Opinión
Corresponsal en Holanda
Ma. Esther Estrada
Las especias, motor de navegantes holandeses

Organización Editorial Mexicana
17 de febrero de 2008

Amsterdam, Holanda.- Cuando pienso en la historia de Holanda siempre me viene a la mente su espíritu aventurero que ha llevado a sus hombres a surcar los mares buscando ampliar sus conocimientos y sus redes comerciales.

Uno de los capítulos importantes de su pasado es el que tiene que ver con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, la primera multinacional del mundo. Comerciantes natos, navegantes diestros y colonizadores por consecuencia, uno de los lugares donde dejaron su impronta desde finales del siglo XVII y casi todo el XVIII fue en la India, en un puerto llamado Cochin (actualmente Fort Kochi).

Este punto, en el estado indio de Kerala, en la costa sudoeste de ese país, ha sido muy importante desde la antigüedad por considerarse un enclave privilegiado para el comercio de especias. Tanto así que por él pasaron fenicios, romanos, árabes y chinos, antes de que lo colonizaran los portugueses en 1498, bajo el mando de Vasco de Gama (quien incluso estuvo enterrado ahí durante 14 años, antes de que se llevaran sus restos al Monasterio de los Jerónimos en Lisboa).

En 1663 los holandeses expulsaron a los portugueses y dominaron la zona durante 132 años, es decir, hasta 1795 en que fueron expulsados a su vez por los ingleses.

Todavía se puede visitar el Palacio Mattancherry, construido por los portugueses como un regalo al Rajá de Cochin en 1555, y remodelado más adelante por los holandeses, como un gesto de buena voluntad hacia el mismo Rajá, por lo que se le conoce también como el Palacio Holandés. Se ha conservado en bastante buen estado, sobre todo la sala de coronación, con un techo bellamente trabajado, y los magníficos murales donde están representados tradiciones y dioses hindúes con la misma nitidez como si se los acabara de pintar.

Desde siempre, en la zona han convivido sin problemas varias religiones. Por poner un ejemplo, en los alrededores del Palacio se encuentra el barrio judío, con su Sinagoga, que data de 1662; por lo menos un par de mezquitas; muchos templos hindúes (casi en ninguno se permite el acceso a no creyentes); e incluso dos iglesias católicas. La más grande es la Basílica de la Santa Cruz (de 1902) y la más antigua es la Iglesia de San Francisco, que como podrán imaginar tiene mucha historia. Fue construida como iglesia católica en 1503 por los frailes franciscanos que acompañaron a los portugueses. Después fue protestante y anglicana, antes de volver al culto católico. Un detalle que me sorprendió fue encontrar que a la Madre Teresa de Calcuta se le venera, literalmente, casi en cada esquina. Los indios, sin distinción de religión, reconocen la labor de esta mujer con los pobres, por lo que a lo largo y ancho del país han levantado pequeñas capillas con la estatua de esta religiosa católica.

En el puerto, muchas de las casonas que se encuentran en los alrededores de la plaza principal fueron en su momento viviendas de comerciantes y gobernantes europeos. Fueron edificadas con una mezcla de estilos portugués, holandés e inglés, adaptados al clima subtropical de la zona. Casas con patios centrales que mucho se parecen a las construcciones coloniales que tenemos en muchos rincones de nuestro México.

Hasta hoy llegan los aromas y el sabor de las especias que se siguen comercializando en Fort Kochi. Curry, cúrcuma, pimientas de todos colores, jengibre, cardamomo, comino y clavo, entre muchas otras, inundan el ambiente y dan sabor a sus alimentos.

¿Imaginar que podría pedir unos huevos a la mexicana en Cochin? Pues simplemente ordene huevos "a la Kerala". Le servirán unos deliciosos huevos como los preparamos nosotros, agregándoles dos ingredientes adicionales: cúrcuma y unos pequeños granos de pimienta. Y para que no extrañe nada, se los acompañarán con unos frijolitos al lado.

Supongo que en la época en que los holandeses ocuparon la región, no estaba prohibido beber vino. Pero en la India actual no es fácil conseguir bebidas alcohólicas en cualquier restaurante. Como siempre pasa, la gente se las ingenia para solucionar ciertos "problemas", y Fort Kochi no es la excepción. Cuando el calor agobia a turistas y locales, nada mejor que una cervecita bien fría. Pero ante la imposibilidad de servirla abiertamente, llega disfrazada de "té local", en una jarra de té y se bebe en tazas para té. Todos contentos.

Regresando a la ciudad, otro de los encantos de este puerto hindú nos remonta al siglo XV y a Zheng He, un explorador y embajador chino. Cuenta la tradición que este hombre, que visitó Cochin cinco veces entre 1405 y 1419, les enseñó a pescar desde tierra firme con unas redes que sólo se pueden ver actualmente en este lugar del mundo y que se conocen como las "Redes Chinas".

Se preguntarán qué son. Les diré. Son unas redes de pesca (hasta aquí nada nuevo) que están fijas a un mástil colocado en la orilla del río (he ahí su singularidad). Cuando la marea sube, entre unos 4 a 6 hombres bajan el mástil hacia el río liberando una serie de contrapesos que tienen "en tierra". De esta manera la red se sumerge en las aguas. Minutos más tarde, a base de su propia fuerza y usando los contrapesos (piedras atadas a unas cuerdas, que a su vez están unidas al mástil), entre todos los hombres levantan la red. Hoy en día es mucho trabajo para poca pesca, aunque en el pasado la recompensa a su esfuerzo era mayor.

El espectáculo de ver decenas de redes subir y bajar al amanecer y al atardecer, es algo único.

Al caminar por Fort Kochi no pude evitar sorprenderme al corroborar que un país tan pequeño en territorio como es Holanda, haya tenido y mantenga una influencia en tantos rincones del mundo, básicamente debido a su gran capacidad comercial y a sus grandes hazañas marítimas. Y para muestra, este botón.
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