Opinión / Columna
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Hechos
Jesús Michel Narvaez
¿Limpieza de escenarios?... ¿estorban los sindicatos?
El Sol de México
8 de octubre de 2009
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Endurecer las posiciones. Dar el manotazo. Hacer sentir el músculo. Demostrar "quién tiene la ley" a su favor. Eso parecería, en resumidas cuentas, la acción emprendida por el secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, quien con documentos analizados decidió no otorgar la toma de nota a Martín Esparza, quien presuntamente se habría reelegido legalmente como secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas.
No se trata, ni con mucho, de defender a una persona o a un grupo de personas. Por lo hasta ahora declarado por las partes involucradas en el conflicto sindical, ninguna de las que participaron podría presumir de blancas palomas o prístinas representantes del bien común.
No, ¡qué va!
Sin embargo, la forma -diría el ínclito de Tuxpan, también es fondo- en que resolvió la Secretaría del Trabajo el asunto, fue desaseada. Tardía. ¿Cuál fue la razón de dejar pasar los días para dar a conocer lo que de suyo ya sabían por las denuncias de la planilla derrotada?
Seguramente que el señor Lozano analizó con profundidad el asunto. Y decidió, quizá por sí mismo o por instrucciones -eso nunca se sabrá salvo que se enoje el secretario y decida ventanear al responsable-, que lo más sano era no reconocer el triunfo de Esparza y dejar abierta la rendija por la que se pueda colar Alejandro Muñoz, el tesorero del SME y que encabezó la planilla ya no derrotada, por lo menos a la vista de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Correspondería a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje ordenar nuevas elecciones. Y a los trabajadores votar por quien se les dé la gana.
¿Se están limpiando los escenarios?... ¿estorban los sindicatos a la propuesta "visionaria" del presidente Calderón?
Bien a bien no se sabe en qué parará este nuevo affaire político. Lo que sí queda claro es que más allá de las irregularidades cometidas y comprobadas -eso suponemos-, se realiza un juicio sumario a todos los trabajadores, a quienes se les califica, sin duda alguna, de transas, corruptos, marrulleros, ojaldras, pues.
Dicen en la Secretaría del Trabajo que se actuó en el marco de la ley. No se duda. Pero se debe analizar si la ley es justa o no; si quienes la hicieron pensaron en los trabajadores, o bien si lo hicieron respondiendo a consignas. Tampoco lo sabremos.
Aquí no estamos defendiendo al señor Esparza, quien por otra parte paga su mal agradecimiento hacia Rosendo Flores, que lo llevó al liderzazo hace cuatro años y después pasó a ser cero a la izquierda. Defendemos el derecho de los trabajadores. A lo mejor, en efecto, ganan demasiado salario -¿comparados con quién?- y tienen prestaciones en exceso. Quizá también no son del todo responsables y eficientes como debieran. Se acepta. No obstante, lo que deberíamos todos los mexicanos es pugnar por ganar los salarios, tener las prestaciones y los beneficios de los electricistas. Entonces estaríamos mejor. ¿O no?
Bajar los salarios, desaparecer prestaciones y beneficios no hará más grande a México; por el contrario, empobrecerá a la clase trabajadora, la que está sometida, la que se entrega, bien o mal, para que los patrones disfruten de los lujos automotrices o de las exquisiteces de las viandas.
¡Qué todos ganemos más! debería ser la consigna.
¿Acaso envidia usted que una persona tenga un buen salario y buenas prestaciones?
Nosotros no. Por el contrario. Anhelamos lograr equipararnos con aquellos que tienen un empleo del que obtienen recursos para tener una vida mejor.
Hoy por hoy, y se reconoce, los líderes sindicales, que no los sindicatos, están por encima de la media. Se enriquecen de manera escandalosa. Baste recordar nombres y verlos cual pavos reales: ampulosos, con escoltas, vestidos con trajes finos y perdonando al mundo con la mirada.
Sí, los líderes -generalizando y aceptando las excepciones- han traicionado los ideales del sindicalismo; no hay duda. Los trabajadores no.
Y es los que se agrede con la amenaza no velada de que Luz y Fuerza del Centro o será vendida o fusionada.
La ley no autoriza al Gobierno federal a venderla. Y para fusionarla con Comisión Federal de Electricidad tendría que plantearse ante el Congreso de la Unión mediante un decreto de extinción.
Eso no se ha hecho. Seguramente se hará.
Por lo pronto, los 45 mil trabajadores de LyFC marcharán hoy y mañana también y dentro de una semana de igual manera, reclamando su derecho de tener al líder que mejor les plazca. Y si es corrupto, allá ellos.
Pero que no sea la autoridad, cuya moralidad es enjuiciada un día sí y otro también, la que llame marrulleros, transas, ojaldras, pues, a los trabajadores.
E-mail: micheljesus@hotmail.com
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