Opinión
Puntos de vista
Norberto de Aquino

Organización Editorial Mexicana
16 de marzo de 2008

* ¿Cambia el escenario?

* Los frentes abiertos

* Se Calienta la UNAM

Para el Gobierno federal, las elecciones de hoy en el PRD son un detonante. Se espera que, una vez resuelto el escenario interno en el perredismo, puedan encontrarse las rutas más adecuadas para no sólo dar salida a la actual crisis de gobierno, sino para reiniciar los debates en torno a las reformas estructurales, especialmente la energética.

Pero la realidad podría ser mucho más compleja. Es obvio que en lo formal, el escenario político habrá de modificarse. Gane quien gane en el PRD, las condiciones serán otras. Sin embargo, ¿podrían ser mejores?

El Gobierno federal ha hecho las cosas de manera tal, que Andrés López no tiene más que agradecer las decisiones que evidentemente le han beneficiado.

Justo cuando todo señalaba que el tabasqueño se encaminaba al fracaso y que su liderazgo se encontraba a punto de una debacle, el Gobierno federal le entregó en bandeja de plata el tema de la reforma energética. La bandera de la defensa del petróleo le permitió al señor López fijar una posición y cuestionar a sus rivales, sin tener que demostrar nada de lo que afirmaba.

Y no fue todo. El propio gobierno le entregó la mejor parte cuando, sin mayor problema, se puso a la vista de todos los mexicanos, el conflicto de intereses en el sector energético, con Juan Camilo Mouriño a la cabeza.

Ahora, en la práctica, poco importa lo que suceda en las elecciones de hoy en el seno del PRD. La voz cantante estará del lado de Andrés López.

Si Alejandro Encinas vence, el poder del excandidato presidencial perredista será absoluto. Y quienes desde las filas de los llamados "Chuchos" abandonen las filas del PRD no serán más que los vencidos, sin impacto en la opinión pública.

Si por el contrario, el vencedor es Jesús Ortega, ¿en realidad valdrá algo para el gobierno el voto perredista en el Congreso, especialmente si es a favor de los proyectos oficiales?

El escenario ha cambiado. Pero no se ha transformado.

Juan Camilo Mouriño no ha terminado de recibir los impactos de su actividad político empresarial. Y el PRD puede quedar en manos del colaboracionismo de Jesús Ortega. La realidad dice que el problema de fondo es aún la crisis del gobierno. Y que, a querer o no, es el gobierno el que ha colaborado a que todo esto suceda.

El gobierno no entendió nunca la dimensión del reto planteado. Y no fue capaz de entender que el conflicto no se encontraba en la posición de Andrés López, sino en el fracaso del propio equipo en el poder.

Incapaces de entender la dimensión del daño, decidieron hipotecar al PAN en aras de una batalla perdida de antemano. Crearon las condiciones ideales para elevar el malestar en las filas panistas y peor aún, pusieron en claro que Germán Martínez carece de la experiencia y habilidad políticas necesarias para hacer frente a una crisis política de gran envergadura.

Ahora, el gobierno busca cerrar filas en torno a Juan Camilo Mouriño, sin entender que el costo va mucho más allá de la Secretaría de Gobernación. Quieren hacer creer que se trata de un choque entre "buenos" y "malos", cuando en realidad el conflicto escaló ya que todo el debate queda centrado ahora en Los Pinos.

El gobierno decidió "arropar" a Juan Camilo Mouriño, sin entender que para lograr este objetivo, se tendría que "descobijar" al propio gobierno.

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El problema está a la vista. Los frentes de batalla se multiplican. Y todo, absolutamente, se desborda hasta alcanzar a la casa presidencial.

Así, el problema entre Colombia y Ecuador descubre una trinchera que no se había detectado o que se tenía bajo candado. Se inicia el gran acercamiento con Cuba y reaparece Manuel Espino con un reclamo a favor de la disidencia en la isla que no tiene más objetivo que el dañar la estrategia oficial. En el IFE se registran acontecimientos que ponen a la vista la presión de las televisoras fundamentalmente, en contra de las reformas aprobadas en el Congreso.

Los sindicatos se convierten en un campo de batalla abierta en tanto que el titular del Trabajo, Javier Lozano, busca otra vez, apropiarse del papel protagónico para ver, si ahora sí, le toca el premio importante.

Las luchas no son encausadas y es el propio gobierno el que promueve esta situación. No hay control ni liderazgos. El gobierno cae en todas las trampas. Y no encuentra una respuesta adecuada, muchos menos aún una estrategia efectiva.

