Opinión
Puente de Plata
Humberto Matali Hernández
Los 10 mejores cuentos mexicanos del siglo XX

El Sol de México
18 de agosto de 2008

"En esta selección -resultado, como observa Carballo, de mis simpatías y preferencias - se omite éste o aquel cuento digno de figurar entre los mejores del siglo".

Luis Leal, recopilador y crítico del libro titular.

Hecha esa aclaración por el responsable de formar este tomo, cuya primera edición data de 1960 y reeditado por la UNAM en septiembre de 2007, con el título de "Los 10 mejores cuentos mexicanos del siglo XX", selección y acotaciones de Luis Leal, la introducción de Emmanuel Carballo, un epílogo de Hernán Lara Zavala, como director de la colección "Relato. Licenciado Vidriera", se deberán de extrañar los cuentos que en lo personal son preferencia de los lectores.

La recopilación y selección del maestro Luis Leal es sobre estos diez relatos: "La cena", de Alfonso Reyes; "El fusilado", de José Vasconcelos; "El timbalero", de José Martínez Sotomayor; "Pancho Villa en la cruz", de Martín Luis Guzmán; "El guardagujas", de Juan José Arreola; "¡Diles que no me maten!", de Juan Rulfo; "La culpa es de los tlaxcaltecas", de Elena Garo; "Chac Mool", de Carlos Fuentes, y "El Emperador de los Asirios", de José Emilio Pacheco.

El asunto es que durante el siglo XX el cuento mexicano tiene un excelente desarrollo. Así lo señala Hernán Lara Zavala al cerrar lo que llama "...una auténtica joya literaria..." con esta definición: "...refleja una impresionante capacidad de síntesis y de buen gusto al seleccionar diez entre los incontables y magníficos cuentos que se escribieron durante los últimos cien años en nuestro país, máxime cuando se trata de un género que se da de una manera tan espontánea y connatural al temperamento mexicano".

Ante ello asombra la capacidad del maestro Luis Leal para reunir y seleccionar lo que a su parecer son los mejores relatos cortos del siglo pasado. Labor titánica del profesor en literatura de la Universidad de Illinois, aunque reconoce la posible ausencia de otros cuentos y autores, así como que entre la edición de 1960 y la revisada de 2004 fue necesario eliminar algunos para incluir otros, por ejemplo los de Elena Garo y José Emilio Pacheco: "En esta selección se omite éste o aquel cuento digno de figurar entre los mejores del siglo. El limitado número de cuentos propuestos, sin duda, obliga al crítico a dejar fuera de la lista cuentos de gran valor histórico y artístico". Explica el recopilador.

Pero sin duda los diez cuentos seleccionados son joyas literarias del relato corto mexicano. Por ejemplo "La cena", de Alfonso Reyes, cumple con los fines y bases del cuento, con un final sorpresivo. Digno del creador del cuento moderno, un señor estadunidense llamado Edgar Allan Poe. Lo mismo del terror angustioso creado por Carlos Fuentes en "Chac Mool", tan buena narración reafirma la certeza de algunos críticos que señalan al maestro Fuentes como mejor cuentista que novelista y eso que de lo segundo es excelso.

En una selección de este tipo no puede faltar Juan José Arreola y la narración que eleva el surrealismo mexicano al Olimpo literario "El guardagujas". O la prosa quizás más perfecta de Martín Luis Guzmán en "Pancho Villa en la cruz", relato entre los muchos perfectos de la novela histórica "El águila y la serpiente", en donde la mayoría de los capítulos son relatos cortos o crónicas sobre la Revolución Mexicana, con la presencia enorme y brutal de Pancho Villa.

Se supone que el lugar ocupado por cada relato en la lista de los diez no significa la calidad ni categoría, pero la narración corta de Rafael F. Muñoz, "Oro, caballo y hombre", resalta por el carácter histórico y la importancia del protagonista Rodolfo Fierro, que inicia así su última cabalgata, en una laguna, delante de Casas Grandes, Chihuahua, durante la huida después de la derrota de los villistas por el ejercito de Alvaro Obregón. Rafael F. Muñoz realiza una completa y brutal narración de la muerte de Fierro, hundido en el fango de la laguna por la ambición del oro amarrado al cuerpo y en las alforjas del caballo. Los relatos sobre la Revolución se convierten en la memoria práctica, real, cual si fuera contada por los troveros, versión mexicana de los juglares medievales, para comprender la gesta histórica revolucionaria, ahora menospreciada y vilipendiada por los gobiernos derechistas que son los herederos morales y físicos de los porfiristas y reaccionarios como los conservadores del siglo XIX.

El relato de José Vasconcelos, un político de derecha y nacionalista, ahora despreciado por los panistas ignorantes de su pasado, es pleno de elegancia lingüística, realista y humana. "El fusilado" se suma así a la corriente de la literatura revolucionaria. Además se hermana con el relato de Juan Rulfo "¡Diles que no me maten!". Dos fusilados en circunstancias dolientes.

Lo cierto es que antología de diez cuentos del maestro Luis Leal dejará insatisfechos a la mayoría de los lectores, porque cada quién tiene sus cuentos preferidos, que en el sentir interno deberían aparecer en esta selección. Por ejemplo, faltan relatos de la segunda mitad del siglo XX, que no por fuerza deben ser de Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco o Juan Rulfo. Pero lo importante es que ya hay estos primeros diez cuentos, aunque tenga casi 50 años de haber sido impresa en la primera edición. Y mayor agradecimiento es de otorgarse a la Universidad Nacional Autónoma de México hacer la reedición en el 2007, aunque haya sido de mil ejemplares el tiraje, pero hay muchos afortunados que lo tienen.

Se encuentran ejemplares en las librerías de la UNAM, en la Casa del Libro Universitario y en el nuevo espacio de Tlatelolco. Y lo mejor: es barato, se logra atrapar un pequeño libro de la colección "Relato. Licenciado Vidriera".

MAS POBREZA LITERARIA

De pronto en cuestión de tres días se empobreció la literatura. Primero se fuga de la vida Alejandro Aura, al otro día lo sigue Víctor Hugo Rascón Banda y dos días después hace lo mismo Alexander Solzhenitzyn. Dos mexicanos y un ruso creadores literarios.

Pero cuidado, para fortuna de todos siguen vivos, basta con leer sus poemas, sus obras de teatro, novelas y dolores para revivirlos y tenerlos al lado, sobre el hombro para guiar a los lectores a los entretelones de sus textos. Por eso tenemos tan cerca a Homero, Platón y Petronio, a Shakespeare y Cervantes, a Poe y Víctor Hugo, a López Velarde, Baudelaire y García Lorca, a Dumas, Borges y Asturias, a Nezahualcóyotl y Sor Juana, a los anónimos de "El Cid Campeador" y de "Las mil y una noches" o el "Lazarillo de Tornes" y a todos que legaron la sabiduría escrita. Basta convocarlos al abrir los libros. Y seguro que llegan para acompañarnos. Así es con los tres nuevos ausentes. Hay que llamarlos.

matalih@hotmail.com
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