Opinión / Columna
 
Corresponsal en Francia 
Carlos Siula 
Se prevén severas reformas tras triunfo de Merkel
Organización Editorial Mexicana
28 de septiembre de 2009

  París, Francia.- Alemania abrió las puertas a un histórico cambio de su mosaico político después de la victoria que obtuvo la canciller democristiana, Angela Merkel, en las elecciones legislativas alemanas del domingo.

Con 33.7 por ciento de los votos podrá formar un gobierno de coalición de centro-derecha con el Partido Liberal Demócrata (FPD), de Guido Westerwelle, que totalizó 14.3 por ciento.

El Partido Socialdemócrata (SPD), que obtuvo apenas 23.4 por ciento de los sufragios, aparece como el gran derrotado de la consulta electoral. "Es un día amargo para el SPD", dijo el líder partidario Frank-Walter Steinmeier al comprobar que esas cifras representaban el resultado más bajo del partido desde la fundación de la Alemania moderna, en 1949. Ese dictamen de las urnas selló el final de la grosse Koalition democristiana-socialdemócrata que gobernó el país desde 2005 y abrió el camino para una alianza democristiana-liberal.

En los próximos cuatro años, con una mayoría de 30 a 35 diputados en un Bundestag de 611 bancas, la nueva coalición negra-amarilla, según los colores que caracterizan a democristianos y liberales, imprimirá al país un giro a la derecha, sobre todo en materia económica. Tanto Merkel como Westerwelle son partidarios de desregular el mercado laboral para facilitar las contrataciones y despidos, reducir los impuestos por un total de 22 mil millones de dólares y potenciar la producción de electricidad de origen nuclear.

Conforme a la alquimia de poder que existe en Alemania desde 1949, el líder del principal aliado -en este caso, Westerwelle- será vicecanciller y ocupará la cartera de Relaciones Exteriores. Por su parte, el aristócrata Karl-Theodor zu Guttemberg, de 37 años, considerado como la gran esperanza del partido, conservará el ministerio de Finanzas.

"Hemos logrado nuestro objetivo de obtener una mayoría estable y de poder formar gobierno con los liberales", proclamó la canciller, de 55 años, pocos minutos después de conocer los resultados de una elección que registró la participación más baja de la historia. Vestida con una chaqueta rosa, camisa y pantalón negros, así como collar de color ámbar, dejó estallar su felicidad diciendo: "Creo que esta noche podemos darnos el lujo de festejar".

Hasta esa frase, aparentemente anodina, anticipó el espíritu de austeridad que caracterizará su próximo gobierno.

El líder liberal, Guido Westerwelle, gran triunfador de la jornada luego de obtener el mejor resultado de su historia, declaró que su partido está "preparado" para "asumir la responsabilidad" de gobernar.

Las negociaciones para integrar el próximo gabinete comenzarán probablemente este mismo lunes, una vez que se conozca la composición exacta del Bundestag (Cámara baja del Parlamento).

Por su parte, los Verdes obtuvieron 10.2 por ciento, y Die Linke (la Izquierda), de Oskar Lafontaine, confirmó su potencial, al reunir 12.3 por ciento. El Partido Nacional Democrática (NDP), de ultraderecha, fracasó una vez más en reunir el mínimo de 5 por ciento que exige la ley electoral para obtener una representación parlamentaria.

Esos resultados muestran, en primera lectura, el comienzo de una profunda recomposición del tradicional equilibrio de fuerzas alemán.

Merkel, según muchos analistas, obtuvo una victoria pírrica. La euforia de la victoria no permitió disimular la importante disminución del caudal electoral que sufrió la histórica alianza que forman la Democracia Cristiana (CDU) y su rama bávara de la Unión Social Cristiana (CSU). El 33.7 por ciento que permitió la reelección de Merkel representa el peor resultado de su partido en los 60 años de historia de la Alemania moderna. La CDU perdió 8.8 por ciento con relación a la última elección, hace cuatro años. La nueva coalición con los liberales, surgida de las urnas el domingo, cuenta con el respaldo de apenas 56 por ciento del electorado, cifra extremadamente baja comparada con el 69 por ciento que totalizó en 2005 la grosse Koalition de la democracia cristiana con el SPD o el 77 por ciento que reunió la alianza rojo-verde (SPD-ecologista) formada en 2002 por Gerhard Schroeder y Joschka Fisher.

Los principales beneficiarios de ese sorpresivo desplazamiento del electorado son los liberales, que ganaron alrededor de cinco puntos con respecto a 2005. Die Linke, por su parte, mejoró su caudal en cuatro puntos.

El dictamen de la urnas confirmó el retroceso de las dos grandes formaciones que dominaron la política de posguerra y el progresivo crecimiento de los pequeños partidos. Desde 1949, el poder político en Alemania estuvo monopolizado por la democracia cristiana y la socialdemocracia, y la presencia marginal de los liberales. A partir de 2002 aparecieron los Verdes en el espectro ideológico y, desde 2005, la coalición de izquierda Die Linke introdujo un componente desconocido hasta ese momento en Alemania.

"Es el final de la época dominada por los partidos populares", sentenció el politólogo alemán Peter Loesche, para quien el nuevo sistema de cinco partidos convirtió las elecciones en "una lotería".

La consolidación de los pequeños partidos -y de algunas formaciones marginales- permite pensar que, en el futuro, el paisaje político alemán podría fragmentarse cada vez más, siguiendo una tendencia que registran otros países europeos.

Esa evolución es también una consecuencia del final de la polarización de la Guerra Fría, que subsistió hasta una década después de la caída del Muro de Berlín, en 1989.

El crecimiento de Die Linke se explica en buena medida por la influencia de los electores de la ex Alemania del Este después de la Wiedervereinigun (reunificación), oficialmente proclamada en 1990. La coalición que dirige Oskar Lafontaine reúne el ala izquierda y los sectores obreros de la socialdemocracia -decepcionados con la actual conducción del partido- y los comunistas reciclados de la ex Alemania Oriental. Las dos alas se desarrollaron a imagen y semejanza de sus principales dirigentes. Lafontaine fue el primer ministro de Finanzas que tuvo Gerhard Schroeder cuando llegó al poder en 1998, pero renunció estrepitosamente seis meses después para protestar contra el giro a la derecha del gobierno socialdemócrata. Gregor Gysi, número dos de Die Linke, fue un apparatchik del Partido Comunista este-alemán hasta que en adoptó una línea crítica en 1989 y terminó de girar después de la reunificación.

El nuevo partido la Izquierda, en todo caso, triplicó su caudal en las últimas tres elecciones: pasó de 4.0 por ciento en 2002 a 12.2 por ciento en 2009. "Lo único que salvará al SPD -afirma Gregor Gysi- es que se "resocialdemocratice y abandone el camino conservador de los últimos años".

En esta recomposición del tablero político, la principal fuerza es el llamado "partido de los abstencionistas". La participación: un nuevo récord histórico a la baja: 72.5 por ciento. Esa cifra es también un dato capital que muestra la importancia que tiene la nueva página que acaba de abrirse en la historia alemana.
 
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