Opinión / Columna
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Numerados
Camilo Kawage
Motín, escaramuza y fuga
El Sol de México
15 de noviembre de 2009
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1.- La báscula de los absurdos de los últimos días se ve a punto de vencerse y se ignora cuántos plomos más aguantará antes de colapsar, ni qué número de inconsistencias con que se le carga nos espera aún. El deterioro de las expectativas -la palabra y el concepto de esperanza agotados por el abuso de un salteador de caminos-, que se tenían puestas en un gobernante y sus colaboradores que parecen confirmar las enormes posibilidades de falla que tanto se han reducido a negar, se tipifica en la dramática ausencia de un liderazgo confiable; en la alarmante falta de oficio de quienes tienen a su cargo la conducción política del país, y en la reprensible insensibilidad, rayana en el desdén, de un jefe de Estado que se aliena a la población toda, y se va a Singapur.
2.- Si la idea de que inaugurar estadios y celebrar con Pelé prospectos del futbol, con abucheos, al tiempo que le escriben lances agresivos contra los dirigentes del sector productivo, es el alcance de sus asesores, resulta preocupante, por lo menos, que el presidente de la República incurra en las faltas de buen juicio -qué decir de las oportunidades que deja ir con los días-, que lo llevan a festejar una Ley de Ingresos cuajada a trompicones; a aplaudir un Presupuesto que le castiga su preciado lema de prodigar efectivo a los pobres y que le revierte el tiro errado de sacarle la vuelta a un enemigo de México, por la misma vía de retacarlos al cañón.
3.- Los cuantiosos daños y lastrantes perjuicios que arrojó la "gran jornada cívica" -según la dirigencia del camarada Esparza-, en que el sindicato de un organismo extinto del Estado paralizó la actividad de la Ciudad de México en busca de un muertito, serían causa sobrada para permanecer al mando, y traduciría la sensibilidad del Ejecutivo al mostrarse en su cargo en momentos en que la tensión y la amenaza, que se cumplió en la agresión física de los reventadores del SME a policías federales en la carretera a Querétaro, se ciernen sobre una ciudadanía agraviada y decepcionada.
4.- Más aún, la sola percepción del descontento general de las cifras, la exacción y el repudio de los inversionistas, aunado a la cantaleta de los pobres, en lugar de proponer un plan masivo de inversión con efectos de largo alcance, bastaría para considerar con menos frivolidad el desahogo de funciones en el extranjero. Salvo que no le hayan informado de los insultos maternos en Reforma que le fueron proferidos sin recato, o no lo enteraran que su hermana postuló a su señora esposa como candidata de su partido a gobernadora de Michoacán; que le ocultaran las opiniones del jefe de inteligencia de la Policía Federal sobre la función social del crimen organizado, falta saber a qué fue a Singapur.
5.- Los asalariados bajos y medios; la cajera del banco, el ebanista y el artesano de la plaza; los pequeños empresarios y administradores de negocios; los empleados de los consorcios grandes; los dueños de la industria y los generadores de empleo; los banqueros y financieros, los generales de los consorcios y las amas de casa y el transeúnte; todos, todos quedamos atrapados en una suerte de cápsula de oscuridad, donde nadie respira a salvo; una especie de túnel del susto, en cuyo tórrido abismo se enreda el destino de una sociedad aterrada, vejada y confusa. En ese entorno, no se sabe más si el viaje a Singapur no incluiría una consulta a los piratas de Somalia.
6.- Identificar el bien mayor que tutela el Derecho, a saber la potestad de la mayoría sobre la fugaz y breve excepción dispensada a una ínfima minoría que perturba la vida, exacerba el encono y perjudica y daña la actividad del núcleo capital de la República, conminan al Presidente a asumir, así sea por quinta ocasión, su calidad de estadista. No cumple aún la mitad de su mandato, y parece hacer eco de las perversas voces que dan ya por terminada su gestión. Los mexicanos no nos resignamos a entregar la plaza a un designio pospuesto de prosperidad y progreso, ni a cancelar una vez más la ventana prometida de nuestros hijos, en unos tambores destemplados.
camilo@kawage.com
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