Opinión
Puntos de vista
Norberto de Aquino

Organización Editorial Mexicana
2 de marzo de 2008

* Mouriño acusa recibo

* Reforma entrampada

* Anuncios y angustias

No se requería ser un experto para entender que la bandera de la defensa de Pemex tenía para Andrés López un doble valor: cuestionar al Gobierno federal y elevar su fuerza hacia el interior del PRD con miras al proceso de elección de la nueva dirigencia nacional. Pero en Los Pinos no se entendió a cabalidad el problema de esta actitud. Y ahora, las facturas parecen ser demasiado elevadas y por supuesto, riesgosas.

El mitin del domingo pasado frente a la torre de Pemex fue el inicio de una estrategia destinada a evidenciar debilidades oficiales. Y el gobierno de Felipe Calderón entendió de manera equivocada la situación. Y pensó que había llegado el momento de sacar al perredismo radical del juego mediante una campaña en la que se evidenciara, hasta el límite, la violencia perredista.

Y cuando más festejaban lo que suponían un triunfo, apareció el golpe preparado con toda intención desde lo profundo de la perversidad política que caracteriza a los dirigentes perredistas. Andrés López daba a conocer, con toda la calma del mundo y con un efectivo uso de los tiempos, documentos en los que, de confirmarse su validez, habría cuando menos, tráfico de influencias.

El conflicto tenía un objetivo directo. Y de nueva cuenta, el gobierno entendió mal las señales. Andrés López no buscaba derribar al secretario de Gobernación. Vamos, ni siquiera acreditar una posible corrupción. Andrés López quería poner al proyecto de reforma energética en el terreno de los beneficios personales y de grupo. Y claro está, involucrar directamente a Los Pinos. Y curiosamente, la respuesta de parte del gobierno le ayudó en sus objetivos.

La acusación en contra de Mouriño es simple: durante el 2002 y el 2003, como diputado primero y como asesor en la Secretaría de Energía después, desarrolló negocios familiares con Pemex en una posición que, en el menor de los casos, recibiría sanciones claras de ser cierto todo.

Mouriño decidió aparecer en público para acusar recibo del golpe. Pero lo hizo con un discurso en el que lo único que queda claro es que para él, la función pública resulta todo un sacrificio. Ha dejado de lado ganancias y dinero, posiciones y privilegios para desempeñarse en el servicio público.

De las acusaciones en concreto, nada. Y de las respuestas claras ante la sociedad, tampoco. Un anuncio en el sentido de que está a disposición de las autoridades para que todo se resuelva conforme a la ley.

Pero el resultado es simple. Andrés López buscaba colocar todo el problema de la reforma energética en el terreno de la corrupción. Y ha logrado mucho de lo buscado.

Hace algunas semanas, ante los conflictos políticos en el país, quedó en evidencia el hecho de que una reforma constitucional en materia energética sería imposible de realizar.

Ahora, con el nuevo golpe y con la respuesta tan endeble del gobierno, parecería más que complicado sacar adelante una reforma para llevar al capital privado a una serie de "alianzas estratégicas" con Pemex. Y ello gracias a los errores en la traducción de las señales cometidos en Los Pinos.

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Tampoco se requiere ser un experto para entender que ahora, la reforma energética se encuentra totalmente entrampada. Especialmente cuando desde las trincheras políticas se reciben señales de que las condiciones han cambiado tanto, que el escenario no es el mejor para el proyecto.

Esto nos lleva al punto de partida que es el de los acuerdos. ¿En dónde se atoró todo?

Para los priístas resulta obvio que un debate en estos momentos en torno a una reforma en Pemex es un error político. Puede ser que la reforma tenga muchas ventajas. Pero el momento dista de ser el más adecuado.

Especialmente cuando se entiende que el gobierno deja ver voluntad, pero no estrategia, como no sea la de evitar los costos políticos que una acción de este tipo traerá como consecuencia.

Los partidos con los que el gobierno entabló acuerdos, saben que no todo lo que se les ha dicho es cierto. Saben que falta mucho por explicar y que el gobierno quiere el beneficio, pero no el costo.

Así, han dejado correr las cosas. Y han medido el efecto. Saben que las fracturas son algo más que posibles.

Pero más aún, han entendido que en el seno del gobierno existen posiciones encontradas y que mucho de los problemas que hoy enfrenta el Secretario de Gobernación podrían ser resultado del llamado "fuego amigo".

