Opinión
Corresponsal en Holanda
Ma. Esther Estrada
Por la boca muere el pez

Organización Editorial Mexicana
3 de febrero de 2008

Amsterdam, Holanda.- Dice el refrán que "al país al que fueres, has lo que vieres" y yo lo aplico también a la comida.

Claro que en Holanda hacen tres comidas al día, pero tanto los horarios como el tipo de alimentos es muy diferente a los que se acostumbran en México.

Digamos que el desayuno sí es similar al nuestro: fruta o jugo, cereales, yogurt, leche o café y pan dulce. Pero por ejemplo, no comen huevos a esa hora ni por equivocación.

A partir de ahí, todo cambia. Para empezar, aquí la comida del mediodía es un trámite por el que hay que pasar rápido para seguir trabajando o para continuar con las actividades de la jornada. Acostumbran tomar su lunch alrededor de la 1:00 de la tarde. Lo más común es encontrar que mucha gente se come un sandwich o una torta, con un vaso de leche o un té. Sí, leyeron bien, grandes ejecutivos, estudiantes, políticos, obreros, campesinos y magnates, todos disfrutan de un buen vaso de leche con su comida. Otra opción es un plato con tres huevos estrellados. Los sirven sobre pan y hacen la delicia de los holandeses, ya sea con jamón, queso, jitomate, o cualquier otra invención del chef. Y si no, una ensalada para la dieta, o una sopa, que normalmente no sirve para mantener la línea. En invierno, la típica es la erwtensoup (se pronuncia ertensup), que es de chícharo con trozos de chorizo y tocino, y tiene que estar lo suficientemente espesa para que la cuchara se sostenga sola en vertical. Después de esta gran fuente de energía, hay fuerzas para todo. La sopa de hongos, la de cebolla, o la de jitomate se encuentran en todos los menús a lo largo del año.

Para ellos la cena es la comida fuerte del día, como a las 6:00 de la tarde, y siempre implica platos calientes. ¿Una sopita otra vez? ¿Y como segundo plato, prefiere mariscos, pescado, pollo o carne? Desde el arenque fresco, pasando por los camarones, anguilas, ostiones o calamares, hasta el bacalao fresco, el salmón o el lenguado y otras variedades de pescado que se encuentran en el Mar del Norte y que no tenemos en México. Obviamente se encuentra pollo fresco o ahumado, pero nunca aderezado con salsas tan sabrosas como nuestro mole o pipián. Tienen magnífica carne de res, pero son unos fanáticos del cerdo. Eso sí, de carnitas, ni hablar, no saben lo que son.

Si un día quieren darse un atracón, nada mejor que un rijsttafel (reistafel) que significa literalmente "mesa de arroz". Este es un conjunto de pequeñas raciones de platillos indonesios a base de carne, aves, pescado y legumbres, que se acompañan con arroz. Originalmente se preparó por primera vez durante la visita de un rey holandés a Indonesia, cuando era colonia de este país. Como el monarca quería saborear todos los platillos locales, se preparó el primer rijsttafel, con "una probadita" de su cocina tradicional.

Otro platillo de origen oriental que se ha colado a su cocina es el saté, que es una brocheta de pollo o cerdo con una salsa de cacahuate, también muy recurrido en los menús de comida o cena.

¿Un postre típico? Pay o pastel de manzana. La pregunta típica es: ¿con crema batida? Con ella o sin ella, es una delicia que se encuentra en todos los cafés y restaurantes del país. ¿Y qué tal unas stroopwafles para acompañar el café? Son unas galletas que parecen wafles pequeños, bastante planos, rellenos de jarabe de maple. Para Navidad tienen también mazapanes, galletas y pan de jengibre y especias, o pasteles de almendras. Eso sí, de gelatinas, nada.

¿Les he dicho que aquí son especialistas en panes? Los hay de todos sabores, colores, granos, formas y consistencias. Para quien disfrute con ellos, puede pensar que llegó al cielo, pero entre las variedades de pan dulce no espere encontrar ni conchas, ni chilindrinas ni cocoles.

