Opinión / Columna
 
Hermilo Lopez-Bassols 
Madero: la conspiración de la Embajada (IV)
El Sol de México
5 de noviembre de 2010

  Sin lugar a dudas, la pesadilla del régimen maderista desde sus inicios hasta su trágico final, fue el embajador de Estados Unidos. Henry Lane Wilson, no era un diplomático de carrera, si bien había adquirido alguna experiencia en Chile y Bélgica. Tenía contactos en altas esferas políticas de su país y estaba asociado con la industria minera y ferrocarrilera. En la Ciudad de México, el embajador Lane Wilson mantenía contactos con un grupo de hombres de negocios y abogados y, desde el inicio del gobierno de Madero, fue notoria su animadversión hacia el presidente, al que catalogaba como "un cerebro desorganizado".

¿Cuáles serían los motivos de la conducta mordaz e ingerentista del representante yanqui hacia Madero? Seguramente porque éste se negó a continuar con los sobornos que Díaz había instituido; luego el estrecho vínculo del diplomático con el grupo Guggenheim, el cual tenía gran influencia en el gobierno de Taft. En realidad, las disposiciones "antiestadunidenses" de Madero fueron minúsculas como el impuesto al petróleo y el despido de los ferrocarriles nacionales a los empleados americanos que no hablaran español. En verdad, Lane Wilson quería que el gobierno mexicano no sentara precedentes que pudieran después generar un cambio de mayores alcances en detrimento de la propiedad norteamericana.

Un diplomático alemán que mantenía buenas relaciones con nuestro gobierno señalaba que las causas de la fractura eran la negativa de Madero de otorgar compensaciones por pérdidas de vida y propiedades sin pasar por una comisión investigadora; el aliento a la inmigración europea y su resistencia a ceder a las presiones norteamericanas. Dice el mismo Hintze que Madero se comprometió con la Standard Oil a entregarle la industria petrolera y el ferrocarril del Istmo a cambio de su apoyo por la Revolución. Es evidente que no fue cierto dado que Madero, en este sentido, era intachable, aunque no su propia familia. También incidieron en los intereses de las compañías norteamericanas, la legalización de los sindicatos y las numerosas huelgas que se desataron en 1911 y 1912. No se puede excluir de este análisis, el enojo norteamericano por la incapacidad de Madero para terminar con el movimiento zapatista.

En respuesta a esta situación, Estados Unidos actuó con el envío de notas de protesta al gobierno mexicano bajo cualquier pretexto; la orden de salida de ciudadanos estadunidenses en México y la entrega de armas a éstos; una campaña de prensa que denostaba a Madero y, finalmente, como lo dice Katz, el respaldo a las intentonas golpistas contra Madero.

En abril de 1912, el Departamento de Estado le exigió a México la protección adecuada de sus ciudadanos, apoyándose en las versiones de Lane Wilson, luego el canciller Lascurain respondió en forma enérgica señalando que México respetaba los principios del derecho internacional y veía infundada la advertencia. Por otra parte, nuestra Cancillería reclamó justamente que esa misma nota se le enviara a Pascual Orozco, quien se había levantado contra el gobierno legítimo.

Mas Estados Unidos, en buena parte por las intrigas de Lane Wilson, movilizó barcos de guerra a puertos mexicanos en junio y octubre de 1912. Cuando se levanta en armas Félix Díaz, a su regreso de Washington, dice tener apoyos del gobierno y la empresa norteamericanos. La intervención llegó a su límite cuando Lane Wilson dijo que su gobierno se opondría al ataque federal contra Veracruz, donde se refugiaba Félix Díaz.

Los hechos se agravaron cuando en septiembre de 1912 se asesinaron a unos ciudadanos estadunidenses, aumentaron los impuestos al petróleo y varias empresas señalaron pérdidas por la inseguridad. El asunto llegó al Departamento de Estado, el que ordenó una investigación y Lascurain mismo viajó a Washington para informar al presidente electo, Woodrow Wilson, de lo que acontecía en el país. Habló también con el presidente Taft, quien se mostró comprensivo. Lane Wilson había magnificado las cosas. El secretario de Estado, Knox, perdió la confianza en su embajador y le dijo a Taft que HLW se inmiscuía en los procesos de México, pero faltó una acción decisiva por parte del presidente saliente.

Los conspiradores Manuel Mondragón, Félix Díaz y Bernardo Reyes, estos últimos desde la cárcel, iniciaron los preparativos con el apoyo de varios oficiales del ejército. Una parte de la guarnición de la capital liberó a Reyes y a Díaz, otros ocuparon Palacio Nacional y tomaron prisionero al hermano de Madero. El general Lauro Villar recuperó Palacio y cuando Reyes cruzaba el Zócalo, cayó muerto con otros rebeldes. Villar fue herido y Madero nombró a Victoriano Huerta. El Chacal y Díaz sostuvieron negociaciones secretas con el fin de derrocar a Madero y Lane Wilson declaró que estaba dispuesto a reconocer a cualquier gobierno que "fuera capaz de restablecer la paz y el orden en lugar del gobierno de Madero, y que recomendaría enérgicamente a su gobierno que reconociera a tal gobierno". Continuará
 
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