Opinión
Eduardo Andrade Sánchez
Constitución Flexible

Organización Editorial Mexicana
21 de mayo de 2008

DIA 538. EL INDICE DE MORTANDAD ALCANZO UN NUEVO MAXIMO DE 8.69 MUERTES DIARIAS.

Al seguir de cerca el debate realizado en el Senado sobre la reforma petrolera llegué a la asombrosa conclusión de que un sector de los ponentes está defendiendo la idea de que tenemos una Constitución flexible, la cual puede decir cualquier cosa que se le ocurra al legislador mediante un ejercicio interpretativo novedoso, lleno de imaginación o de creatividad. Es cierto que todo texto legal, incluido el constitucional, es susceptible de interpretarse, pero lo que escuchamos ayer sugiere que basta con que el Poder Legislativo ordinario modifique la interpretación que se ha dado a la Constitución para que ésta adquiera un sentido distinto e incluso contrario al que hemos reconocido que tiene, el cual hasta antes de este debate no había suscitado diferencias.

Por supuesto que las palabras adquieren diferentes sentidos en diversos contextos. Para el lector no especializado al leer "Constitución flexible", puede entender que se trata de estirar, doblar, deformar o hacer como chicle a la Constitución para que diga aquello que hasta ahora nadie entiende que dice. Quien así interprete, indudablemente tendrá razón porque ello es justamente lo que buscan los defensores de la constitucionalidad de la propuesta de reformas enviada por el presidente Calderón.

En otro plano, el jurista entenderá por "Constitución flexible" aquella que es susceptible de reformarse por medio de leyes ordinarias pues no existe un código específico de decisiones políticas fundamentales que sólo pueda ser alterado por medio de un procedimiento más complicado que el que se utiliza para elaborar las leyes, y ahora resulta que algunos juristas están promoviendo la idea de que nuestra Constitución pueda ser modificada por un simple cambio de interpretación que haga de su texto el Congreso de la Unión, sin necesidad de acudir al procedimiento de reforma que exige mayoría calificada en ambas cámaras y la aprobación de más de la mitad de las legislaturas estatales. Precisamente este mecanismo de transformación hace que nuestra Constitución sea teóricamente considerada como "rígida" y no "flexible", y debido a ello el Poder Legislativo constituido no puede cambiarla a placer emitiendo leyes que la interpreten de manera diferente a la forma como se ha hecho con anterioridad.

Con razón afirmó Jaime Cárdenas que la Constitución es algo más que lo dicho por el legislador ordinario, si éste revierte el sentido que se reconoce a los textos constitucionales no sólo se está cambiando indebidamente la Constitución, sino que comete un atentado contra ella. En el caso del petróleo los datos históricos, sociológicos, ideológicos y la forma misma como está redactado el texto de los artículos 27, 25 y 28 se han interpretado siempre en el sentido de que toda la industria petrolera debe ser manejada directamente por el Estado sin intervención privada. Así lo interpretaron el propio Poder Ejecutivo y el Senado en el texto del Tratado de Libre Comercio.

Acertadamente sostuvo Arnaldo Córdoba que si tal interpretación no les gusta, debe cambiarse la Norma Suprema y no -añado yo- estirarla para hacer encuadrar en ella lo que hasta ahora no se ha admitido que encuadre. Esta discusión ha venido a demostrar que se pretende un auténtico cambio constitucional que no puede alcanzarse con una manipulación interpretativa de la ley.

eandrade@oem.com.mx

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