Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Amelia Earhart, la primera aviadora que cruzó el Atlántico

El Sol de México
27 de julio de 2008

Charles Lindbergh aterrizó en el aeropuerto parisino de Le Bourget el 21 de mayo de 1927 y fue el primer aviador en solitario, en el mundo, en haber cruzado el Océano Atlántico piloteando el Spirit of Saint Louis, aeroplano de un solo motor.

Se le nombró el "Aguila Solitaria".

BRITANICOS, LOS PRIMEROS EN CRUZAR EL ATLANTICO

El primer vuelo a través del Atlántico sin escalas lo llevaron a cabo el capitán inglés John Alcock, veterano de la Guerra Mundial, y el teniente Arthur Whitteri Bown, piloto que renunció a su nacionalidad estadunidense para incorporarse a la Real Fuerza Aérea Británica durante ese conflicto bélico.

Lo hicieron en un biplano de cabina abierta al que sus tripulantes le adaptaron dos motores de Rolls-Royce.

El 14 de junio de 1919, desde una pista llena de baches en un lugar llamado Monday´s Pool, cerca de Saint John, Terranova, a pesar del mal tiempo, Alcock y Brown decidieron despegar, acicateados por el hecho de saber que un hidroavión estadunidense acababa de hacer la primera travesía transatlántica, aunque con escalas.

Tras 16 horas y 28 minutos de vuelo aterrizaron en un pantano cerca de la estación de comunicación inalámbrica en Clifden, en el condado de Galway, Irlanda.

Los aviadores estaban entumecidos y agotados, y llevaban 40 horas sin dormir y habían tardado 15 horas y 57 minutos en recorrer tres mil 24 kilómetros. Su marca fue la mejor hasta que Lindbergh hizo, solo, su histórica travesía en 1927.

Cinco días después de su aterrizaje, Alcock y Brown fueron nombrados caballeros. Alcock murió en 1919 y Brown en 1948.

HAZAÑAS PREMIADAS

El incentivo para cruzar el Atlántico fueron los premios en efectivo.

En 1919, el diario británico The Times de Londres ofreció un premio de 10 mil libras esterlinas a quien hiciera el vuelo.

Se inscribieron cuatro equipos ingleses y el primer intento fue de este a oeste, pero el avión cayó al frente de la costa irlandesa.

Los equipos restantes decidieron volar desde Terranova a Irlanda aprovechando los vientos dominantes.

El segundo equipo se estrelló al despegar y a otro le falló el motor tras 960 kilómetros de vuelo, por lo que su tripulación tuvo que ser rescatada en el mar.

El cuarto fue el equipo de Alcock y Brown, que concluyó con éxito la travesía, recibiendo las 10 mil libras esterlinas del premio.

Ese mismo año, el empresario hotelero de origen francés que había hecho fortuna en América, Raymond Orteig, ofreció un premio de 25 mil dólares a quien realizase por primera vez el vuelo directo, sin escalas, entre Nueva York y París.

Fue hasta 1927 que Lindbergh lo consiguió partiendo el 20 de mayo de ese año del campo Roosevelt cerca de Nueva York rumbo al aeropuerto parisino de Le Bougert, en el que aterrizó poco antes de las 10 de la noche del 21 de mayo, tras haber volado cinco mil 800 kilómetros en 33 horas y media.

El cheque por 150 mil francos franceses Lindbergh lo donó a la Caja de Socorro de la Aeronáutica tras recibir el premio de 25 mil dólares por su hazaña.

EARHART: "LO MISMO QUE SI HUBIERA SIDO UNA OVEJA"

Cuando Amelia Earhart logró ser la primera mujer que voló sobre el Atlántico en 1928, un periódico británico escribió con sarcasmo: "Su presencia no ha añadido más al logro que si su pasajero hubiera sido una oveja".

La observación era correcta, aunque con fuerte carga misógina. Earhart ocupaba el asiento de atrás del piloto, que era un hombre.

Entretanto, en Nueva York fue acogida con un gran desfile por la Quinta Avenida, cubierta de una lluvia de papel picado y celebrada su hazaña por los principales diarios de "La Urbe de Hierro".

Sin embargo, Earhart se reconocía "como una falsa heroína, me sentía culpable y me prometí que algún día recuperaré mi propio respeto".

LA HAZAÑA COMPARTIDA

El 26 de abril de 1927 recibió una llamada del capitán H. H. Railey, quien le preguntó si quería ser la primera mujer en cruzar el Atlántico. El había sido preguntado por George Putnam, editorialista de The New York Times, si conocía una mujer adecuada para la empresa.

