Opinión
Puntos de vista
Norberto de Aquino

Organización Editorial Mexicana
17 de febrero de 2008

* Las palabras de Azcárraga

* Las respuestas del poder

* El caso de Jorge Mendoza

Los esfuerzos por controlar los daños son evidentes, tanto como el fracaso de la estrategia. Emilio Azcárraga decidió doblar las apuestas y podría haber cometido muchos errores, especialmente de cálculo.

Cuando el todopoderoso empresario se lanzó a cuestionar a "presidentes y políticos" que se han "robado mucho dinero", el mensaje no podía ser interpretado de muchas maneras. Las opciones estaban a la vista. Y el punto de choque también.

Pero para que la problemática quede más a la vista, habría que retroceder un poco en el tiempo y recordar como la soberbia de los hombres al frente de los medios de comunicación electrónicos les llevó a jugar un papel singular en la pasada campaña presidencial. Y claro está, cómo estos señores, especialmente el grupo de Televisa, realizaban apuestas y retiraban montos.

Nadie, por ingenuo que sea, podría olvidar aquel encuentro en Valle de Bravo, en la que los candidatos presidenciales más importantes fueron "citados" a comparecer ante los dueños del auditorio. Y nadie tampoco podría olvidar cómo los acuerdos no fueron respetados.

Después vino el momento de tomar decisiones. Y la tambaleante postura de las televisoras quedó en evidencia. Sintieron que la apuesta podría resultar equivocada y tendieron puentes "no oficiales" con quien finalmente resultó perdedor, dejando ver al ganador el tamaño de los compromisos existentes.

El tiempo pasó con enorme rapidez y llegó el turno de las decisiones en torno a la llamada Ley Televisa. Y para todo el mundo fue evidente que el gobierno de Felipe Calderón quería que esa ley fuera desarticulada. Y cuando la Suprema Corte la puso en la lona, lo que había triunfado nada tenía que ver con un grupo político. Se había alcanzado una decisión de poder que no se quiso entender.

Llegó el momento de las reformas en el terreno electoral. Y el golpe al bolsillo de las televisoras fundamentalmente. Y las rabietas fueron abiertas. La ira se tradujo en embate a partidos y Congreso. Y las amenazas aparecieron en el horizonte.

Resulta imposible olvidar aquella reunión en la sede de los senadores, cuando las estrellas de los medios electrónicos aparecieron para atacar y sembrar veladas advertencias sobre lo que podría suceder si la publicidad política se reducía y controlaba.

Pero la estrategia resultó estar equivocada de nueva cuenta. Las "estrellas" no tenían en realidad posibilidades de vencer a los profesionales de la política. Especialmente cuando éstos presentaban un frente unido que nadie esperaba encontrar. Y el mensaje corrió a cargo de Pablo Gómez cuando preguntó, lleno de ironía y claridad: ¿se han preguntado el por qué fuerzas políticas tradicionalmente antagónicas y enfrentadas se han unificado en torno a este tema? Pero los medios electrónicos, especialmente las televisoras, no entendieron el mensaje. Y, soberbios, decidieron endurecer su ofensiva en contra de los políticos.

Así, llegó el momento actual. Y Emilio Azcárraga, de manera pública y formal, lanzó su nuevo dardo. Ahora sobre los "presidentes y los políticos" que se han "robado mucho dinero. Con el añadido de que a Televisa "no nos han regalado nada".

La estrategia, por supuesto equivocada, quería ser una respuesta a una señal que en los medios nadie rescató, pero que no por ello carecía de valor.

Unos días antes, el panista Javier Corral había hablado, también ante un público reducido en un foro especializado, sobre las amenazas que representaba el duopolio televisivo.

Recordó que en ningún país del mundo sucede lo que en México. Planteó el reto que al Estado significa la manipulación de prácticamente la mayoría de la audiencia. Y no dejó pasar el hecho del control que sobre radio ejercen las mismas televisoras vía la propiedad.

El problema de esto para Televisa estaba a la vista. Javier Corral es uno de los políticos que con mayor énfasis luchó en contra de la Ley Televisa. Y actualmente es consejero de Felipe Calderón en materias muy obvias. Las televisoras sabían que el mensaje no tenía más destinatario que ellas. Y respondieron por la vía de la amenaza y la provocación.



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Pero los frentes abiertos para las televisoras son muchos. Riesgosos y no están sólo en el terreno del Estado.

Y bastaría con un leve análisis de las palabras del señor Azcárraga para llegar a conclusiones bastante interesantes.

Primero, aquello de que "no nos han regalado nada" es algo que, cuando menos, resulta ser bastante discutible. Pero como sería largo hablar de este punto, dejemos sólo el tema para plantear algunos detalles dentro del punto relacionados con aquellos que se "robaron mucho dinero".

Hablar de todos los presidentes resultaría ocioso. Dejemos el punto a partir del gobierno de Miguel de la Madrid para facilitar las cosas. Y entonces resulta que el gobierno del sucesor de José López Portillo resulta tan gris, incluso en su relación con los medios que no parece lógico pensar que las amenazas giran en su accionar.

