Opinión / Columna
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Los dichos y los hechos
César Camacho
Gobernar la crisis o la crisis gobernando
El Sol de México
6 de octubre de 2009
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Una cosa es "gobernar la crisis" y otra que "el gobierno entre en crisis"; esto es, que actúe desesperadamente, pierda la visión del conjunto al centrar la mirada en un solo aspecto de nuestra vida pública, siembre pánico entre la sociedad sobre los asuntos que ésta le encomendó administrar con profesionalismo y, para rematar, confunda a la gente.
Habría que advertir a las autoridades federales, comenzando por el titular del Poder Ejecutivo, que en periodos como el que atravesamos es inconveniente anunciar medidas infértiles e innecesarias, que sería muy importante mantener la calma sin ocultar la delicadeza de los desafíos y asumir plenamente su responsabilidad, evitando endilgar a otras instituciones públicas y fuerzas políticas su responsabilidad política y jurídica.
Si bien podrían parecer obvias estas tres amplias sugerencias, todo indica que son necesarias, pues el Gobierno federal y sus aliados, hasta ahora han actuado de manera diferente a lo que el sentido común sugiere.
La propuesta de desaparición de tres dependencias del Ejecutivo ha generado un debate innecesario y ha demostrado que los eventuales efectos "positivos" de la medida planteada en sus términos empequeñecen hasta desaparecer, si se les compara con los perjuicios que se podrían causar tan sólo en el turismo, sector de nuestra economía que, para no pocos especialistas, está llamado a ser el motor del desarrollo nacional del siglo XXI.
Por otra parte, la cantaleta impuesta por las autoridades hacendarias al Poder Ejecutivo en su conjunto, así como al Partido Acción Nacional, con la que niegan la existencia de un "plan B" para el paquete económico del año entrante proyecta, más que firmeza, testarudez en las negociaciones. Y acompañarla con una campaña de comunicación social en radio y televisión que difunde verdades a medias resulta francamente maniqueo y, por tanto, manipulador. La estrategia de negociación de este asunto que se ventila en el Congreso de la Unión recuerda los peores momentos de Vicente Fox en su incesante -y a la larga costoso- intento por predisponer a la opinión pública en contra de los legisladores federales.
En este delicado contexto, la declaración del presidente del PAN en el sentido de que "el PRI es corresponsable del destino económico del país y, por tanto, no podrán excusarse de esa responsabilidad", por innecesaria y entrometida, parece una provocación. Habría que recordarle que tratándose de un mejor futuro para México, el PRI no se detiene; no hay tema que no merezca su análisis y está fehacientemente demostrado que los priístas asumen su responsabilidad política e histórica; tan es así que de inmediato formularon alternativas a la iniciativa presidencial y plantearon propuestas al respecto y, no obstante, se sigue estudiando el tema, lo que permitirá presentar una mejor opción.
En el tricolor está claro que entre los poderes de la Unión debe haber una relación republicana; esto es, un vínculo que la Constitución y la ley determinan para que, debidamente comunicados, cada poder haga su parte y la haga bien.
En lugar de formular recomendaciones vanas, César Nava debería hacer política y procurar que su partido asuma, por fin, la responsabilidad política de ser el partido en el gobierno.
ccq@cesarcamacho.org
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