Opinión / Columna
 
Alejandro Díaz 
Finalizar la nacionalización
El Sol de México
13 de octubre de 2009

  Dicen que la mejor táctica de un ladrón para distraer la atención es gritar "cuidado con los ladrones" para que éste sepa dónde guardan lo valioso sus posibles víctimas. Algo parecido pasa con Martín Esparza, líder del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), quien al ver que el Gobierno quiere finalizar la tan aplazada liquidación de Luz y Fuerza del Centro SA de CV (LFC), declara que éste quiere privatizar la industria eléctrica. Se le olvida la historia de la expropiación eléctrica de la misma forma que olvida que está cuestionado por la forma en que se impuso en la elección interna del SME, siguiendo prácticas del viejo PRI.

El 27 de septiembre de 1960, el presidente López Mateos afirmó que "la electricidad es nuestra" al firmar el decreto para "mexicanizar" la industria eléctrica, expropiando las empresas de energía eléctrica que había en el país e incorporándolas a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que en esos momentos ya producía el 54 por ciento de la energía eléctrica del país. Fue un decreto que ni López Mateos ni los 7 presidentes que lo sucedieron pudieron finalizarlo, al tolerar durante 49 años a Luz y Fuerza del Centro (LFC), empresa sustituta de la original Compañía Mexicana de Luz y Fuerza (CMLyF), que quedó pendiente de ser liquidada.

En un inicio, pequeños capitalistas extranjeros de la entonces CMLyF bloquearon el decreto expropiatorio ante tribunales canadienses e impidieron su liquidación e incorporación a la CFE. Aunque con el tiempo, los asuntos legales se resolvieron, surgió un nuevo problema: el activismo beligerante del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el que agrupa a los trabajadores de la empresa, y que se ha opuesto durante 49 años a liquidar la empresa y a unirse al sindicato de la CFE, el SUTERM.

A casi 50 años del decreto expropiatorio, tanto por la postura agresiva del SME como por la excesiva prudencia de todos los gobiernos federales anteriores, el SME creció a costa de la productividad de la empresa, logrando en los contratos colectivos personal adicional en exceso y cuadrillas especializadas que burocratizaron los trabajos de electrificación en el espacio que aún atiende LFC: el Área Metropolitana de la Ciudad de México y sus alrededores.

El México de hoy es muy diferente del de 1960; entonces era un país eminentemente agrícola de 35 millones de habitantes con una capacidad de generación de 2 mil 380 MW de electricidad; ahora somos uno de 107 millones dedicados fuertemente a servicios y manufacturas con una capacidad de 50 mil MW. Mientras la población se ha triplicado, la demanda de electricidad se ha elevado 21 veces, lo que ha requerido enormes inversiones en plantas generadoras, líneas de transmisión y redes de distribución que por muchos años sólo el Estado tuvo capacidad de realizar. Las plantas que recientemente se han construido con capital extranjero, pero operadas por CFE, han fortalecido la propiedad estatal en vez de debilitarla. Asimismo, todo el incremento del suministro y de las líneas de transmisión en el país ha sido proporcionado por la CFE; la LFC sólo se ha ocupado de expandir sus redes de distribución.

El aumento ineficiente y burocrático de trabajadores de LFC llega a 65 mil, mientras la CFE ha crecido varias veces más (ahora tiene 200 mil trabajadores) y su productividad también: atiende a 627 usuarios por trabajador mientras la LFC atiende sólo a 291. En 1960 LFC atendía al 25 por ciento de la población del país y más del 50 por ciento de la industria nacional, ahora atiende al 20 por ciento de la población y a menos del 35 por ciento de la industria. Y mientras las pérdidas de energía en las redes de CFE son del 10 por ciento, en las de la LFC son del triple. Todo lo anterior ocasiona que los requerimientos de subsidios federales de LFC llegaran a casi 42 mil millones de pesos este año, mientras sus ventas no sobrepasarán los 235 mil millones, es decir, requiere subsidiar 18 centavos de cada peso que vende.

Con la liquidación de LFC, México no sólo ganará en eficiencia y en productividad, sino se atenderá mejor el servicio y las necesidades del público; se reducirán los costos y podrán emplearse los recursos federales de mejor manera. La liquidación de LFC y su incorporación a la CFE concluirá medio siglo de pretextos, haciendo mucho bien a México. Es una decisión correcta y necesaria. Todos debemos apoyarla, pero al mismo tiempo apoyar que los trabajadores de LFC se incorporen al SUTERM. La decisión de liquidar esa empresa tan improductiva es encomiable, y sin duda ofrecerá un mejor futuro a todos los trabajadores eléctricos.

alediaz@elsoldemexico.com.mx
 
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