Opinión
Ecos Lejanos
Gabriela Mora Guillén

El Sol de México
15 de abril de 2008

Indudablemente el frío nos agarró desprevenidos: Ante la ola de calor que vivíamos hasta el sábado, los suéteres, abrigos y chamarras han retornado a las calles en pleno mes de abril. Producto del famoso "calentamiento global" o como quiera llamársele, lo cierto es que el clima ha tenido un drástico cambio al grado de que hoy por hoy nuestra primavera evoca los más característicos días otoñales.

No obstante y puesto que la época del calor apenas ha comenzado, además de que a decir de los expertos climáticos esta se dejará sentir en serio, sabemos que el nuestro es uno de los países del mundo en donde el consumo de agua embotellada es mayor, debido a la mala calidad del líquido que llega a nuestros hogares y oficinas a través de tuberías.

Pese a las "medidas vacacionales", que no populistas..., tomadas por las autoridades capitalinas al instalar playas en el DF, a nadie se le ha ocurrido instalar "bebederos públicos" en puntos estratégicos citadinos, a diferencia de algunas de las grandes ciudades del orbe en donde se prevé igualmente la implementación de sanitarios públicos suficientes, considerando que el tiempo de traslado promedio en las zonas metropolitanas es de 30 minutos mínimo.

Pues bien: pese a la importancia del tema, no se cuenta con programas ni políticas que contemplen proporcionar un poco de comodidad e incluso beneficios físicos a quienes cotidianamente deambulan por las calles de la ciudad: puestos de hidratación gratuita, servicios sanitarios en espacios públicos, parques, jardines, paradas de transporte público en general, plazas, etcétera.

Inevitablemente los sucesos políticos vividos en estos tiempos llevan a la sociedad a la confrontación y al desánimo; si a ello sumamos los efectos generados por la incomodidad generada por el calor, es muy probable que los ánimos se agiten con mayor facilidad provocando la irritación social, malestar colectivo y daños a la salud.

Una política social de inclusión sólo es posible en caso de que la población tenga la certeza de que los servicios básicos estarán garantizados, más allá de sentirse polarizada por líderes incitadores cuyo objetivo es aprovechar los espacios para convocar a la sociedad cuando menos a la inconformidad y al reclamo.

No pudo ser mejor el momento para Andrés López: ante el desgarriate derivado de las elecciones internas en el PRD y percibiendo que no habría una clara solución al conflicto sale a la luz la reforma energética. Bajo tal argumento la estrategia en su contra ha conseguido desviar la mirada de propios y extraños en torno a la supuesta intención del Gobierno para privatizar el petróleo, posicionándose él una vez más como un luchador y defensor de las causas sociales.

Así las cosas resulta que AMLO ha conseguido en los últimos tiempos dos secuestros: el de su partido producto de las inconclusas y burdas elecciones, y el del Congreso -diputados y senadores-.

Del primero mucho se ha dicho ya, ni siquiera vale la pena comentarlo. Respecto al segundo, ahí sí nos incumbe a todos y quiénes mejor que nosotros para defenderlo. Es un hecho que la mayoría de los mexicanos estamos en contra de la toma del Congreso, es por ello que debemos expresarlo civilizadamente, con organización y bajo el compromiso con la democracia a la que tanto hemos impulsado. De otra manera continuará la burla hacia nuestras Instituciones.

gamogui@hotmail.com
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