Opinión / Columna
 
De cara al Sol 
Andrea Cataño Michelena 
¡Ahí viene Cocos!
El Sol de México
5 de marzo de 2010

  Si estuviera aquí mi nana Margarita andaría cual coéfora gritando "¡Arrepiéntanse, pecadores que el mundo se va a acabar!" Esta buena mujer temerosa de Dios, vivía siempre en la víspera del Juicio Final. Yo temía por su vida desde mi tierna edad no por sus negros augurios, sino porque estaba segura de que cualquier día la nana iba a amanecer tiesa, ahorcada por las cintas de los cinco escapularios que traía colgados al cuello junto con tremenda cadena "di oro" de la que pendía otra áurea medalla de la Virgen de Guadalupe tamaño plato sopero. Me contaba mi padre que durante el sismo del 57, cuando se cayó el Ángel de la Independencia, él, luego de cargarme y dejarme en el jardín, regresó y tuvo que sacar a rastras a Margarita que estaba hincada frente al Cristo del cuarto de mis padres rezando la Magnífica (Glorifica mi alma el señor y mi espíritu se llena de gozo....), una piadosa e inútil costumbre que le heredó a mi mamá. ¡Esa era fe!

Este año se cumplen 25 años del gran terremoto del 85. No estaba en México cuando ocurrió y supongo que es una de las razones por las que no entro en pánico con los temblores. Regresé a los quince días cuando el olor a muerte todavía impregnaba las calles. En ese sismo murieron conocidos y amigos, dos maestros de mis hijos, toda la familia del novio de una amiga... realmente no sabremos nunca el número exacto de víctimas, superior seguramente por mucho a las cifras oficiales. En medio de todo el dolor y las pérdidas, el temblor del 85 dejó muchas lecciones, entre ellas la solidaridad de los mexicanos y su capacidad para organizarse cuando las autoridades brillaban por su ausencia. El presidente De la Madrid andaba entre las ruinas con la misma expresión con la que asistía a las inauguraciones. Y salió creo que a los tres días a dar la cara... Esto nos habla de lo absolutamente impreparados que nos tomó este trágico meneo de la madre tierra.

A partir de entonces nació la cultura de la Protección Civil, los primeros años, cuando la pesadilla estaba fresca, tenía muchos adeptos, pero como somos de memoria traicionera, al paso de los años, a la gente se le olvida y toma con menos seriedad la capacitación y los simulacros que se llevan a cabo en las instituciones públicas y en algunas -muy pocas- de las privadas. Yo, por ejemplo, formo parte de la brigada de Protección Civil del Instituto Nacional de Perinatología, donde la seguridad se toma muy en serio y hay una gran participación de todos los trabajadores en los simulacros y capacitaciones periódicas que organiza el Instituto. Estamos preparados para saber qué hacer y evacuar los edificios en unos cuantos minutos. Ojalá fuera así en todas partes. Ojalá estuviéramos convencidos sinceramente de que saber lo que debemos hacer puede salvarnos la vida también en nuestra casa.

El sismo de Haití, el que acaba de sacudir a Chile y otro más que ocurrió hace un par de días en Taiwán con una intensidad de 6.4 grados en la escala de Richter y que dejó heridos y cuantiosas pérdidas materiales, deben tomarse como un atento aviso de la madre Tierra para que nos preparemos en México, porque ya lo han dicho los expertos de la UNAM, de que va a temblar, va a temblar, y de que el sismo será de magnitud considerable no hay duda, el problema es que no sabemos cuándo va a pasar. Hay todavía tiempo para alistarnos por si nos sorprende en el trabajo o en casa, porque donde el sismo nos pille en los segundos pisos o el distribuidor vial de San Antonio, ahí sí, hagan lo que mi nana Margarita, recen la Magnífica (ofrezco mandar dicha oración por correo electrónico a quien me la solicite, me hicieron aprendérmela de memoria so pena de no ver el Teatro Fantástico), porque la herencia de las administraciones perredistas en la construcción de estas obras viales está del terror. ¿Cuántos grados Richter resistirán esas obras? Y la respuesta es que nadie lo sabe, porque esa información ha sido negada reiteradamente lo mismo que la calidad y el costo de los materiales. Y aquí el problema reside en que si sucede una desgracia como en Haití o en Chile ninguna declaración o investigación les regresará la vida a las víctimas, aunque se supone que fueron construidos con materiales antisísmicos.

Cuando el inefable señor López era jefe de Gobierno del Distrito Federal (GDF), el ingeniero Sergio Alcocer, entonces director del Instituto de Ingeniería de la UNAM negó que, tal como aseguraba López Obrador, esa dependencia avalara la calidad de la obra; el director afirmó que el Instituto solamente había participado como asesor del proyecto estructural. Así que ya veremos a la hora de la verdad si estas obras pasan o no "la prueba del añejo". ¡Qué miedo!

Y otra cosa que pone a temblar es ver la falta de liderazgo de nuestras actuales figuras políticas. ¿Habrase visto personaje más patético que César Nava? Pero si volteamos al gabinete, la historia se repite: hombres inexpertos, de muy medianas luces, escasa cultura, tan jóvenes en su mayoría que así fueran brillantes, sus pocos años no les alcanzan para contar con lo que el oficio enseña solamente a través de la experiencia. En esa grisura lamentable estamos desde que la alternancia nos alcanzó y por eso el país está en una crisis política peor que la económica. En otros tiempos, un dirigente partidista no hubiera podido sostenerse en el puesto con la mitad de lo que ha hecho el señor Nava. Pero el Presidente lo apoya y lo sostiene, lo que está todavía peor. Mientras todos estamos inquietos porque hay viene la Placa de Cocos a darnos una meneadita.

andreacatano@gmail.com
 
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