Opinión / Columna
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René Arce Islas
El reto de la clase política mexicana
El Sol de México
9 de octubre de 2011
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Año con año se repite la misma historia, el pretexto es la Glosa del Informe del Ejecutivo Federal, pero la situación es la de siempre: diversos actores políticos se posicionan del papel que les toca desempeñar, ya sea como defensores del Gobierno en turno o como opositores queriendo demostrar la incapacidad e ineficiencia del mismo.
Este comportamiento habla del pequeño espacio de nuestras ideas, de que todo es medido por el interés electoral. La visión es tan corta que se piensa que demostrar un buen Gobierno servirá para que los electores den su beneplácito y su voto, mientras que la oposición cree que probar la ineficiencia y la incapacidad del Gobierno, ayudará a que la población oriente su voto en contrario al proyecto político que gobierna. Esa posición de la clase política es lo que ha hecho tanto daño en nuestro México.
El principal problema está, quizá, en los modelos seguidos a lo largo de los últimos dos siglos. ¿Son modelos que han servido al desarrollo y crecimiento? ¿Fue el modelo estatista el que permitió realmente disminuir la desigualdad social? ¿Fue el asistencialismo y el populismo lo que resolvió el problema de esta población? ¿Generaron las políticas asistencialistas y populistas, crecimiento y desarrollo verdadero? ¿O fue el modelo del mercado neoliberal (donde se propuso hacer a un lado al Estado, por su corrupción e ineficiencia, y dejar a los empresarios el camino abierto para hacerse cargo de la economía), lo que resolvió el problema?
Hoy ya podemos hacer un balance de esos modelos. Las preguntas son: ¿qué debemos hacer desde el Poder Legislativo, donde tenemos la responsabilidad de plantearnos nuevos paradigmas? y, ¿por qué no lo hacemos? Porque hay falta de incentivos y ante ello la clase política prefiere refugiarse en lo que tiene y cuidarlo como su patrimonio, pero se nos olvida que nuestra obligación es atender a la población que exige respuestas, eficiencia y capacidades.
La clase política tiene que reinventarse, pensar en alternativas posibles y viables en política, economía y en la parte social. Tenemos que dejar de repetir el montaje de cada año, repensarnos y asumir nuestra responsabilidad con los ciudadanos y el país. No se trata de desaparecer al mercado, se trata de democratizarlo y de darle inclusión social. No se trata de desaparecer al Estado, se busca fortalecerlo, hacerlo robusto, hacerlo regulador; sin embargo para lograrlo se necesitan acuerdos, es indispensable concretar las grandes reformas que requiere este país.
Son impostergables la reforma hacendaria, política, laboral, la educativa y la energética; ya basta de misceláneas, de intentos fallidos para lograr reformas integrales por falta de acuerdos, ya basta de privilegiar los intereses de unos cuantos en detrimento de los de la población en general.
Se trata de ponernos de acuerdo en lo político, de dejar de pensar en el corto plazo, de dejar de creer que hasta que cierto grupo político sea Gobierno cambiarán las cosas. En el Senado de la República hay una propuesta con relación al Gobierno de coalición, es una propuesta discutible, pero es lo que puede ayudar a cambiar las cosas.
En 1909 Molina Enríquez escribió su libro y decía: "si no nos sabemos el problema del agua, de la tierra, del crédito y de la población, en este país puede venir una revolución", y unos años después llegó la revolución. Hoy yo diría: si en este país no resolvemos los problemas podrá venir un gran estallido social en muy poco tiempo, tenemos que resolver los problemas ya.
La clase política tiene que repensarse, intentémoslo, no nos vayamos sobre la base de que los problemas se resolverán de un día para otro. Hoy podemos hacer el cambio, tenemos la capacidad y suficiente experiencia para lograr generar los acuerdos, pongamos manos a la obra desde ahora.
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