Railey consideró que existía semejanza entre Amelia y Lindbergh, por lo que la llamó "Lady Lind". Putnam, Railey y Amelia se reunieron a almorzar y el editorialista la admitió como la mujer adecuada para el viaje y ella aceptó hacerlo "con la condición de ir como pasajera".

Así con Wilmer Stultz como piloto y Louis Gordon como mecánico, el 3 de junio de 1928, a bordo de un trimotor Fokker F7, al que llamaron Amistad, Friendship, decidieron despegar hacia Halifax, Nueva Escocia.

Habían tenido que esperar un mejor clima, de modo que fue hasta el día 18 que despegaron rumbo a Inglaterra.

El día 19, hacia el atardecer, ya con poca gasolina, aterrizaron en Berry Pourt, en el sur de Gales y no en Irlanda como lo habían planeado.

Al arribar al lugar, los reporteros, que habían seguido el vuelo, se hicieron presentes y se dirigieron a Amelia para que ella describiera la hazaña. Stultz y Gordon fueron ignorados a pesar de que ella reconoció que todo el trabajo lo hicieron ellos. Ahí mismo, el presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge, telegráficamente la felicitó y comenzó su fama.

La hazaña de Amelia fue dimensionada por todos los medios de comunicación, precisamente porque se trataba de la primera mujer que había cruzado el Atlántico en un vuelo sin escalas.

Fue solicitada, dio presentaciones públicas para describir el viaje y, apoyada por Putman, escribió y publicó su libro: "Veinte horas, cuarenta minutos", en 1929.

Finalmente, ella y Putman se casaron en 1931.

A LOS 11 AÑOS DE EDAD VIO EL PRIMER AEROPLANO

Amelia Mary Earhart nació el 24 de julio de 1897 en Atchinson, Kansas, Estados Unidos, y pasó la mayor parte de su infancia con sus abuelos maternos a consecuencia de que su progenitor, "que era un bueno para nada" como decía el abuelo de su yerno, cayó en el alcoholismo y lo despidieron de su trabajo.

Su abuelo era un prominente ciudadano de Atchinson y le proporcionó a Amelia una estilo de vida lleno de comodidades, mientras su padre trataba de encontrar éxito profesional en el área legal, cosa que no consiguió por padecer alcoholismo y no tener la voluntad para superar la enfermedad.

Fue en 1908, a la edad de 11 años, cuando vio su primer aeroplano en una feria en el estado de Iowa, en el tiempo en que vivía en Des Moines con sus progenitores.

En sus "Memorias" escribió acerca de ese primer encuentro con un avión: "Era una cosa hecha de cables oxidados y madera, nada interesante".

PRIMER VIAJE EN AVION

Al llegar la Primera Guerra Mundial, Amelia se enroló en el Ejército norteamericano como voluntaria en labores de enfermería y así hasta el final de la contienda.

Tras haberse reunido con su familia en California, en 1920 asistió a un espectáculo aéreo en Long Beach: "Quedé prendada de los aviones. Conseguí que me llevaran a bordo de un biplano en el que volé por 10 minutos sobre Los Angeles. Tan pronto como despegamos yo sabía que tendría que volar de ahora en adelante".

LA AVIADORA

Anita "Neta" Snook, otra piloto pionera e instructora, fue quien dio sus primeras clases de aviación a Amelia.

Durante su aprendizaje Amelia logró adquirir un prototipo de aeroplano tipo Kinner, al que ella nombró "El Canario" y en el cual sufrió accidentes leves, muy comunes en esa época por la poca fiabilidad de los motores y la lentitud de las naves.

Anita no confiaba mucho en su alumna y en su opinión: "Amelia nunca será un gran piloto".

A la contra, Amelia, en octubre de 1922, consiguió su primer récord de altitud al volar 14 mil pies de altura.

Tras un paréntesis, durante el cual se alejó de los aviones y los vuelos, compró un automóvil "al que le puse 'El Peligro Amarillo', en el que con mi madre hice un viaje a través del país hacia Boston. Por ser una novedad los automotores, la gente se interesaba por mí y me preguntaba de dónde venía".

En 1925 se unió a la Asociación Aeronáutica Nacional, en la sede correspondiente a Boston. Invirtió dinero para construir una pista de aterrizaje, vendió aviones Kinner y promovió la aviación especialmente en mujeres.

El diario Boston Globe la reconoció como una de las mejores pilotos de Estados Unidos y de ahí provino la llamada telefónica del capitán Railey y su viaje a través del Atlántico.

LA PRIMERA EN CRUZAR EL ATLANTICO

Putman la estimulaba a mantener su nombre en primera plana, ya que había organizado la primera carrera de mujeres piloto a través del país en 1929, de Los Angeles a Cleveland; había fundado la organización Las Noventa y Nueve en su habitación del hotel en Boston con otras pilotos, fue su primera presidenta y en 1930 participó en la fundación de una aerolínea entre Nueva York, Filadelfia y Washington, y tuvo el cargo de vicepresidenta de la compañía.

Había volado sobre el Pacífico desde Hawai a California y después a Washington, y ese mismo año realizó el primer vuelo en solitario de Los Angeles a la Ciudad de México, y de allí a Newark, Nueva York.

Entonces en 1932 se decidió a hacer el primer vuelo de una mujer en solitario cruzando el Atlántico, que nadie había hecho a la fecha, tras el vuelo de Lindbergh.

El 20 de mayo de ese año, desde el aeropuerto de Harbour Grace despegó hacia Newfoundland en Gran Bretaña, piloteando el Lockheed Vega, ya modificado para ella.

"Yo no tomaba café ni té y me mantuve despierta oliendo sales. Sólo llevaba un termo con sopa y una lata de jugo de tomate. Llegué fuera del punto planeado en Londonderry, en el norte de Irlanda.

"Al bajar del avión un hombre se acercó y le pregunté: '¿dónde estoy?'. El hombre respondió: 'en el pastizal de Gallegher. ¿Vienes de lejos?'. De América, respondí".

A partir de este primer vuelo, fue la primera persona en hacerlo dos veces, la distancia más larga volada por una mujer sin parar y el récord por cruzarlo en el menor tiempo.

LA TRAVESIA ALREDEDOR DEL MUNDO Y SU DESAPARICION EN PLENO VIAJE

En enero de 1935 comenzó a hacer los planes y preparativos para hacer un viaje a través del mundo. Sería la primera mujer en hacerlo y la mayor distancia posible circunnavegando el globo en su ecuador. "Era el vuelo que me quedaba por realizar",

El primero de junio de 1937, llevando como compañero a Frederick Noonan, a bordo de un Lockeed Electra 10E, salió de Miami con rumbo a su primer destino San Juan de Puerto Rico y, de ahí, bordeó Sudamérica con rumbo a Africa y el Mar Rojo.

Este ya fue un vuelo inédito en la historia de la aviación.

Del Mar Rojo partió hacia Karachi, en la India, después se dirigió a Calcuta el 17 de junio y en los días siguientes Rangoon, Bangkok y Bandoeng, Singapur.

En Bandoeng, Amelia enfermó de disentería y tras hacerle algunas reparaciones al Electra, partió de allí el 27 hacia Darwin, en Australia, "donde mandé los paracaídas de regreso porque no serían necesarios en lo que restaba del viaje".

Amelia y Frederick llegaron a Nueva Guinea el 29 de junio con 22 mil millas voladas y siete mil faltantes.

A las cero horas GMT, el 2 de julio, el Electra despegó. El avión disponía de mil galones de combustible para 20 o 21 horas de vuelo.

Durante ese vuelo mantenía comunicación con el guardacostas estadunidense Itasca. A las 7:20 horas GMT reportó su situación a 20 millas al suroeste de las islas Nukumanu. A las 8:00 GMT hizo su último contacto de radio con Lae en curso a la Isla Howland en el Pacífico, a 12 mil pies de altura.

A las 19:30 GMT el guardacostas recibió el siguiente reporte: "KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes, pero no los vemos. El combustible se está agotando".

A las 20:14 GMT el guardacostas recibió el último mensaje de Amelia dando su posición y, hacia las 21:30 GMT, silencio.

En el Itasca determinaron que el avión pudo haberse estrellado en el mar y comenzó la búsqueda.

LA CAIDA DEL ELECTRA

Se ha establecido que el aeroplano cayó de 35 a 100 millas de la costa de la Isla de Howland, estrellándose en el mar.

El presidente Franklin Delano Roosevelt autorizó la búsqueda con nueve barcos y 66 aviones, una operación que costó cuatro millones de dólares rastreando 250 mil millas durante 16 días.

En otra versión se dice que Amelia realizaba un vuelo de reconocimiento para el Ejército norteamericano, con el objeto de señalar las bases japonesas en el Pacífico y que, tras un aterrizaje forzoso, al que sobrevivió ella y su copiloto, ambos fueron capturados y asesinados después por los japoneses.

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