De esta manera, esperan y observan. Y lanzan discursos, pero nada más. La reforma energética se ha convertido en un problema político total.

El pésimo manejo oficial del tema, las contradicciones evidentes entre la Secretaría de Energía y los grupos interesados en el proyecto, y las banderas que enarbola el PRD, han creado un ambiente de riesgos muy elevados.

Así, para los partidos dispuestos al acuerdo, es evidente que en el gobierno hay frentes de batalla que no se han resuelto y que pueden entorpecer cualquier cosa.

Saben que, como sucedió en el tema del desafuero de Andrés López, el gobierno puede simplemente modificar su postura y olvidar los pactos. Así, simplemente han enviado sus señales. Los tiempos no son los mejores.

Ello obliga al gobierno a tomar sus decisiones y a marcar los tiempos. Y especialmente a presentar su proyecto. Y con ello, a asumir los costos políticos. Algo que en Los Pinos se ha querido evitar por todos los medios.

Los grupos políticos han presentado sus posiciones de manera tibia, pero clara. Y los que antes aparecían como únicos, son ahora tan sólo, unos más en el debate.

Andrés López no quería debatir la necesidad de cambios en Pemex. Quería centrar el debate en el tema de la corrupción. El gobierno no quería explicar las razones por las cuales Pemex enfrenta las carencias que padece, sino magnificar la violencia perredista.

Ahora, los resultados son obvios: el gobierno se defiende con discursos más que con pruebas. La violencia perredista queda lejos del debate y los partidos políticos miden el riesgo y la reforma energética se convierte en un rehén político de todos.

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Y en tanto el gobierno federal se entrampa en el tema de la reforma energética, el Congreso de la Unión mostró su determinación de avanzar en el tema de la nueva ley de telecomunicaciones y radiodifusión.

Tal y como se había anunciado, el jueves pasado se presentó el resumen de los avances y aportaciones para la reforma de la citada legislación. Y se presentó más que como documento, como señal clara de que, a pesar de las enormes presiones que desde las televisoras se han dejado sentir en contra de los legisladores de todos los partidos, el compromiso sigue en pie.

Esto no es más que el nuevo capítulo de una batalla que se inició cuando la famosa ley televisa quedó colocada en entredicho y más adelante, fuera de circulación en una acción conjunta de partidos y Congreso, y por supuesto, del gobierno federal.

A partir de ese momento, la batalla entró en una etapa de confrontación abierta. Los ataques, especialmente de las televisoras, se dejó sentir en todos los niveles. Pero no lograron nada.

Con el documento presentado el jueves, lo que está a la vista es que la reforma sigue sus tiempos. Y los objetivos son claros: poner un límite a un poder económico que se ha supuesto capaz de dominar al poder político emanado del mandato popular.

Claro está que no puede suponerse que, con este avance, todo se ha resuelto. Queda aún un largo tramo por recorrer. Y el peligro de que al gobierno le tiemble la mano al final del camino, es real. Pero en tanto, la estrategia se mantiene tal y como se diseñó desde un principio.

Habrá nuevas cadenas de televisión. Una idea de socialización del medio, entendido esto como una mejor y mayor oferta para los televidentes.

Pero antes, habrá que tomar medidas destinadas a no caer en una trampa similar a la ya existente.

Así, se prepara el terreno en el punto de los monopolios. Y por ello es que en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se reciben golpes desde trincheras evidentes.

Una vez que este tema quede resuelto, se presentará la idea de la apertura y entonces, se dejará sentir la verdadera batalla, en la que todas las partes pondrían en juego todo su arsenal.

Lo sucedido el jueves pasado es un evento importante. Los legisladores han puesto en claro que la determinación de controlar al poder económico es real. Y que no han olvidado, ninguno, que hace apenas algo más de un año, todos, sin excepción, fueron testigo de cómo, el poder de las televisoras, puso de rodillas al poder político.

Y eso es algo que, todos, también sin faltar uno, saben que no sólo no es admisible, sino que de no resolver el problema, para el 2012 sería el poder económico el verdadero voto en el país.

La reforma que tanto angustia a las televisoras sigue su marcha. Y las señales son claras: la unidad política de las fuerzas tradicionalmente enfrentadas entre sí, se mantiene vigente e inalterable en este punto. Y la idea es que se mantenga así hasta que los objetivos se alcancen.

n_de_aquino@hotmail.com
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