Comunidad y cultura
Castillo de Chapultepec, testigo de la historia
El Castillo fue la habitación de los presidentes de México hasta que en 1940 Lázaro Cárdenas lo donó para convertirlo en el Museo Nacional de Historia. Foto: Antonio Zamora / El Sol de México

Organización Editorial Mexicana
5 de febrero de 2008

Carlos Aviña

Ciudad de México.- Como eterno testigo del devenir de México, se yergue en lo alto del Cerro de Chapultepec el castillo, sitio crucial para la historia de nuestro país, ya que entre sus paredes y jardines ha visto pasar lo mismo ejércitos, presidentes y emperadores, que valientes que han ofrendado sus vidas por la patria y han dejado huella imborrable en la memoria nacional.

Abajo, rodeado por hermosos jardines y centenarios ahuehuetes (hayas) que se cuentan entre los árboles más longevos del mundo, tiene como vigía que lo escolta, la Casa de los Espejos, donde el visitante entra y puede verse en varios espejos que reflejan imágenes distintas de las personas. En unos se verá más alto, en otros más bajo de estatura, muy gordo o con un rostro enorme... En todos los casos, se sabe que los espejos reflejan imágenes deformadas, que con frecuencia provocan que la gente se ría de sí misma.

Pero al regresar al alcázar de Chapultepec se puede conocer que desde tiempos precolombinos existían en ese bosque algunos santuarios y era el sitio de descanso de los emperadores de los aztecas, pueblo para el que este sitio tenía además una importancia mágica, pues consideraban que había dos entradas al inframundo: una en la ahora ciudad de Mitla, Oaxaca, y otra en una caverna del Cerro de Chapulín o Chapultepec, que actualmente se halla un poco escondida, pero es posible observarla en el costado sureste del cerro.

En 1780 el virrey Matías Gálvez inició la construcción de una residencia en la cumbre del cerro de Chapultepec, a 2 mil 325 metros sobre el nivel del mar. Fue construido como casa de verano para el virrey y luego se le dieron otros usos, desde almacén de pólvora hasta academia militar en 1841. Posteriormente se convertiría en Colegio Militar. Durante la invasión estadunidense del 13 de septiembre de 1847 fue uno de los últimos baluartes que resistieron en la Ciudad de México.

Posteriormente, en la década de 1860, el emperador Maximiliano de Habsburgo fijó en él su residencia, cautivado por la hermosa vista del Valle de México desde el lugar. Embelleció el castillo con la adición de jardines y una sofisticada decoración interior, y lo comunicó con el ahora Centro Histórico mediante la construcción de un boulevard al estilo de los de París, conocido ahora como Paseo de la Reforma.

Así, en época del emperador Maximiliano, tras las adecuaciones pertinentes fue convertido en la residencia oficial del Segundo Imperio Mexicano. Posteriormente, en tiempos de Lázaro Cárdenas, fue convertido en Museo Nacional de Historia y el parque fue abierto para el deleite de los habitantes de la urbe.

Durante la guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848), el ejército estadunidense bombardeó el castillo desde el 12 hasta el 14 de septiembre de 1847, e izó su bandera en sus murallas. Se convirtió en el ara donde cayeron niños y surgieron héroes para la eternidad.

El castillo fue hogar de los presidentes de México hasta 1940, cuando Lázaro Cárdenas lo donó a la nación para convertirlo en el Museo Nacional de Historia, que también permite conocer cómo vivían emperadores y presidentes, y tiene hermosa vista, considerada por muchos como la mejor de toda la Ciudad de México.

El castillo incluía todo lo moderno en esa época, incluso una vieja torre que posteriormente sería sede del primer observatorio astronómico de México.

Con la Reforma, el edificio cayó en el olvido hasta 1884, en que el entonces presidente Porfirio Díaz lo hace nuevamente residencia oficial, con su consecuente remodelación. Se mantuvo como tal hasta los años 30, cuando se decide cambiar la residencia presidencial a un lugar al sur del bosque de Chapultepec, conocido como el Rancho La Hormiga, que sería rebautizado posteriormente como "Los Pinos".

En 1944, finalmente, fue declarado Monumento Histórico, y nació el Museo Nacional de Historia. Sus 19 salas tienen vasto número de artículos que ilustran la historia de México desde la Conquista española, como armaduras medievales, espadas y cañones, entre muchos otros.