Opinión / Columna
|
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Bustos de Apolo y Artemisa en el Templo de Acteo
Organización Editorial Mexicana
17 de noviembre de 2009
|
"Eran las siete de la mañana de un día caluroso. Estaba convencido de que todo había terminado; sin embargo, por disciplina me puse a trabajar con el rastrillo a escasos metros de aquel muro que atribuía al palacio del rey Príamo. Después de escarbar una capa de escombros de cinco pies de espesor, mis ojos se fijaron en un punto: una especie de escudo grande de cobre, similar a una bandeja ovalada.
"Después de quitarle el polvo y levantarla cuidadosamente me dirigí a mi esposa y le pedí que despidiera a todos los obreros, ya que había descubierto una pila de oro.
"Al quitar el escudo de cobre observamos una marmita y un plato de cobre. Luego, resplandeciente con toda su prístina belleza, vimos un botellón globular, de 15 centímetros de altura y 12 de diámetro del más puro oro, dagas de bronce, cuchillos, un vaso de plata lleno de joyas de oro, una banda de oro, dos diademas de oro recubiertas de piedras preciosas, anillos, brazaletes, botones, pendientes, todos de oro puro.
"A un lado de la pila del tesoro encontramos una tira de cobre rematada con dos clavos, lo que nos hizo pensar que se trata de parte de la cerradura del cofre cuya madera había desaparecido con el tiempo y donde sus dueños habían guardado el tesoro que ahora estaba a nuestro alcance".
Este texto es parte del relato de Heinrich Schliemann Burger, arqueólogo autodidacta alemán y banquero multimillonario que descubrió la Troya de Homero y sus tesoros.
El hallazgo ocurrió en 1873 y es el tesoro más espléndido que jamás se había sido encontrado hasta esa fecha, y que sólo superaría el de Tutankamen, casi cuarenta años después.
La colección de Schliemann se componía del oro de Troya y de una tercera parte de los tesoros de Micenas, Tirinto, Orcómedes y otros sitios, fue disputada por Grecia, Turquía, Alemania, Rusia, Francia e Inglaterra, y finalmente, fue depositada en el museo de Prehistoria de Berlín, donde resistieron la primera guerra mundial, mas no la segunda, ya que tras el bombardeo ruso sobre Berlín, se destruyó e incendió el refugio antiaéreo del zoológico de la ciudad donde había sido ocultada y la colección se perdió para siempre.
Algunos piensan que los rusos la encontraron y fue confiscada, y otros que las piezas fueron robadas y luego fundidas por los soldados, y el tesoro de Troya se perdió para siempre.
Y así esta irreparable pérdida, en estos Soles, en excavaciones efectuadas en el templo de Apolo Acteo, en Actium, a 370 kilómetros al oeste de Atenas, la capital de Grecia, han sido descubiertos dos bustos de mármol en excelentes condiciones de los dioses Apolo y Artemisa.
Isimini Triandi, jefa del equipo de arqueólogos, explica que los restos de las estatuas, hechas del mejor mármol del monte Pendeli, fueron encontradas dentro del templo y, según los primeros estudios, las estatuas tuvieron una altura de tres metros y medio.
La localización del templo era conocida desde 1867, cuando el cónsul honorario francés en la región desenterró dos estatuas y las envió al museo del Louvre, en Paris, Francia.
El tiempo cubrió las ruinas del templo hasta que los arqueólogos descubrieron en 2005 los restos de una construcción de 24.15 metros de largo y 9.20 metros de ancho, y los restos de un muro de 3.43 metros de largo.
En el centro del templo se encontró una base de 55 por 55 centímetros que, según los relatos del cónsul francés, tenía a sus pies los restos de una gran estatua y fragmentos de escritos en griego.
En los hechos históricos fueron los habitantes de la antigua ciudad de Anaktorio, fundada en 630 antes de Cristo, quienes construyeron el templo en honor a Apolo, que sería destruido por un terremoto y quedó sepultado al cambiar de nivel de suelo.
Columnas anteriores
Columnas anteriores