Sigue Carlos Salinas y bastaría también con recordar la forma tan difícil en que terminaron las relaciones con la familia Azcárraga. Así, aparece un blanco o alguien que podría ser el blanco seleccionado.

Seguiría Ernesto Zedillo. Pero nadie puede olvidar los apoyos de esta administración a la estrategia de Emilio Azcárraga para asumir el control de su empresa y los apoyos que se le brindaron para la reestructuración de deudas y riesgos financieros. Zedillo es un consentido de la empresa.

Sigue por supuesto, Vicente Fox y la situación es aún más sencilla. El señor Fox no sólo entregó a las televisoras el famoso "decretazo" con el que les alivió compromisos, sino que, además, en la salida, dio forma y vida a la Ley Televisa. Es decir, todo para el poder de estos grupos. Así, de la Madrid, Zedillo y Fox no parecen quedar dentro de los "presidentes" a los que el señor Azcárraga se refirió. Carlos Salinas es otra cosa.

Y sobre los políticos, no se requiere de un esfuerzo mayor para entender que el mensaje fue lanzado de manera directa en contra de Manlio Fabio Beltrones, constructor de la unidad en el Senado que ha permitido poner a las televisoras en un estado muy cercano al pánico.

No obstante, resulta evidente que la estrategia ha sido equivocada. Los golpes lanzados contra la estructura política no han logrado gran cosa. Y el caso del IFE es apenas una muestra. A cambio han consolidado la unión de los diferentes grupos. Y las televisoras están aún en la mira.

La estrategia seguida por el señor Azcárraga ha logrado únicamente poner en claro que el poder político tiene la razón. El poder económico ha perdido totalmente el rubor y supone que puede poner al país de rodillas.

Pero los tiempos no permiten muchas cosas. Así, en tanto las televisoras y buena parte de la radio mantienen su línea de choque, los grupos políticos tienen en la mano el proyecto sobre monopolios.

Primero, el marco legal y después el resto. Primero, el seguro y después las modificaciones. Las televisoras quieren evitar una ley que les aumente la competencia. Así, primero, el control a los monopolios y después, la reforma que tanto temen y quieren evitar.



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La guerra es abierta. Y sin cuartel.

Y bastaría con analizar con cuidado el asunto del senador Jorge Mendoza para poder entender lo que sucede.

Purificación Carpinteiro, directora del Servicio Postal Mexicano, se presentó ante los senadores para hablar de la caótica situación del correo nacional. Y así, como si se tratara de recetas de cocina, dejó ver como algunos senadores utilizan la franquicia en su poder para abusar del servicio. Y Jorge Mendoza fue puesto en evidencia. Hace campaña política en Nuevo León a costa de los impuestos de los mexicanos.

Esto no es ilegal, pero sí es un exceso. Un millón y medio de cartas en apenas unos días, sin tener que pagar nada, no parece ser la mejor ruta para construir una imagen.

Mendoza es el brazo derecho de Ricardo Salinas, el dueño de TV Azteca. Y fue el legislador que sin importar la línea asumida por su partido, el PRI, intentó impedir la aprobación de la reforma electoral, que acabó con los millonarios gastos de publicidad en televisión.

Pero ¿quién es Sepomex? Simple, Sepomex es la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Y ¿quién es la SCT? Sencillo, es no sólo la entidad que tendrá a su cargo el control de las nuevas formas en la presencia de televisoras y cadenas de radio, sino que es parte del Estado mexicano. En otras palabras, cuando Sepomex puso en evidencia los excesos del senador Mendoza, lo que en realidad hacía tenía que ver con la posición del gobierno en torno a las posturas de las televisoras. Clarísimo.

Así las cosas, el mensaje de Emilio Azcárraga parece tener mucho que ver con la ira y el nerviosismo. Errores en el cálculo han llevado a las televisoras a un terreno de fragilidad creciente. Y con sus decisiones han aumentado la determinación de poner un límite a su poder.

Javier Corral lo planteó de manera simple. Pero no se entendió. Pablo Gómez lo había señalado con toda precisión. Pero no se entendió. La unidad política no pudo ser minada. Y no se entendió. Se atacó al Congreso y a los partidos, con la idea de que la Presidencia se doblaría. Pero no sucedió así. Y no se entendió el motivo. Se hizo gala de la fuerza. Y el resultado es totalmente negativo.

Ahora vienen los temas reales. Y cuando las televisoras esperan la ley de medios, lo que aparece es el control a los monopolios.

Azcárraga puede hablar de que no le "regalaron nada", pero a final de cuentas es obvio que entiende que una cosa es señalar los blancos de las ofensivas y otra muy diferente poder destruirlos. Especialmente cuando es el propio Presidente de la República el que sabe que el poder mediático de las televisoras ha rebasado todo nivel aceptable.

El senador Jorge Mendoza se equivocó. Y llevó al exceso un privilegio. Pero en realidad sus acciones parecen ser la causa para una demostración no de fuerza, sino de voluntad. Pero parecería que en las televisoras esto tampoco se ha entendido.

n_de_aquino@hotmail.com
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