Opinión / Columna
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Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Jacqueline Robeschard y el Comifai de Salud Pública
Organización Editorial Mexicana
18 de marzo de 2010
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Janet, quien mejor que Napolitano debería apellidarse "napoleonita", ha sentenciado que la estrategia de México contra el crimen organizado no ha funcionado, abriendo así la puerta a una eventual propuesta de que se adopte el modelo norteamericano de lucha contra el terrorismo y la violencia, tal como se aplica en Irak y Afganistán.
Algunos estudiosos mexicanos coinciden con la secretaria de Seguridad Interior de los Estados Unidos.
Uno de ellos es el investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), José Luis Cisneros, quien aseguró que el Gobierno mexicano no sabe controlar el crimen. Esto merece reflexión. Merece una, merece dos, merece muchas, verdad de Dios.
Para empezar, recordemos que durante mucho tiempo, la violencia en México fue un monopolio del Estado, como los energéticos. Entonces sí los gobiernos eran capaces de controlar el crimen, porque daban el remedio y el trapito.
Y para terminar, no olvidemos que la última guerra en que se vieron involucrados los mexicanos se hizo a caballo. Que de satélites no existía ni el proyecto de ciudad, y que los cohetes más sofisticados eran los que se adquirían en las cantinas. Entonces, la Escuela Superior de Guerra y las becas en el extranjero tienen perfectamente al día a nuestros militares en teoría bélica, pero lo que se aprende en libros y maniobras no puede compararse con lo que se adquiere rompiéndose la matriz.
Por lo que es mi humilde opinión que hay que aprovechar, con todo respeto para las víctimas, el encabronamiento de los primos, porque ahora recibieron en carne propia las balas de los sicarios, y dejarlos que se involucren todo lo que quieran con recursos, tecnología y gente, para acabar con los cárteles. No pelar a quienes se envuelven en la bandera con protagonismos baratos. La soberanía, como la Semana Santa, es una fiesta movible.
w Jacqueline Robeschard y el Comifai de Salud Pública
Jacqueline Peschard se ha tomado muy en serio su herencia gala y, Robespierre rediviva, ha resucitado el Terror convirtiendo el IFAI que preside en Comité de Salud Pública.
Por lo pronto ha rebautizado el número 151 de la avenida México en Coyoacán como " Place de la Grève" y está montando una guillotina con todos los adelantos (ejecuciones trasmitidas por internet, corte de cabeza con rayo láser, traslado de los cuerpos en carrousel, etc.) para quienes no suelten la sopa.
Su última hazaña ha sido ordenar a la Secretaría de Economía a que, en un plazo no mayor de diez días hábiles, de a conocer nombres y cargos de los funcionarios que autorizaron o consintieron la instalación de un altar a la Virgen de Guadalupe en las oficinas de esa dependencia.
Pues bien, que manden la carreta por este humilde servidor. Declamaré versos en el patíbulo, como André Chénier, o como Dantón, pediré al verdugo que muestre mi cabeza al pueblo, lo que ocurra primero. Debo aclarar que yo no instalé el retablo en cuestión, pero soy autor intelectual de este atentado contra la separación entre iglesia y Estado que consagra nuestra Constitución, y justo cuando el Congreso decidió añadirle "laica" a la República, en el artículo 40 de la Constitución.
Resulta que hace algunos días escribí en este mismo espacio que lo que sucediera con la economía mexicana estaba en manos "de la morenita del Tepeyac y del morenito del Potomac". Seguramente algunas almas sencillas tomaron al pie de la letra mi alegoría, y decidieron asegurarse la buena voluntad de la Patrona de México construyéndole un sagrario.
(Lamentablemente, la licenciada Peschard necesitará otro ucase: me informan desde la SE, que han encargado a Lima una imagen de San Martín de Porres. Sustituyéndole la escoba por un bat de beisbol, y el hábito por unos pants, hará las veces de "morenito del Potomac" en la capilla de Alfonso Reyes).
juegodepalabras1@yahoo.com
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