Opinión / Columna
 
Historias Extraordinarias 
Edmundo Domínguez Aragonés 
Venustiano Carranza. Su asesinato en Tlaxcalantongo
El Sol de México
3 de enero de 2010

  Francisco L. Urquizo escribe en su obra "México-Tlaxcalantongo": "La caída del presidente Carranza fue súbita, dramática. En unos cuantos días, sin perder majestad en la figura y sin descuidar, aun en la derrota, la dignidad de su gobierno, de los salones del Palacio Nacional pasó a los montes lluviosos y tétricos de Tlaxcalantongo en la sierra de Puebla".

* Los generales insurrectos

El presidente Venustiano Carranza sólo contaba con los generales Manuel M. Diéguez en la parte norte del país; Francisco Murguía, en el noroeste, y Cándido Aguilar, en el estado de Veracruz.

La Ciudad de México estaba protegida por escasas tropas leales. El 5 de mayo, aniversario de la victoria de las tropas mexicanas contra los franceses en los cerros de Guadalupe y Loreto, se efectuó una modestísima ceremonia oficial en el panteón de San Fernando, ante la tumba del general Ignacio Zaragoza, vencedor de los invasores, y no se festejó la fecha con el acostumbrado desfile.

Carranza visitó el Parque General de Ingenieros, en Arcos de Belén y Doctor Vértiz, para cerciorarse de la cantidad de municiones disponibles. Iba vestido con ropas de soldado raso y fue a otros cuarteles para dar ánimo a la tropa.

El Plan de Agua Prieta estaba en marcha y los dos estados más grandes de la República, Chihuahua y Sonora, se habían unido a la rebelión.

El general Álvaro Obregón se había insurreccionado y los generales Ignacio P. Enríquez, de Chihuahua, y el general Adolfo de la Huerta, de Sonora, ambos gobernadores de sus respectivos estados, habían intercambiado informes donde confirmaban que contaban con las tropas suficientes que habían vitoreado al general Obregón y le habían designando jefe del movimiento.

Los generales insurrectos: Eugenio Martínez, Joaquín Amaro, Alfredo Rueda Quijano, Abundio Gómez, Ángel Flores, Arnulfo R. Gómez, Celestino Gasca, Pablo González, Jacinto Treviño, Manuel W. González, Plutarco Elías Calles, Salvador Alvarado, Paulino Guerrero, Luis Sánchez Pontón, Jesús Acevedo, Emilio Portes Gil, todos ellos tras el asesinato del presidente Carranza fueron nombrados por el general Adolfo de la Huerta, líder de la rebelión, para los cargos del gobierno "provisional", y dos de ellos, en sus oportunidades, alcanzaron la presidencia de la República: Elías Calles y Portes Gil.

Los gobernadores carrancistas: Gustavo Espinosa Mireles, de Coahuila; Severino Martínez, de San Luis Potosí, y el general José de los Santos, de Nuevo León, comenzaron a buscar protección en el extranjero, o en ocultos lugares del país.

Los generales de Carranza: Manuel M. Diéguez, Francisco Murguía y Cándido Aguilar, en el estado de Veracruz.

* Carranza abandona la capital y emprende viaje a Veracruz

En apresuradas reuniones se acordó que la salida de la Ciudad de México se efectuara en la madrugada del 7 de mayo de 1920, rumbo al puerto de Veracruz, donde Carranza en 1914 y 1915 había encontrado refugio durante la escisión de Francisco Villa y allí había preparado el proyecto de reformas a la Constitución de 1857, que culminó con la promulgación de la del año 1917.

Armando Z. Ostos, en su obra "Méritos y traiciones", publicada en 1941, dice: "El 7 de mayo de 1920 salimos de México con destino a Veracruz, que había sido prometido como baluarte del régimen constituido. La situación estaba claramente definida. Para nadie era un misterio que la insurrección se propagaba velozmente a todos los cuerpos militares del país y que, en consecuencia, la caída de Carranza sólo podía evitarla el apoyo del pueblo, por virtud de la persuasión y la serenidad".

El general Francisco L. Urquizo, uno de los generales leales a Carranza, comentó que "la idea de refugiarse en el puerto es magnífica".

Carranza confiaba en los generales Cándido Aguilar, Guadalupe Sánchez, Adalberto Palacios, Antonio Portes, Liberato Lara Torres, Francisco Durazo, Nicolás Martínez Luna y L. Urquizo.

* La evacuación

Carranza ordenó que salieran de la ciudad los miembros y personal de las secretarías de Estado, Tesorería de la Federación, empleados del Gobierno, Suprema Corte de Justicia, iban los ministros Antonio Alcocer, Benito Flores y Gustavo Vicencio; Comisión Permanente del Congreso de la Unión, los cadetes del Colegio Militar, al mando de su jefe, el coronel Rodolfo Casillas, y "cuantos amigos y afectos al régimen quieran acompañarme".

