Opinión / Columna
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Gerardo Sosa Castelán
¡A temblar!
Organización Editorial Mexicana
7 de marzo de 2010
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Este 2010 inició con dos catástrofes que sacudieron sendas naciones hermanas. Haití y Chile, en el breve lapso de un mes, fueron sacudidas por violentos terremotos que devastaron amplias regiones de cada uno de sus territorios, lo que, por supuesto, concitó la solidaridad de todos los pueblos ante la pérdida de preciosas vidas humanas, y de prácticamente toda la infraestructura.
Pero el sismo que afectó al país sudamericano, no obstante fue de mayor proporción (500 a uno, dicen los expertos) que el suscitado en la isla del Caribe, provocó relativamente menos daños en tierras andinas.
No es casual. Chile ha sufrido grandes terremotos a lo largo de su historia. El mayor de ellos se registró a inicios de la década de los 60 del siglo anterior. Eso los orilló a ser más estrictos en las medidas antisísmicas de prácticamente todas sus edificaciones y, sobre todo, a crear una cultura de la prevención que es verdaderamente envidiable.
Y eso hace pensar a muchos si, en México, luego del gran temblor de 1985, ¿también existe la preparación para hacer frente a una contingencia de tal envergadura?
A este respecto, Javier Rodríguez, experto en asuntos de seguridad nacional, recién ha escrito que, en el caso de la nación mexicana, "la prevención pende de alfileres. Mientras que la amenaza de un sismo es latente, las partidas para la protección civil han sido castigadas, nadie vigila la calidad de las construcciones y bajo reserva se encuentra el Atlas de Riesgo".
También apuntó que "los movimientos telúricos en Chile y Haití han generado efectos colaterales en México, que dan cuenta de una circunstancia luminosa y, al mismo tiempo, horrorosa: que la sociedad alimenta una cultura para contrarrestar el impacto de una eventual emergencia, al tiempo que las autoridades se dejan llevar por la confrontación y los intereses políticos que podrían recapitular la tragedia que hace 25 años dejó al Distrito Federal en ruinas...".
Preocupan los señalamientos de Javier Rodríguez, de sobremanera aquéllos que informan de la reducción de las partidas presupuestales de la administración para atender a la población civil en casos de emergencia, provocados por fenómenos naturales.
Ha sido localmente como, luego de los dos macrosismos de este 2010, ha empezado a recrearse la cultura de la prevención. El gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, fue el primero -a principios de la semana que ayer concluyó- en instruir a sus colaboradores no sólo a actualizar el atlas de riesgo de su entidad, sino incluso a trabajar desde ya en medidas de prevención ante la posibilidad de sismos y de tsunamis.
En ese mismo tenor, el jefe de Gobierno de la capital nacional, Marcelo Ebrard, también giró instrucciones a su equipo de colaboradores para que, dentro del Programa de Protección Civil, se aboquen a redoblar, profundizar, ampliar y hacer el máximo esfuerzo en entrenamiento, preparación, comunicación y disposición para actuar como lo esperaría la sociedad para proteger vidas, organizar la reacción y restablecer la normalidad ante una eventualidad sísmica.
Falta que muchas otras entidades de la República y, por supuesto, la Federación misma den a conocer lo qué al respecto hacen o, cuando menos, preparan al respecto.
Y es que, debido a lo dicho por el investigador Javier Rodríguez, en el sentido del recorte a los presupuestos de prevención y, peor aún, el que no haya quien vigile la calidad de las construcciones, es como para poner a temblar a todos los mexicanos, ¿no cree usted?
E mail: gerardososa_cas@yahoo.com.mx
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