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Opinión
![]() Lo público y lo social
José Narro Robles
México, presente y futuro
Organización Editorial Mexicana
7 de mayo de 2007
En algunas oportunidades me he referido en este espacio al pasado portentoso de nuestro país. He afirmado, y ahora lo reitero, que hay múltiples motivos para sentirnos orgullosos de la historia y de muchos de quienes la han escrito. También he comentado sobre las fortalezas y potencialidades que caracterizan a México hoy en día. En esta ocasión me voy a referir a algunas de las condiciones en las que se tiene que hacer un esfuerzo para mejorar, sí como sociedad queremos destacar en el concierto mundial, en la centuria que vivimos. Para empezar, debo llamar la atención del muy apreciado lector, a un hecho preocupante: México ha perdido gas en la lucha de la superación. Esto no obedece a una percepción. Por desgracia los datos así lo muestran. Cuando nos comparamos con otras naciones, en la mayoría de los indicadores nos ubicamos en la tabla media e incluso en algunos en la parte baja de la misma. Tres indicadores me sirven para ilustrar el punto. En educación superior, las tasas de cobertura de Argentina, Panamá y Chile, son del doble que la nuestra. Lo anterior es malo, pero hay todavía peores noticias: en la región nos superan fácilmente países como Costa Rica, Venezuela, Uruguay, Cuba o la República Dominicana. Lo mismo pasa en materia de salud. Al revisar por ejemplo las tasas de mortalidad infantil, resulta que tenemos tres veces la de Cuba o el doble de la de Chile o Costa Rica. El patrón se repite en desarrollo humano y en muchos otros campos de la vida colectiva. Por supuesto esto no era así hace apenas algunos lustros.
Hay que decirlo con toda claridad, en estos campos y en muchos otros avanzamos, pero lo hacemos a un ritmo muy lento; sin la calidad requerida; con dispendios e ineficiencias; con esfuerzos contradictorios; sin una política de Estado; en medio de conflictos políticos absurdos; regateando los apoyos financieros que se requieren; con reformas parciales e insuficientes. Por ello es claro: en el concierto de las naciones y en nuestra región, nos estamos rezagando. La salud y la educación son condiciones indispensables para que un individuo o una colectividad aspiren a alcanzar un futuro mejor, más próspero. Sin niveles adecuados de las mismas, se dificulta el verdadero ejercicio de la libertad, se acentúa la dependencia y se disminuyen las posibilidades de vivir en democracia. Por lo que se refiere a los individuos, es más fácil que una persona con niveles adecuados desarrolle sus potencialidades, tenga un mejor empleo y viva una vida de más calidad, a que lo consiga alguien con salud y educación deficientes. Por todo esto, se puede sostener que de no mejorar sustancialmente en eso sectores, no será posible alcanzar el nivel de desarrollo que nuestra sociedad merece. Por el contrario, el futuro se tornará sombrío. De hecho, es probable que esto ocasione que muchas de nuestras desigualdades se profundicen. La vida en la sociedad contemporánea y la que se anticipa en el futuro próximo, demandan principalmente de poblaciones sanas y educadas y no sólo de tecnología o de recursos financieros. Además, la salud es hoy un imperativo ético, una condición para aspirar a la superación. En la sociedad del saber se tiene que dominar el conocimiento. Para participar de las ventajas de la globalidad de la ciencia y la cultura, se requiere educación. Para tener mayor productividad y ser más competitivos, se necesita educación. Por ello, alcanzar nuestros objetivos requiere de una política de Estado en estos campos, del concurso de los poderes públicos y las organizaciones de la sociedad. Se debe otorgar, en el discurso y en el presupuesto, la más alta prioridad a la salud, la educación, la ciencia y la cultura. No se deben regatear recursos ni escatimar apoyo político para traducir el dicho a la realidad. Es indispensable considerarlas como un bien social, como derechos exigibles, como compromisos con las próximas generaciones. Debemos terminar con el estigma de ser una nación con seis millones de analfabetas y con miles de niños que fallecen por asfixia al momento de nacer. Todo lo que atente o debilite el compromiso, debe combatirse con energía. Las políticas de privatización de los servicios o de debilitamiento de nuestras instituciones públicas, tienen que ser rechazadas con contundencia. Todavía estamos a tiempo de alcanzar el tren del desarrollo. Aún podemos estar junto a las sociedades que tienen una cita con el futuro. Todavía tenemos una oportunidad. Aprovechémosla para no tener que lamentar no haber cumplido con una responsabilidad histórica. VENTANA A LA UNIVERSIDAD La UNAM ha hecho aportaciones valiosas al cine mexicano. A esa historia se incorpora Párpados Azules, coproducción del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, de la autoría de Ernesto Contreras, formado en dicho centro, que ha sido seleccionada para representar a México en el prestigiado Festival Internacional de Cine de Cannes, Francia. *Profesor de la UNAM. narro@servidor.unam.mx Columnas anteriores
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