La Villa de Guadalupe sería la primera estación donde se detendría el convoy, integrado por 20 trenes, y los generales Fortunato Zuazua y Jesús Novoa, los encargados de cuidar la retirada antes de que "los nuevos triunfadores entren a la capital".

En el largo tren que ocuparía Carranza, se colocó la silla presidencial.

Los pesados trenes, que apenas podían recorrer algunos kilómetros por día, partieron de la estación de Buenavista y la de Colonia, y ya "en ese momento, los obregonistas entraban a la capital".

La evacuación fue desordenada en extremo. El general Urquizo cuenta que se habilitó a garroteros como conductores y a fogoneros como maquinistas.

El inmenso convoy hizo alto en la Villa de Guadalupe, donde ya se encontraba el escuadrón de caballería del Colegio Militar y el tren avanzó.

* La caravana

En San Juan Teotihuacán se reciben noticias de que una "máquina loca" lanzada por los ferrocarrileros adictos al enemigo, ha ocasionado en la Villa de Guadalupe la muerte de más de 200 personas.

En Apizaco, Tlaxcala, el día 8, el convoy se detuvo para reorganizar la marcha. Carranza pasa revista a sus escasos elementos, entre quienes están los generales Francisco Murgía, Lucio Blanco, Pilar R. Sánchez, Agustín Millán, Bruno Neyra, Federico Montes, Juan Barragán, Marciano González, Francisco de P. Mariel y Heliodoro Pérez.

* El tren asediado

Cerca de la estación Rinconada, el día 11, y la de Algibes, los días 13 y 14, se registraron varios combates. Carranza "iba y venía de un lado a otro de la línea de fuego, sin cuidar para nada su vida".

El general Joaquín Mucel Acereto en testimonio vivo de 1967 narra: "El enemigo atacó nuestro tren; contestamos el fuego, desbandándolo. Después de pasar la estación de San Marcos, nos detuvimos; el convoy que marchaba a la cabeza no había podido pasar de Riconada y se inició entonces el combate.

"En esta estación, a pesar de haber derrotado al enemigo, las fuerzas del Presidente comenzaron a desintegrarse; se terminó el agua, las provisiones, se abandonaron varios trenes y los cadetes del Colegio Militar desalojaron el suyo para instalarse en otro que marchaba delante".

* Se le propone que abandone el país

El 13 de mayo, "todo hacía pensar en el desastre final". Faltaba agua, combustible, víveres. La caballería bajó del convoy para continuar por tierra. Habían abandonado la mitad de los trenes. El enemigo se acercaba a gran prisa y en esas, un emisario del general Jacinto B. Treviño llegó hasta Carranza para proponerle que saliera del país: "Le ofrecía amplias garantías para su persona. No obtuvo contestación el recado. Una sonrisa amarga se dibujó en la faz del Presidente. ¡Que escapara! Poco conocía el general Treviño a quien tanto tiempo fue su inmediato jefe. No, el hombre que se enfrentó y venció a Victoriano Huerta, el que se impuso a Villa y lo abatió, el que se irguió magnífico ante las arrogancias de los norteamericanos, el hombre que sacrificó a su propio hermano antes que claudicar, el que educó una casta de hombres ilustres, el que redimió al pueblo, no podía huir en aquella forma. No era un cobarde, nunca lo fue", escribe Urquizo en "México-Tlaxcalantongo", 1943.

* De Algibes a Tlaxcalantongo

En esta estación, los aguaprietistas levantaron la vía y concentraron 20 mil hombres. Muchos de los soldados y civiles que no cayeron muertos, se dispersaron.

Fue muerto el general Agustín Millán y defeccionó el coronel José María Ruiseco, comandante del 5º Regimiento de Caballería.

"Nos dimos cuenta perfecta, desde el Presidente de la República hasta el último soldado, de que estábamos perdidos, obstruido el paso hacia Veracruz: ya sin amigos y batidos encarnizadamente por fuerzas superiores en número y en moral", escribe Urquizo.

El 14 de mayo se convoca a un consejo de generales y se aprueba por unanimidad, a sugerencia del general Murguía, el abandono rápido de los trenes y la búsqueda de un camino en la sierra poblana, conduciendo las bestias el dinero y las municiones, y los escasos contingentes, previendo el cercano final, se dividieron en grupos guerrilleros.

