Opinión / Columna
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Corresponsal en Francia
Carlos Siula
Frédéric Mitterrand vacila en su cargo
Organización Editorial Mexicana
9 de octubre de 2009
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París, Francia.- La carrera política del ministro francés de Cultura, Frédéric Mitterrand, pendía de un hilo por haber confesado hace cuatro años en un libro que había practicado turismo sexual. "No pienso renunciar. Quienes amalgaman pedofilia y homosexualidad son indignos", se defendió por televisión el jueves por la noche en medio de insistentes rumores sobre su estabilidad en un puesto ministerial.
Ese escándalo, que comienza a transformarse en un vendaval político, estalló con una denuncia pública formulada por Marine Le Pen, dirigente del Frente Nacional (FN) de extrema derecha, en reacción a la exaltada defensa del director de cine franco-polaco Roman Polanski realizada por Mitterrand. El ministro había denunciado en forma severa la detención de Polanski, ocurrida hace dos semanas en Suiza a pedido de Estados Unidos por la violación de una niña de 13 años en 1977.
Los violentos ataques formulados contra la justicia estadunidense provocaron un alud de críticas.
Marine Le Pen, hija del líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen, le reprochó por televisión haber defendido a un "violador de menores" y afirmó que no le sorprendía esa actitud porque, según dijo, se trataba de un hombre sin moral.
Para apoyar sus afirmaciones leyó los párrafos más controvertidos de "La mauvaise vie" ("La mala vida"). En ese libro autobiográfico que vendió 190 mil ejemplares en el momento de su lanzamiento, en 2005, Frédéric Mitterrand realiza una suerte de apología del turismo sexual.
El caso se transformó poco a poco en un escándalo debido a la repercusión que tuvo en la prensa y los comentarios del diputado socialista Benoit Hamon, que se declaró "indignado" por las confesiones del ministro.
Acosado incluso por los sectores más conservadores del partido de Gobierno (UMP), Mitterrand se vio obligado el jueves por la noche a presentarse ante las cámaras de televisión para tratar de explicarse.
"En esos viajes nunca tuve relaciones con menores", argumentó.
"¿Y cómo puede estar seguro de que esos jóvenes por los que usted pagaba en Tailandia no eran menores?", respondió la periodista.
"¡Por favor! ¿Acaso esas cosas no son evidentes?", balbuceó el ministro.
Esa argumentación pareció inconsistente, comparada con la envergadura de los hechos que se le reprochan en un país que se declara líder en la lucha contra el turismo sexual.
En "La mala vida", escrito cuando era periodista de televisión, antes de desempeñar funciones oficiales, el sobrino del expresidente François Mitterrand describe una triste infancia, marcada por su homosexualidad y las dificultades que tuvo para asumirla en el seno de una familia conservadora. En ese libro, dedica uno de los 11 capítulos a explicar su atracción por el turismo sexual.
El autor confiesa con lujo de detalles que se acostumbró "a pagar por muchachos (en Tailandia)".
"Nunca me sentí tan libre como en esos momentos", escribe.
Mitterrand reconoce que esa atracción por los jóvenes varones escogidos en locales nocturnos durante esos viajes persistió a pesar de que conocía "los sórdidos detalles de ese tráfico". También afirma que le "excitaban enormemente (...) todos los rituales del mercado de los muchachos, el mercado de la esclavitud".
"La abundancia de muchachos atractivos e inmediatamente disponibles agudizaba mi deseo", reconoce.
Varias personalidades del Gobierno de Nicolas Sarkozy se sumaron a las condenas iniciales de Marine Le Pen y Benoit Hamon, aunque en forma más prudente. El ministro de Trabajo, Xavier Darcos, estimó que su colega debía explicarse y que "además de indignarse", debía "responder de otra forma". "Ningún juez lo está persiguiendo, nadie le hace reproches en el terreno legal. Se le reprochan sus comportamientos personales y morales", precisó.
Otros miembros del equipo gubernamental salieron por el contrario en defensa del ministro, que se incorporó en junio al gabinete conservador del presidente Nicolas Sarkozy. En ese momento se dijo que su nombramiento se debió a su amistad con la esposa de Sarkozy, la exmodelo Carla Bruni. A los 62 años, después de haber sido animador de televisión, escritor, guionista, productor y realizador de documentales de cine y televisión, y militante de la causa gay, Mitterrand está considerado como un icono de la cultura no convencional. Este escándalo representa un auténtico dolor de cabeza para Sarkozy.
Por esa razón el consejero especial del presidente, Henri Guaino, salió en defensa de Mitterrand y calificó la polémica de "indigna". A su juicio, el libro no cuestiona la posición de Francia sobre el turismo sexual: "No he escuchado a Frédéric Mitterrand decir nada contra la posición francesa en ese combate", dijo.
Respondiendo a esa sugerencia, Mitterrand denunció ante las cámaras el turismo sexual: "Lo condeno. Pero estoy seguro de que todos los que me escuchan alguna vez en su vida han cometido algún acto reprensible como ése", dijo.
Confesando su dolor de verse en el centro de esta polémica y visiblemente afectado, Mitterrand evocó varias veces su emoción: "Se trata de mi honor. Pienso en mi familia, en mis tres hijos, en mi madre...".
También admitió que había reaccionado con demasiada emoción a la detención de Roman Polanski. Pero "el ministro de Cultura francés debe ocuparse de los artistas y no abandonarlos", se justificó.
Mitterrand advirtió en todo caso que no tiene intenciones de renunciar y que Sarkozy le renovó su confianza durante una reunión que tuvieron en el Palacio del Elíseo poco antes de la entrevista por televisión.
La primera en reaccionar a esas nuevas declaraciones fue Marine Le Pen: "El ministro debe renunciar hoy todavía más que ayer", declaró. "Mitterrand mintió con impunidad (...) Cuando intenta hacer creer a los franceses que los niños de los que habla en su libro eran hombres de 40 años, agrega la ignominia a la indignidad", sentenció.
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