Opinión / Columna
 
Puente de Plata 
Humberto Matali Hernández 
El último cacique
El Sol de México
2 de noviembre de 2009

  "Nuestros gobernantes y líderes empresariales desean emular a la realeza europea, porque en el fondo no hay dirigente que no desee ser rey."

"El último cacique"

Jaime Ramos

Es una moda la aparición de libros escritos por periodistas y analistas sobre temas del quehacer de los entretelones gubernamental, legislativo y empresarial, muchos de ellos forman parte de estrategias de los mismos políticos por actuar, influir y tener presencia en el tablero público nacional. Pero también aparecen textos en donde no hay defensas, denuncias o encargos de exhibir a enemigos e intereses de la casta política. Son obra literaria del gusto de los autores.

Es el caso del libro "El último cacique. El poder por el poder", de Jaime Ramos (1955), en donde unen la creación literaria y anécdotas para presentar el lado oscuro de la política mexicana, con abundancia de ejecuciones, asesinatos por ambiciones de poder y negocios que llevan al encumbramiento de un grupo de la casta política que recurre a esos procedimientos para enriquecerse y ascender a puestos de poder, que van desde una presidencia municipal, diputaciones, gubernaturas o la Presidencia de la Republica, incluso un gran negocio para asegurar la riqueza de varias generaciones. Los medios son asesinos seriales, profesionales del crimén con la capacidad de secuestrar, violar, asesinar en medio de una multitud, fingir un asalto o un accidente en una carretera.

Es claro que los personajes de Jaime Ramos son ficticios, pero con características de la fauna política mexicana. Así son los protagonistas de "El último cacique." Parte de la lectura es adivinar y encontrar los actos que definen a los individuos reales, tomados como moldes de los habitantes de la novela, al exhibir las ambiciones y errores que se filtran a la opinión pública o se saben cuando abandonan los cargos del poder.

Los conocimientos del autor provienen de su experiencia personal. A lo largo de su vida profesional, amén de las labores de periodista, ocupó diversos cargos en dependencias oficiales y participó en la política para conocer "al monstruo en sus entrañas" como aconsejan los clásicos. Exhibe situaciones y acciones de los políticos, los engaños, intrigas y delitos cometidos en la pugna por el poder, en donde la parte civilizada es la guerra de declaraciones, para después pasar a las delaciones y después los engaños y falsos compromisos. En los tiempos de la modernidad se impone la traición disfrazada de pragmatismo, cuyos seguidores son desleales a sí mismos. Así, no asombran diputados, senadores, presidentes municipales y demás fauna de la política, que por ascender un peldaño recurren a cambiar de banderas, además de las maniobras y amenazas, para ello utilizan a los medios de comunicación. De los oportunistas y traidores escudados en el pragmatismo los define: "...los que se van a otra opción después de haber estado en el partido, tarde o temprano terminan por ser un remedo de ellos mismos." Sentencia aplicada a no pocos de los actuales políticos emigrantes de "istmos" partidistas. Para más adelante definir en una oración el mayor y fuerte de los placeres de los hombres con influencia política y económica: "Matar es un poder excelso".

Como en una cebolla se arrancan las capas de "El último cacique", para llegar a la acción más primitiva al ejercer el dominio, transformados en señores y amos de vidas y haciendas, común en políticos y millonarios de los países subdesarrollados, por más que los disfracen de democracias y de procesos electorales: el parricidio y magnicidio fríamente calculado. No son modernos Edipos que asesinan al padre Layo por designios del destino dictado por el augurio de la Esfinge. Es menos complicado, las simples siglas de un partido político los eleva a la cúspide del mando, no importa la muerte de padres e hijos en una confrontación de ambiciones. Puede ser el asesinato físico o la simple destrucción moral y emotiva del contrincante. Con la sentencia dura y realista de Jaime Ramos: "...el pueblo es tan ojete como sus mismos dirigentes". Justificación para perder honorabilidad y el honor personal y recurrir a las artimañas y suciedades, violencias y engaños para primero derrotar a los enemigos y aspirantes a los cargos políticos hasta quedar el triunfador en una lucha campal deshonesta y sucia.

La novela escrita por Jaime Ramos sucede en su natal Tamaulipas, pero puede ser cualquier lugar de México o en otra nación en donde la democracia y el desarrollo político son tan pobres, que se tornan en ficticios. Mientras tanto los electores, por más pantomimas, reclamos, protestas y demandas que haga se enfrentan a la realidad, a ser simples víctimas del abuso de los poderosos. "La población -una vez que elige gobernante -pierde la capacidad de impedir sus caprichos y berrinches." Dura sentencia que no es ficción.

* PRESENTACIÓN CACIQUIL

El jueves 29 de octubre, en la cafetería del Lago, con el lago Menor de Chapultepec de fondo, Jaime Ramos presentó "El último cacique", en una festiva noche, en donde lejos de una lectura y análisis hueco y falsa solemnidad, entre alegría y música, se realizó la lectura de algunas partes del texto y se opinó sobre ellos.

Correo electrónico: matalih@hotmail.com
 
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