Urquizo le sugiere escapar y le pide que abandone el tren, a lo que Carranza se niega y ordena la dispersión dada la grave situación. Muchos civiles se niegan y Carranza recomienda: "Como en estos momentos sólo se presentan peligros y necesidades inherentes a la guerra, cada quien queda en libertad de reflexionar al tenor de su conciencia sobre los actos subsecuentes".

A muchos ruegos, Carranza monta en un caballo de corta alzada y los cadetes del Colegio Militar lo escoltan. Carranza va tranquilo y cabalga al frente de los suyos.

El día 16, al amanecer, las avanzadas leales llegan hasta los muros afeudalados de la hacienda de Zacatepec, y prosiguen y se reduce la comitiva.

Esa madrugada se miran las primeras casas serranas de San Andrés y luego arriban a San Francisco Ixtamatlán, de allí a Tecuahuitl y Zitlacuatla, donde se proponen pasar la noche, pero la lluvia obliga a seguir la marcha.

El día 17, pasado el mediodía, avanzan hacia Tetela de Ocampo y ahí recibe Carranza el informe de que el general Jesús Guajardo, ejecutor de Emiliano Zapata, avanza contra ellos y es necesario abandonar el poblado en dirección a Cuatempam.

A la hora de la comida se aprueba reducir al máximo la columna, con objeto de apresurar el paso rumbo a la Sierra de Querétaro, por Jalpan, y de allí cabalgar al norte de la República.

"No obedeceremos la orden de regresar a la Ciudad de México; seguiremos al presidente Carranza hasta el fin", exclaman los coroneles Casillas y Jesús Loreto Howell, director y subdirector de la Escuela de Caballería del Colegio Militar, y contra su voluntad obedecen la orden de Carranza y lo abandonan a su suerte.

Día 19, en la tarde, cien personas entran en Coamachalco y allí duermen.

Día 20, como a las cinco de la tarde arriban a San Antonio Tlaxcalantongo y Carranza dispone que se pase la noche allí.

Los hombres se comenzaron a distribuir en las pobrísimas casitas del pueblecito, después de buscar alimentos y cobijas, que los lugareños ni al precio que se los pagaran tenían.

La choza donde va a pernoctar Carranza es de cinco metros de largo por cuatro de ancho y paredes de tejamanil.

A Carranza lo acompañan para pasar la noche Manuel Aguirre Berlanga, secretario de Gobernación; Mario Méndez, Pedro Gil Farías, su secretario particular, y sus ayudantes, los capitanes Ignacio Suárez y Octavio Amador, y su asistente personal, Secundino Reyes.

* Muerte de un presidente

El teniente coronel Ignacio Suárez G, entonces ayudante de Carranza y testigo presencial de los hechos, los consigna en su libro "Carranza, forjador del México actual", 1965.

"A eso de las tres de la mañana se presentó en el jacal de don Venustiano el teniente Francisco Valle, ayudante del general Murgía, acompañado por un indio que traía un mensaje del general Mariel en que éste decía: 'la guarnición de Villa Juárez es leal y saldrá al día siguiente'.

"El presidente declaró que no había podido dormir y que ahora sí podría hacerlo. Se retiró el asistente de Murgía y el emisario no queriendo quedarse a descansar se perdió en la noche. ¿Tuvo que ver aquel mensajero con el conocimiento del lugar donde dormía don Venustiano, que tenían los que hicieron la descarga mortal a través de las delgadas paredes de la casucha que hasta ser improvisado 'Palacio Nacional' fuera sede del delegado municipal? Este punto misterioso probablemente nunca llegará a esclarecerse.

"De pronto se soltó una furiosa balacera. Abrieron los ojos los que dormían y se pusieron de pie al momento empuñando sus armas. Los disparos resonaban cerca de la casita de don Venustiano. Se oyeron mueras al presidente y vivas a Obregón. Herrero los había traicionado. Eran las tres de la madrugada.

"Según las informaciones recogidas en Xico, Herrero salió de Tlaxcalantongo el día 20 con destino a Patla, para auxiliar a su hermano que había sido herido accidentalmente. Sostiene Miguel B. Márquez que el general Rodolfo Herrero le comunicó sus planes de matar a Carranza y relata detalladamente cómo se organizó el ataque al Palacio Nacional de Tlaxcalantongo".

Instantes después de la balacera sobre el jacal, Carranza resultó herido en una pierna y los asesinos entraron a la casucha y acabaron con la vida del presidente Venustiano Carranza.

Murió en los brazos de su ayudante, Ignacio Suárez, y éste divulgó la versión de que Carranza, al verse perdido, se había suicidado.

El doctor Carlos Sánchez Pérez, quien hizo la autopsia, afirmó terminantemente que no hubo tal suicidio.
 
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