Opinión / Columna
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Numerados
Camilo Kawage
Programas de campo
El Sol de México
23 de febrero de 2010
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1.- La larga y enriquecedora historia de nuestro México verá ciertamente días más claros que los que sufrimos en preámbulo de nuestros festejos centenarios: lo trabajamos, lo cuidamos y nos buscamos albas más claras para nosotros y los que nos siguen. A tiempo daremos explicación y claridad a los instantes turbios, decepcionantes que nublan el horizonte que creemos, con razón y certeza merecer. Las tormentas y las inundaciones de la naturaleza; la sequía y los tiramientos de la tierra, producto de la insensatez humana; los yerros de palabra, obra y omisión de los liderazgos, así como las imprudencias de la novatez, se han de ver pronto reivindicados por actos de sabiduría y entendimiento que den su lugar a una sociedad empeñada en su designio.
2.- Difícil de entender el propósito que nos identifica, en medio de la apabullante evidencia de tropiezos en un Gobierno que parece empeñado en fracasar. Al más vehemente ánimo de creer que en los hombres y mujeres más capacitados y expertos hemos confiado nuestro destino y la sabia conducción de la Cosa Pública, debemos oponer la bestialidad de un secretario de Agricultura que, con toda la desfachatez y la falta de vergüenza concebibles, justifica la tropelía de arrogarse fondos de un programa de apoyo a los agricultores y campesinos, dinero que se reparte de conformidad con las políticas de su oficina, y dice que es uno de los 2.8 millones de beneficiarios del Procampo.
3.- Ese secretario, que además ya había ocupado el cargo en tiempos que nadie quiere recordar, y que ha comprobado que no sirve para nada -al grado que su sucesor y antecesor, Senador de mientras, parece apóstol del maíz en comparación-, genera un trauma adicional al Presidente, tanto por las revelaciones de su pillería, como por la cínica y ofensiva respuesta que ofrece cuando se le pregunta si seguirá en el cargo, y dice sin el menor pudor que ni éticamente lo abandonaría. Y Cárdenas Jiménez, su exjefe, dice que la gestión del programa corresponde al Ejecutivo.
4.- Algo no marcha bien en la conducción del país, cuando la operación política se estrella en Ciudad Juárez y nadie advierte, ni le informa al Presidente, el grado de descomposición social que ahí priva, que es tierra fértil para reventadores profesionales de la calaña de Noroña y secuaces en franco y abyecto abuso de una buena fe que a esas alturas no se llama así, y confrontan e insultan al Jefe del Estado, por conducto de una madre ofendida y desgarrada por el crimen absurdo de sus hijos, presa fácil de la entendible angustia en desahogo. Más aún, quién le aconseja hacerse acompañar de su señora esposa a una especie de matadero, donde tal vez sólo su jefa de imagen podía ignorar las condiciones.
5.- A los escuderos en turno les da por justificar sus pifias en aras del amarillismo de la prensa, de los intereses velados de la oposición y de las fuerzas oscuras que nunca entienden las razones profundas que inspiran el patriotismo y la visión de los gobernantes; incluso a emisarios del pasado y espíritus de ultratumba. Con la diferencia que ahora, todos los fierros en la lumbre, el agua en los aparejos, la soledad del abogado Presidente parece reducirse a Nava -la nava jurídica, dirían los postulantes-, y a uno que otro de sus incondicionales. Debe pronto despertar de las tormentas que lo aquejan, porque los mexicanos ya nos pasamos en limpio.
6.- Pasada la mitad de su gestión, el Presidente de la República deberá ya saber que el capricho y la terquedad no aconsejan bien. Que la amplitud del poder que le corresponde ejercer tiene el límite de una sabiduría que ya deberá haber adquirido; que la extensión de la autoridad subyace en la justa medida de una visión que se presume ya le es inherente, y que la magnitud de las decisiones que no toma, es mayor que la apuesta que sí asume, sobre todo cuando le va la vida en la dirección de un país del tamaño de México y que, tristemente, no ha dado señales claras de que le cabe en la cabeza. Ya del exterior ni hablar.
camilo@kawage.com
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