Opinión / Columna
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María Antonieta Collins
El arte de guardar un secreto
Organización Editorial Mexicana
30 de octubre de 2009
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Desde Miami
Jamás olvidaré la mañana de enero de este 2009 cuando Juanita Castro, sin que yo lo supiera, revisaba entonces los capítulos de sus memorias que hemos escrito juntas -publicadas el lunes pasado- y me aguardaba con una gran sorpresa porque estaba dispuesta a revelar lo que a nadie antes: que había colaborado con la CIA de 1961 a 1964 desde dentro de Cuba.
Al confesarme tal secreto por la magnitud de lo que encerraba, mi reacción fue inmediata: no escriba el libro -le dije-. Como periodista es un logro de mi carrera, pero como su amiga estoy en el deber de protegerla... No las haga porque lo que se va a armar será un verdadero terremoto. Me pidió entonces un par de días para pensarlo.
Valiente, Juanita, tres días después me volvió a citar en su casa para darme a conocer su decisión: "Unas memorias no se escriben por partes, hay que contarlas de golpe, y no puedo dejar de mencionar esa parte de la historia que es desconocida. Vamos a publicarlas".
Poco a poco fui enterándome de los valiosos detalles de la logística de cómo guardar realmente un secreto y descubrí la lealtad de las dos personas que originalmente, y durante tres años supieron guardar aquello que nadie pudo haber imaginado: Carmen e Hilda Morgade, cubanas exiliadas en Miami, en realidad un monumento a la lealtad y a la amistad.
Amigas de Juanita y de su hermana Enma desde niñas, en el colegio de Las Ursulinas en La Habana, Carmita e Hilda fueron las depositarias no únicamente del secreto de Juanita, también se convirtieron en sus más cercanas colaboradoras al ayudarla a recibir y descifrar los mensajes que les llegaban casi a diario.. ¿La edad de ellas entonces? 25 y 20 años respectivamente.
Juntas, las tres vivieron en infinidad de ocasiones los peligros de una secreta misión, peligrosa a más no poder. Juntas también recorrieron los angustiosos momentos de la decisión de la quinta de los hermanos Castro de declararse contra el régimen cubano en 1964 y acompañaron a Juanita en el largo camino de un exilio más agrio que dulce, motivadas únicamente por el deber de su conciencia...
Gozo del privilegio dominical de comer en casa de ellas cada semana, y en uno de esos momentos donde hoy, 48 años después, ya se comentan aquellos detalles que hoy causan admiración, no me puedo abstraer de preguntar ¿cómo guardar un secreto semejante?
Al mismo tiempo ambas responden: "No hablando nunca de eso con nadie, ni siquiera con nuestros padres. Juanita es no sólo una amiga a quien conocimos desde niñas, ella y Enma su hermana han sido para nosotros familia, son para nosotros unas hermanas. Si Juanita corría peligro y necesitaba quien la ayudara, nosotros no íbamos a abandonarla a su suerte."
¿Hay acaso una fórmula para lograrlo? "Sí -vuelven a responder-, sabiendo que la amistad no conoce de condición. Estás ahí para los amigos siempre, y eso es lo que nosotras hicimos siempre".
Y hoy, cuando el secreto de Juanita está en la calle con su libro y el secreto de ustedes también. ¿Qué pasa?
"Nada, dice Hilda, que cumplimos con nuestra amiga. En realidad creímos que íbamos a morir con el secreto a cuestas -aclara Carmita-, pero Juanita lo reveló y lo único difícil ha sido... tener que hablar con la prensa, lo otro, las misiones, en comparación con las entrevistas, fue siempre lo más fácil."
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