Opinión / Columna
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Juan Antonio García Villa
Quijotismo y liderazgo
El Sol de México
27 de septiembre de 2009
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Año con año, desde 1987, se celebra en la ciudad de Guanajuato el Coloquio Cervantino Internacional, gracias al generoso impulso del recientemente fallecido Eulalio Ferrer. En estos coloquios participan reconocidos eruditos cervantistas de todo el mundo, investigadores, académicos y estudiantes, no sólo del ámbito de las letras sino también de la historia, la filosofía, el arte en general, el periodismo y hasta la política. Como sucedió, en el caso de esta última, en el X Coloquio celebrado en febrero de 1998, en el que participaron tres políticos para dar su visión de El Quijote desde el ángulo de su propia vocación.
Esos tres políticos fueron Belisario Betancur, expresidente de Colombia, por cierto gran conocedor de los temas vinculados al libro cumbre de la lengua española; otro fue Sergio Ramírez, de Nicaragua, y Rafael Hernández Colón, gobernador que fue de Puerto Rico. En la memoria que un año después se publicó de este Coloquio aparecen sus intervenciones. Para el propósito de este artículo, resulta de particular interés la exposición de Hernández Colón. De entrada, éste aclara que hablará de las reflexiones que como exgobernador de la Isla del Encanto le produce "este singular fenómeno de la literatura universal", que es El Quijote. Y lo hace teniendo como eje de su reflexión el tema del liderazgo que, dice, "es el fenómeno insustituible para producir el cambio social importante y permanente".
Al respecto, expresó hace una década algo que hoy los mexicanos estamos, quizá, en mejores condiciones de comprender que entonces. Dijo el boricua en 1998 que "el liderazgo se ejerce dentro de los procesos de la democracia, la cual en la forma institucionalizada que se practica en estos tiempos no propicia cambios sociales de fondo por el cortoplacismo de los mandatos y la repetida alternancia". Para mejor precisar su idea, afirmó que la realización de los grandes ideales "requiere de Quijotes con la pasión que abraza sus corazones y galvaniza sus voluntades, para llevarlos en sublime locura a abandonar la aburguesada buena vida y lanzarse a la lucha con los Sanchos". Y agrega: "para llevar a cabo el cambio transformador de la vida social, hay que llevar hondo en el espíritu la sublime locura del Quijote".
Para que no se piense que tales ideas son sólo expresiones líricas con endeble apoyo en un libro y el personaje de éste, por muy famosos que ambos sean, Hernández Colón nos hace ver una realidad contemporánea inobjetable. Dice al respecto que, "al proyectar nuestra mirada hacia el panorama mundial notamos la ausencia de grandes líderes políticos", es decir, hoy ya no tenemos verdaderos Quijotes. "Nelson Mandela -sigue diciendo- quizá sea la honrosa excepción. Hay un hambre de figuras como lo fue Franklin Roosevelt para la justicia social; Winston Churchill para la libertad y la democracia; Mahatma Gandhi para la justicia y la libertad; o Martin Luther King para la igualdad y la justicia". Señala también que hoy "hay confusión sobre lo que es el liderazgo. Muchos piensan que es el buen orador o el que tiene una personalidad atractiva... o el que sabe cómo introducirse a los demás e impresionarlos porque recuerda su nombre. Quizá esas cualidades ayuden a ser un buen candidato pero un buen candidato es una cosa, un líder es otra".
Viene a cuento lo anterior, a propósito de la convocatoria hecha por el presidente Calderón a la nación para proponer los cambios que se necesitan con urgencia y no los que por comodidad sean posibles, como desafortunadamente ha venido sucediendo en la última década. Ha llamado a todos a la unidad para apoyar las medidas, nada fáciles, que propone. Lamentablemente no existen otras posibles ni viables para sacar adelante al país. Si los legisladores, los partidos y en general los dirigentes sociales, por mezquindad o por espíritu de facción no se solidarizan, no va a quedar otra vía que apelar directamente a la población, con la fuerza de un gran liderazgo. Así se puede interpretar la reflexión de Hernández Colón, con aplicación concreta al caso y a la luz de El Quijote.
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