Opinión / Columna
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Numerados
Camilo Kawage
Transformador mexicano
El Sol de México
25 de octubre de 2009
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1. En épocas de confusión e incertidumbre las sociedades suelen recurrir a sus paradigmas a fin de reafirmar su identidad. En tiempos de rumbo equívoco, de tolvanera gubernamental, cuando parece que lo único cierto es la indefinición, como los actuales que atravesamos, honrar a nuestros próceres deviene vigoroso estímulo para evocar nuestra historia, y tener presente que no siempre el ayuno de estadistas ha sido nuestro signo. Si bien no recibió la distinción en vida, y vaya si vivió para contarlo, el Senado de la República finalmente decidió conferir la más alta presea a que puede aspirar un mexicano, a un patriota insigne, a un ciudadano ejemplar por su significada aportación al progreso del país.
2. En un acto de justicia larga e innecesariamente postergado, Antonio Ortiz Mena recibió la Medalla Belisario Domínguez a dos años y medio de su paso. Elocuente de ese raro gusto con que volvemos tarde sobre nuestros pasos, a los cien años de su productiva, provechosa y sabia vida, el Senado habría tenido tiempo suficiente para conferírsela en pecho, de no ser porque en estos días las altas decisiones de la República se reparten por facciones, que los ciudadanos insignes han de pasar por tamices geométricos para hacerse acreedores al justo reconocimiento de la Patria agradecida y a pesar, en este caso, que el propio PAN en el Senado anterior lo había propuesto.
3. Las presentes generaciones tasan a los gobernantes actuales respecto de sí mismos merced al hondo desconocimiento del civismo y de la historia que en la escuela se les inculca. Se dice ahora que Ortiz Mena ha sido el más brillante secretario de Hacienda de México, pero no respecto al que hoy ocupa el despacho Mariano, no. El parangón de don Antonio son ilustres estadistas antecesores suyos, Carrillo Flores, Eduardo Suárez, Alberto J. Pani, José Yves Limantour o Matías Romero, para entendernos mejor, y es en función de esos adalides que se mide a Ortiz Mena.
4. Director del Instituto Mexicano del Seguro Social a poco tiempo de su creación por Ávila Camacho, el de Parral afianzó y consolidó esa institución de México visionaria y precursora, a la que dio viabilidad financiera, diversificación y excelencia en su elevada misión de núcleo y base de la identificación y la solidaridad nacional, bien más allá de los servicios médicos esenciales y las prestaciones con que el Seguro cumplía su función originaria de brindar atención, sin distingos, a la población, y elevó su cometido a la categoría de punto de referencia, dignidad y orgullo entre los mexicanos. A él se deben las estancias infantiles, los parques deportivos, las unidades médicas de alta especialidad, y el alcance total a las comunidades más apartadas de la geografía.
5. Los años ganados para México durante su desempeño como secretario de Hacienda entre 1958 y 1970, de los que tanto se ha dicho y no basta, representan el periodo de mayor crecimiento integral del país en un periodo que inició en 1933 y concluyó, a palos, hacia 1976. El arquetipo del financiero de Estado que encarnaba el de Tres Picos vislumbró el largo plazo con una cierta idea de México que con su alteza de miras impulsó la transformación de un país comunitario y subsistente en potencia industrial media, con un creciente mercado interno, y sembró el poderío manufacturero exportador que alcanzó a ver. En su tiempo producíamos nuestra comida y exportábamos.
6. El Panteón de los Próceres reconoce la estatura de un estadista, un político y un ciudadano non en la trayectoria sola de Ortiz Mena. Pero cuando se le mira a la luz de la pobreza de las ideas, de la mediocridad de alcances y de la cortedad de miras de los gerentes de la Cosa Pública con que contamos hoy, su estampa se acrece a la dimensión del horizonte que como país y como sociedad nuestro anhelo y nuestra voluntad tanto sufren la envidia de estadistas de su talla, que al paso de los años, de las generaciones y de las carencias, se convierten en símbolo de unidad nacional, y en foco permanente de la solidaridad que ansiamos.
camilo@kawage.com
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