dios Júpiter de la patria, y al Sol, y a los otros dioses en las alturas, como los persas acostumbran a sacrificar, haciendo su oración de esta manera: 'Júpiter, dios de la patria, y tú, Sol, y todos los otros dioses, recibid de mí estos últimos sacrificios por gracias de tantas y de tan esclarecidas hazañas mías, porque me significasteis en los sacrificios y en las señales del cielo, y en agüeros y en rumores y en todo aquello que me convenía hacer o no. Muchas gracias os doy, porque conociendo el cuidado que de mí habéis tenido, nunca me ensoberbecí en la prosperidad, ni me estimé en más ser que de hombre'.

"Ahora yo os pido con muchos ruegos que deis a mis hijos, y a mi mujer, y a mis amigos, y a la patria toda felicidad y bienaventuranza, y que a mí me otorguéis tan bueno el fin del vivir cual me distéis la vida'".
Columnas anteriores
Columnas

Cartones