Opinión / Columna
 
Jaime Alcántara 
Futuro incierto
Organización Editorial Mexicana
16 de noviembre de 2009

  (Segunda parte)

A la par de la migración, la agricultura empinó su posibilidad de reincorporarse. 25 millones de mexicanos vieron volar las pocas esperanzas que tenían de ser atendidos como seres humanos. A los precios altos del petróleo, la visión de los Gobiernos de principios de siglo no entendieron que ese generoso oro negro era para aliviar malestares y que aquellos necesitaban tan sólo una parte de esa riqueza que nadie hizo algo para adquirirla, únicamente la circunstancia de los precios altos y de la generosidad de la madre naturaleza. Los irresponsables gobernantes se la pasaron de entre la contratación de personal de sueldos altos y el pago de deudas, por adelantado, que en nada beneficiaban a la economía mexicana. Hasta finales del milenio, ostentábamos, orgullosamente, el noveno lugar entre las economías mundiales. A poco del cambio de mando, caímos al 11, después al 12. Ya no sabemos por dónde andamos. Lo cierto es que no vamos hacia arriba. Y lo ve el trabajador que cada día siente que le alcanza menos lo que gana, y el empresario que se ha visto en la necesidad de recortar su plantilla laboral y, en muchos casos, ante la disyuntiva de quebrar o cerrar la empresa. Mala apuesta de quienes confiaron su futuro a tal alternativa.

Pero los colores, las tendencias ideológicas, son lo de menos. Se sigue sin dar al clavo, sin importar las claras señales de que el barco está sin rumbo. Mala apuesta en la economía. El peso se ha devaluado en un 40 por ciento en este sexenio. Eso sin contar con que el dólar se ha depreciado en una cantidad similar con relación a otras monedas como el euro. Mala apuesta en el empleo. La economía informal (la que paga pocos o nulos impuestos y que no tiene seguro social ni Infonavit, ni...) se ha expandido. No es necesarios ser adivino, economista, científico, para ver que en las calles cada día hay más limpiaparabrisas, aprendices de circenses, vendedores de todo tipo, tragafuegos; y lo peor, la vestimenta de aquellos infames que han sido echados a la calle por la mala dirección, denota de inmediato que la clase media está al borde de la desesperación. Y, allí sí, cuidado. No debemos olvidar que los movimientos sociales los dirigen ellos; directa o indirectamente. Mala apuesta también en la violencia. Es decir, en la forma de tratar de resolverla. Los especialistas opinan que sería mejor una Policía entrenada para tal fin. Esto es que, con lo existente, pudiera combatirse, simplemente buscar la forma de capacitarse. Que tampoco las maneras, porque hay sospecha de connivencias con algunos mandos altos, que su principal tarea es la de combatirla. Que quede claro, este mal del mundo viene desde siempre; que los encargados de hacer que los seres comunes y corrientes vivan mejor, en algunos casos, han desviado el camino. No es por tanto asunto de absolutos. Pero una cosa es lo que siempre ha existido como asunto marginal de la humanidad y otro es que el grueso se dedique a actividades que debe tratar de destruir. Suficiente literatura, noticias, mensajes, oímos a diario como para pensar que "por algo suena el río". Mala apuesta igual en lo de las epidemias. Tanto le hicimos propaganda a lo que, en teoría, queríamos desterrar que en el mundo se empezó a creer que nosotros éramos los culpables de tales propagaciones. China, Argentina, Cuba, entre otros, nos cerraron las fronteras. Claro que fue exageración, porque nosotros lo veíamos desde dentro. Habrá que pensar en lo que creían los de allende las fronteras.

La rebatinga por los impuestos y el presupuesto es otro mal que denota falta de miras. Los proyectos son inmediatistas, cortoplacistas, limitados. Muchos podrán decir que es porque el Ejecutivo no tiene la mayoría en el Congreso. No debemos olvidar que no hace poco, el PRI era la tercera fuerza e imponía sus proyectos. No es de gratis, por supuesto, es sólo asunto de razón, de inteligencia, de ideas.

La sociedad, el momento, la vida, está a la espera de decisiones. Pero de decisiones de estadista, de largo plazo; de razones de altura. Quizá no lo captemos, pero falta poco para que ya no tengamos más margen. Asunto de visión.

J. Alcántara S.

jaimealcantara2005@hotmail.com
 
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