Opinión
Horizonte económico
El oligopolio domina la economía mexicana

El Sol de México
9 de enero de 2008

Juan Pablo Arroyo Ortiz

El año que inicia tiene en la agenda económica muchos asuntos de la mayor relevancia. Las reformas que se proponen impulsar los legisladores de Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, serán pasos que consolidarán un modelo de economía que deja a las grandes empresas y al capital financiero en dominio absoluto de la forma en la que se impulsa el desarrollo socioeconómico de México. El monopolio existe cuando en el mercado participa sólo un productor o proveedor de un bien o servicio, el oligopolio es cuando más de uno, pero sólo unos cuantos participan de tal manera que pueden llegar a acuerdos sobre cantidades de abasto, precios y puntos de venta. En la economía mexicana se ha fortalecido esta forma de mercado. Realmente se tienen en el mercado mexicano muy pocos productos o servicios en los que exista libre concurrencia, la mayor proporción de bienes que se mueven en el Producto Interno Nacional son controlados por muy pocas marcas o proveedores, eso marca ciertos límites a las posibilidades de desarrollo de la economía y propicia mecanismos concentradores de riqueza. Tenemos un mercado inmaduro en todos sentidos, tanto en la producción como en la distribución. Un mercado con muchas barreras y limitaciones que exigen de la regulación social, no de los intereses monopólicos.

Las fallas del mercado serán atribuidas (como hasta ahora se ha hecho) a la indebida aplicación del modelo por parte del Gobierno, apreciación absoluta que olvida las estructuras oligopólicas que han sido propiciadas por la ausencia de una autoridad que cuide los intereses de la sociedad, me refiero a la población que habitamos el territorio de la República Mexicana. El Gobierno se ha destacado por defender a toda costa los intereses de ciertas empresas y grupos empresariales, propiciando el desarrollo de un mercado dominado por la falta de libertad en la concurrencia. En especial ha privilegiado la ingerencia de la inversión extranjera y la de ciertos grupos que se apropiaron de lo que antes era el monopolio estatal y lo convirtieron en empresas extraordinariamente concentradoras. Entre ellas dominan y manejan el mercado a su gusto.

Los ejemplos son sobresalientes, en las comunicaciones con Telmex, que domina la forma de acceso de cualquier llamada a los usuarios con la apropiación de un bien social que eran los cables que le permitirían al consumidor el acceso desde su casa la selección de otra compañía. Hasta ahora se debate que otro cable pueda hacer entrar llamadas de teléfono a los hogares y negocios, pero aún así, serán sólo dos proveedores y fácilmente determinarán los precios.

Con la reciente venta de Aeroméxico, nos dimos cuenta que los compradores están ligados a un grupo financiero, que ya compró con ventaja uno de los dos bancos más importantes de México, City Bank - BANAMEX. ¿Tendrán intereses a través del control financiero en otras líneas aéreas norteamericanas? Pronto lo sabremos. El caso es que son dos las empresas que dominan el mercado y aunque se incorporen otros tres o cuatro más, los precios se determinarán no por los costos y la eficacia del servicio, ellos determinan los precios cuando son monopolio en algunas ciudades y determinan en general el nivel de precios.

El caso de algunas bebidas y productos alimenticios como la cerveza, el pan de caja, jugos enlatados, donde existen cuando mucho dos empresas que dominan el mercado, con ventajas contra productores regionales.

La industria de la construcción es otro ejemplo de oligopolio por excelencia, el cemento, el hierro y el acero, la distribución de materiales, está en manos de unos cuantos.

Los pequeños y medianos empresarios pueden subsistir siempre que se encuentren en la cadena de producción que domina alguna de las grandes empresas monopólicas o si no desaparecen.

En los medios de comunicación existen dos grandes grupos que controlan la televisión en todas sus modalidades. En el radio no más de cuatro son los principales emisores en todo el país, en esta actividad quedan algunos espacios para las estaciones públicas o universitarias, muy limitados en potencia y recursos creativos. El caso de la exclusión de Carmen Aristegui, de cadena W es la evidencia del dominio del interés de una empresa sobre el del consumidor. Simplemente el oligopolio privilegia el interés de la empresa y no el del usuario.

En los transportes se ha sobrepuesto el interés de las grandes empresas a los del público consumidor. Las líneas aéreas, los ferrocarriles, los grupos de camioneros están dominados por acuerdos que llegan incluso al dominio de la política fiscal, de tal manera que son grupos que no pagan impuestos, por privilegios que tienen por su condición de operar en un mercado en oligopolio.

En las discusiones de las próximas reformas son muy pocos los legisladores que defenderán el interés del consumidor y de la población que los llevó al Congreso, le darán prioridad al interés del inversionista no del consumidor. Si esto último no ocurriera estaríamos en otra situación, México sería realmente un país democrático.

jparroyo@servidor.unam.mx

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