¿Y las papas? Ese tubérculo que llegó de América hace más de 500 años, ha arraigado en la tradición culinaria europea, la holandesa incluida. Aquí sirven fritjes, es decir, papas a la francesa, como guarnición para todos los platos, desde en una fonda hasta en el mejor de los restaurantes. Y el gusto popular, es comerlas con mayonesa. Pero no sólo son acompañamiento. Hay muchos platos típicos que utilizan las papas: el stampot, que es básicamente un puré de papas y alguna verdura, servido con carne cocida y que se come sobretodo en invierno, o un platillo a base de chucrut con papas y una salchicha, al que llaman zuurkool.

¿Podían imaginar que aquí se comen frijoles? Para mi sorpresa, eso si es algo que no extraño de nuestra comida, porque los bruinebonen (braunebonen) son parte de su alimentación. ¿Y chiles? En los mercados holandeses se encuentran unas variedades parecidas a nuestros chiles serranos, verdes y rojos. A falta de chipotles, de árbol o habaneros, algo es algo.

¿Alguna vez se les ha ocurrido que pueden comer a base de algo parecido a un hotcake grande? Pues aquí sí. Le llaman pannekoeken (panecuquen) y es un plato que disfrutan chicos y grandes. No es tan grueso como un hotcake, ni tan delgado como una crepa, y se sirve con acompañamientos dulces o salados, es decir, de postre o de plato fuerte.

¿Qué tal unas croquetas o unas bitterbalen? Las primeras forman parte del típico menú de comida, y las segundas, que son de consistencia similar a las croquetas, pero más pequeñas y redondas, son el acompañamiento ideal de una cerveza o una copa de vino.

¿Y qué decir de los quesos? Hay algunos tan famosos que se les conoce en cualquier parte del mundo por sus nombres, como el Gouda o el Edam, pero no son los únicos. Los hay frescos y maduros, con "hoyos" y sin ellos, con comino, con pimienta, con, con, con lo que la imaginación abarque. Eso sí, ninguna opción parecida a nuestros quesos oaxaca o panela.

Hablando de bebidas, aquí les encanta la cerveza. Tienen muchas marcas, Heineken y Grolsch las más famosas, además de muchas fábricas regionales o locales en todo el país. Por otro lado, cada vez se pide más vino para acompañar la comida o para tomar en una reunión con amigos. Como buenos comerciantes que son, aquí se encuentran vinos de todo el mundo a precios bastante razonables. ¿Qué prefiere: un vino de Chile, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Italia, España o Bulgaria? Seguro lo encuentra.

Su jenever (lleniver) es una ginebra hecha en Holanda, que sería su equivalente a nuestro tequila: una bebida con denominación de origen, de alta graduación alcohólica y que se sirve en pequeñas cantidades, en una copa pequeña parecida a un caballito. La hay joven y añeja, y hasta hace muy poco tiempo, se consumía abundantemente por acá, ahora un poco menos.

Para bebidas no alcohólicas, podemos hablar sobre todo de café y de té. Importan granos de todos los rincones del mundo y aquí los tuestan, produciendo los mejores cafés que he probado. Y no se diga de la variedad de tés e infusiones. Son grandes consumidores de jugos de frutas, especialmente de manzana, y menos afectos que nosotros a los refrescos.

¿Y para calentarse en los días de invierno? Nada mejor que un chocolate caliente, o un vino tinto caliente, su famoso glühwein.

Y para niños y grandes, un dulce muy consumido, es un caramelo de regaliz, al que llaman dropje (droplle). Le pueden agregar otros sabores, como coco, miel o menta. Se venden en cientos de presentaciones y en todos lados, tal es el gusto que tienen los holandeses por este dulce.

El turismo gastronómico es otra manera de conocer un país, de comprender mejor su cultura y a su gente. Sus alimentos nos dicen tanto de las personas, como las grandes obras de arte. Después de este recorrido por la cocina holandesa, sólo me queda decir: ¡Buen provecho!
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