Opinión / Columna
 
De cara al Sol 
Andrea Cataño Michelena 
La fábula del pulpo y la reforma electoral
El Sol de México
5 de febrero de 2010

  El pasado enero las víctimas de la guerra contra el narco en el país alcanzaron la escalofriante suma de mil. Algo está fallando en la estrategia del presidente Calderón. Sin embargo, el problema no se gestó en su administración, se remonta a muchos años de corrupción e impunidad, aunados a la falta de políticas públicas en materia de educación y de desarrollo agropecuario que han dejado a los campesinos obligados al éxodo a Estados Unidos o a merced de los "convincentes" métodos de los narcos que les ofrecen mucho más por sembrar mota y amapola, que lo que ganan con el maíz y el fríjol. La lucha frontal del Gobierno no ha ido de la mano de otras estrategias indispensables como destinar mayores recursos a la prevención (más todavía, mucho más) y seguirle la pista al dinero proveniente del crimen organizado. Sin recursos, los cárteles se debilitan y no pueden comprar armas sofisticadas ni pagar sobornos o sicarios. Elemental, mi querido Watson, diría el hoy revivido por el celuloide, Sherlock Holmes.

Es tal el embrollo y tan compleja la solución que mejor voy a hablar de los sorprendentes "hermanos cefalópodos", como los hubiera llamado San Francisco de Asís, Ver el Discovery Channel en lugar de Corazón Salvaje tiene sus recompensas, ahora cuento por qué.

La pulpo hembra levantó las dos mitades de una cáscara de coco y las llevó hasta el fondo del mar donde estaban sus crías. De repente, asustada, dejó caer una sobre sus retoños y se zambulló veloz debajo de la otra. Al verlo, asombrada, me preguntaba, ¿serán los cefalópodos más inteligentes que nuestro procurador general con una controversia constitucional por el asunto de las bodas entre homosexuales y sus derechos de adoptar hijos? A ver qué opinan ustedes, mis queridísimos seis lectores.

Resulta que los pulpos están cercanos a empatar talentos con los perros, cuya inteligencia es equiparable a la de un niño de dos añitos pasados. Aunque diseñar pruebas de inteligencia para los pulpos es obviamente más complicado que para los canes, las investigaciones ofrecen atisbos que nos dejan perplejos y que nos motivan a cambiar nuestra opinión acerca de los seres invertebrados.

Los pulpos tienen su personalidad, o pulponalidad, si lo prefieren. Son capaces de reconocer y de reaccionar a determinados individuos diferenciándolos perfectamente. Y tiene comportamientos diferentes entre sí. Para sobrevivir en su medio hostil más les vale ser muy abusados, porque, básicamente, son globos de proteínas deliciosas, algo así como la versión marina de una suculenta hamburguesa con todo y papas y como carecen de concha protectora, son presa fácil del apetito de los depredadores.

Los pulpos, como yo, son solitarios. Generalmente viven sin compañía desde que nacen y no tienen de quien depender para protegerse o para que les enseñen las habilidades indispensables para sobrevivir en su amenazante universo. Los pulpos tontos -igual que la gente de la misma condición- o los que no son lo suficientemente rápidos, son la comida de animales más listos. Los pulpos viven, como los habitantes del DF, muy estresados por su medio ambiente como lo explica la doctora Jennifer Mather, especialista en psicología comparada de la Universidad de Lethbridge en Alberta, Canadá. En el hogar de los pulpos la vida no es fácil: hay tantas oportunidades de conseguir comida como para convertirse en ella y los pulpos tienen que averiguarlo solitos. Aquí, a nuestros diputados les damos todo en charola de plata y llegan y se van sin haber aprendido nada. O sea, que como pulpos, hubieran terminado en la barriga de cualquier tiburón. En cuanto a su dieta, tienen mucho de donde escoger, pero cada pulpo tiende a tener sus preferencias "gastronómicas".

Los pulpos utilizan objetos con un propósito determinado. Hace varios años, la científica documentó el insólito hecho de un grupo de pulpos que recolectaban rocas y las apilaban para tapar de la entrada de su refugio. Y lo hacían siempre antes de irse a dormir.

La capacidad para jugar es otra clara demostración de su inteligencia. La investigadora la sometió a prueba colocando a un pulpo en una tanque al que periódicamente le pusieron dentro una botella de plástico. Algunas veces, el animal la examinó para luego ponerla a un lado. Sin embargo, dos de los ocho pulpos del estudio inventaron un juego. Primero se desplazaron al extremo del tanque, lejos de la compuerta por donde entraba el agua fresca, luego, utilizando su habilidad natural para lanzar chorros de agua intentaban empujar la botella hasta la compuerta donde la corriente de agua fresca se las regresaba en una especie de "squash" acuático.

Estoy segura de que para este momento los he dejado convencidos de la inteligencia de los pulpos que sobrepasa la de muchos diputados, entre ellos la del famoso "Chunco". ¿Les queda duda?

andreacatano@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas