Opinión / Columna
 
De cara al Sol 
Andrea Cataño Michelena 
Cumbre de Maltrata
El Sol de México
26 de febrero de 2010

  Hace algunos años previos a la globalización y a las crisis económicas sistemáticas, se organizaban congresos internacionales muy diversos entre los que destacaban, por su profusión, los de la poesía. Supongo que hace treinta años, los seres humanos ajenos al buró de crédito y a los secuestros exprés, se solazaban en la poesía, cada quien a su modo y particular estilo. Así, recuerdo que mi madre constantemente recibía invitaciones para participar en el Congreso Centroamericano de Poesía Femenina, o en el de Voces Poéticas de Mujeres en Latinoamérica y otros por el estilo. Si hubiera aceptado todas estas invitaciones, la Miche hubiera tenido que dejar de trabajar y yo, en lugar de estudiar idiomas, me hubiera dedicado a cantar en los camiones. De regreso de uno de estos congresos que tuvo lugar en Tegucigalpa, (según describía mi madre, un pueblote igualito a Puente de Vigas, pero sin carnitas), escribió un divertidísimo ensayo que intituló "La poetisa latinoamericana como amenaza continental". El texto descacharrante decía que las damas aficionadas a la pluma romántica, sobre todo las de Centroamérica, se "producían" en esas reuniones con tambaches de carísimas "plaquettes" (para los que nunca hayan visto estas ediciones, son cuadernillos de menos de cien páginas y que son de esas cosas que el internet se llevó), encuadernadas de las maneras más ostentosas y "kitsch", con papeles hechos a mano llenos de versos más cursis que un bitoque dorado. Casi todas las poetisas acudían puntuales a las ocho de la mañana ataviadas con vestidos de cóctel recamados de lentejuelas y chaquiritas, zapatos de raso bordado de seda y maquilladas por Sherwin Williams. Estas líricas doñas de entallados modelitos de noche se posesionaban del micrófono y declamaban sin piedad durante horas sus pésimas décimas, capaces de levantar los instintos asesinos del mismísimo santo Job.

Prácticamente ya no hay congresos de poesía, en cambio ahora tenemos Cumbres latinoamericanas donde personajes sin la gracia y el candor de las poetisas de antaño hacen exactamente lo mismo pero con asuntos menos inocentes que la métrica y la lírica. Así, tenemos que los mandatarios como Daniel Ortega de Nicaragua, Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador y, el campeón de la payasada, el inefable, Hugo Chávez, han venido a sustituir a las decoradas recitadoras de aquel delicioso ensayo de Margarita Michelena, que si viviera podría escribir hoy otro similar y titularlo "Los mandatarios latinoamericanos neocomunistas como amenaza continental". Las Cumbres son reuniones que cuestan fortunas y que nunca tienen resultados que se traduzcan en beneficios positivos y tangibles para ninguno de los mortales que habitan en esos países.

Siempre es lo mismo... no hay cambio en la retórica oficial y esta ocasión no fue distinta. Calderón en su discurso inaugural dijo: "Es hora de concretar la unidad de latinoamericanos y caribeños, es el momento de traducir en algo concreto lo que es la vocación natural de nuestros pueblos y aspiración natural desde el origen mismo de nuestras naciones independientes". ¿Unirse? ¿Cómo para qué? ¿Será realmente conveniente para todos esta unión? ¿O qué ganaríamos haciendo equipo con Bolivia, con Venezuela, con Haití o con Antigua? Y queriendo retomar el discurso de la diplomacia mexicana de otros tiempos, cuando México se distinguía por el respeto a la libre determinación de los pueblos, el presidente Calderón habló de que en este caso la unión no tiene que ver con la ideología. No es así. La lucha actual de Latinoamérica pretende un viraje hacia la versión tropicalizada del comunismo ortodoxo que se niega a desaparecer y que Marx nunca pensó para los países subdesarrollados, un viraje que encabeza ese fantoche megalómano de Hugo Chávez agarrándose del pobre de Simón Bolívar sin que pueda resucitar para protestar por esa inicua y mal intencionada explotación.

Nada más ajeno a la democracia que la dictadura y ahí lo tenemos: Chávez en primer lugar y queriendo emularlo, Evo Morales y Rafael Correa... más lo que se acumulen. No creo que a México le convenga para nada la unión con Venezuela que no respeta la propiedad privada y que sin decir agua va, expropia lo que se le da la gana, sean fábricas o estaciones de televisión. ¿Sería concebible que algo así pasara en México? ¿Cómo vamos a ligarnos con un país como Cuba donde se apresa y fusila a los que no están de acuerdo con el régimen?

Las Cumbres son el escenario preferido de Chávez, el gran bufón que llega cantando -seamos caritativos con sus aptitudes vocales- y luego aprovecha cualquier situación para subirse al "ring" a lanzar improperios. Así se hizo de palabras con el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, un señor muy propio y educado que estuvo a punto de perder el pedigree por las provocaciones del mico venezolano. Por eso digo que esta fue la Cumbre de Maltrata, donde Chávez, como de costumbre, hizo de las suyas vejando a su "enemigo" y acusándolo de que lo quiso matar (como en efecto quisiéramos millones de personas en su país y en toda Latinoamérica).

El gran resultado de la reunión fue la creación de otro organismo internacional más -pero sin los malos del cuento, Estados Unidos y Canadá-, como si estas organizaciones sirvieran realmente para algo que no sea acomodar a políticos incómodos y sangrar los presupuestos de las naciones asociadas o para que dirigentes como Cristina Krischner vayan a trinar contra Inglaterra porque va a explotar yacimientos de petróleo en las Malvinas. ¿Acaso tiene Argentina los recursos económicos y tecnológicos para hacerlo ahora? Claro que no y para cuando los tengan, seguramente ya todos seremos capaces de teletrasportarnos y no requerir de otro medio de locomoción. ¿Qué pelea entonces? Nada que no sea ganarse puntitos para su popularidad que está por los suelos porque su Gobierno ha sido un desastre. Como sea, ya tenemos nuestra OEA de barrio. Pero, ¡hurra!, Calderón cumplió.

andreacatano@gmail.com
 
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