Así, padece a lo largo de una semana, el costo de rechazar en el Congreso la integración de una comisión investigadora para el caso Mouriño. Y cuando esta es aceptada, el PRD se mantiene alejado, con lo que se reserva el derecho a cuestionar todos sus resultados. Y el PAN y el gobierno se muestran no desorientados, sino totalmente perdidos.

La realidad es obvia. La gran batalla que había programado Felipe Calderón en torno a la reforma energética se perdió antes de iniciarse.

Las reformas constitucionales están fuera de discusión. No hay capital político para una cuestión de esta naturaleza. Y los priístas son incapaces de brindar el apoyo necesario para alcanzar un objetivo de esta naturaleza.

Los intentos por abrir la puerta a la llegada del capital foráneo con el argumento de las "alianzas estratégicas" se desgastaron totalmente. Y la reforma energética entra en una etapa en la que el gobierno no puede cancelar el proyecto, pero tampoco tiene la capacidad para lograr algo realmente de fondo.

Así, el gran proyecto del sexenio se enfrenta al riesgo de quedar en algo muy similar a lo que se vivió con la reforma fiscal: un cambio que duró apenas, dos meses antes de desinflarse ante la recesión en Estados Unidos.

El problema en el caso del petróleo es el de los capitales foráneos. Las promesas fueron de otro tipo. Y dejar de cumplir implicaría costos políticos extras.

Los frentes de batalla para el gobierno son obvios. En lo internacional, el reajuste en la estrategia desató ya críticas y "fuego amigo", además de que el caso Colombia aún no acaba de presentar todos sus efectos.

La pérdida del control político derivada del conflicto de intereses en que se encuentra sumergido Juan Camilo Mouriño pone en evidencia debilidades ante las televisoras y tensa el tema de los sindicatos.

El gobierno se parapeta, pero no resuelve. Y espera que los "fallos" legales sean suficientes como para resolver el gran conflicto. La crisis de gobierno entra en una nueva etapa.

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Y dentro de todo este escenario, el tema de la UNAM cobra una dimensión especial.

Con base en lo sucedido entre Colombia y Ecuador, la UNAM pasó a ser parte del "conflicto". Y se ha querido establecer una liga de la institución, con las FARC colombianas.

Y esto es en menor de los casos, es una perversidad política.

Nadie en su juicio, puede olvidar que la derecha, siempre, cuestionará en todos los tonos posibles, la existencia de una universidad pública. Y resultaría infantil, por decir lo menos, suponer que la derecha mexicana ha modificado su forma de pensar con respecto a la UNAM.

Pero de ahí a lanzar una ofensiva político mediática en busca de dañar a la institución, como se ha hecho, parece no sólo un error político, sino un riesgo político absurdo, especialmente en estos momentos.

Por supuesto, la presencia de jóvenes mexicanos en el campamento de las FARC debe ser totalmente aclarado. Y deben presentarse todos los reclamos del caso a quienes sean responsables de lo sucedido.

Pero de ahí a cuestionar a la UNAM hay una gran distancia.

Jugar con fuego cuando la tensión política es creciente, es una mala apuesta.

Es obvio que la UNAM es una molestia para muchos grupos en el poder. Y es claro el conflicto entre visiones no sólo educativas, sino políticas.

No obstante, esto tendría que ser lo normal. Después de todo, la pluralidad es la base de la UNAM.

Si el gobierno tiene pruebas en contra de uno o varios universitarios, tiene que exhibirlas y aplicar la ley. Pero aprovechar una coyuntura política para atacar a uno de los pocos bastiones que le quedan a la pluralidad en el país es una receta que sólo puede provocar más problemas.

No se trata de considerar a la UNAM fuera de la ley. Pero precisamente porque se encuentra sometida a las leyes, son éstas las que deben aplicarse totalmente y no dar vida a rumores y acusaciones en contra de la institución.

La forma en que se abrió el debate en la UNAM y la forma en que se ha obligado a las autoridades de la institución a definir posturas no anuncian nada bueno. Y si la escalada aumenta, el problema puede rebasar a todos.

Los debates sobre las definiciones políticas que no hace mucho se dieron con la UNAM como elemento clave, pueden ser causa de las reacciones de hoy. Tanto como las discusiones en torno a los presupuestos para enseñanza superior o la importancia de la universidad pública.

No obstante, pasar del debate al combate político de callejón, es otra cuestión. Y un riesgo muy elevado para todos.

n_de_aquino@hotmail.com
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