Opinión / Columna
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Corresponsal en Francia
Carlos Siula
Alemania: El futuro gobierno de Merkel dependerá del resultado de sus aliados
Organización Editorial Mexicana
26 de septiembre de 2009
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París, Francia.- La canciller Angela Merkel probablemente ganará las elecciones legislativas del próximo domingo en Alemania. Pero corre el riesgo de quedar seriamente debilitada durante los próximos cuatro años si sus aliados liberales no obtienen un buen resultado para formar una mayoría en el Parlamento. La otra hipótesis es que tenga que volver a formar una Grosse Koalition con los socialdemócratas, lo que la convertiría en prisionera de un programa de gobierno que limitaría el programa de reformas que pretende aplicar a su país.
El Instituto Forsa, en una encuesta, anuncia que la tradicional alianza formada por la democracia cristiana (CDU) y su socio social cristiano bávaro CSU obtendría sólo 33 por ciento de los votos.
Por su parte, el Partido Liberal (LPD), que sería su socio natural en un coalición de centro-derecha, reuniría 14 por ciento. Las dos formaciones experimentaron un retroceso de uno a dos puntos respecto a las estimaciones de la semana pasada. Los sondeos pronostican, además, que sus adversarios ideológicos socialdemócratas (SPD), aliados en la coalición que gobierna el país desde hace cuatro años, totalizarían 25 por ciento. Ese caudal, en teoría, permitiría al SPD aliarse con los Verdes, que obtendrían 10 por ciento, y con Der Linker (la Izquierda), el nuevo partido de Oskar Lafontaine, a quien los sondeos atribuyen 12 por ciento.
"Los democristianos están cada vez más nerviosos", bromeó el líder socialdemócrata, Frank-Walter Steinmeier, que ocupa el ministerio de Relaciones Exteriores en la Grosse Koalition formada por Angela Merkel en 2005.
El complejo sistema electoral alemán vigente hasta 2011, que combina elección proporcional con voto uninominal directo, permite alcanzar la mayoría en el Bundestag (CÁMARA baja del Parlamento) sin necesidad de contar con el 50 por ciento de los votos.
Cualquiera de las dos alianzas podría reunir la mayoría de las 611 bancas con 47 o 48 por ciento de los sufragios, estiman los politólogos. Pero el acelerado retroceso de los liberales de Guido Westerwelle en las últimas semanas podría colocar a Angela Merkel en una situación de extrema fragilidad para formar una mayoría susceptible de apoyar su programa de gobierno en el Parlamento.
A su vez, una alianza PSD-Verde-Linke es matemáticamente posible, pero es más improbable desde el punto de vista ideológico.
Los resultados que pronostican las encuestas permiten imaginar seis escenarios de coaliciones posibles. Pero, en ese juego de alquimia, sólo dos fórmulas son consideradas verosímiles: una alianza democristiana-liberal o una renovación de la actual coalición democristiana-socialdemócrata.
Si bien Merkel debió permanecer en Pittsburgh hasta el viernes por la noche, asistiendo a la cumbre del G20, estuvo en contacto permanente con Berlín siguiendo las alternativas de la campaña y la evolución de los sondeos.
Las fórmulas y dosajes que elucubran los expertos y estrategas en las probetas preelectorales parecen dejar insensibles a los electores, que siguen la evolución de la campaña con indiferencia.
Con casi una cuarta parte del electorado indeciso, los resultados del domingo pueden arrojar más de una sorpresa. Otra incógnita, que puede ejercer una influencia decisiva en las urnas, es la tasa de participación, que en 1983 era de 89.3 por ciento y fue descendiendo progresivamente hasta llegar a 77.7 por ciento en 2005.
Cualquiera que camina distraído por las calles de Berlín, Francfort o Munich puede ignorar que 62 millones de alemanes votarán el domingo en una de las elecciones más importantes para el futuro del país desde que el país terminó de purgar su pecado nazi, en 1949.
Salvo algunos fortuitos carteles de tamaño A4 abrochados en torno de los postes de alumbrados, afiches pegados en plataformas autorizadas o stands de información partidaria en el centro de las ciudades, Alemania no mostraba ningún indicio capaz de insinuar que la primera potencia económica de Europa juega su destino en las urnas el próximo domingo.
La economía será el factor que decidirá la actitud de los electores frente a las urnas. Pero es un tema del que nadie quiere hablar. Merkel prefiere el silencio porque, debido a la crisis, el balance de su gobierno es poco glorioso. Los socialdemócratas también prefieren la discreción porque fueron socios (o "cómplices") de Merkel en los últimos cuatro años. Con un PIB de 2.8 billones de dólares en 2008, los alemanes se reparten una renta de 33.890 dólares por habitante. Pero la crisis asestó un golpe feroz al país: la recesión hundió en 5 por ciento la economía de la primera potencia industrial de Europa, nivel sin precedentes desde 1945, y el derrumbe del comercio internacional paralizó las exportaciones, que intervienen en la formación del 47 por ciento del PIB.
Como resultado de la crisis, el desempleo afecta actualmente a 3.9 millones de personas, lo que representa 8.3 por ciento de la población activa, pero se estima que la desocupación llegará a 4 millones en 2010.
Los alemanes son conscientes de que Angie -como la llaman sus partidarios- no es responsable de esos resultados, que son tan calamitosos como en el resto de los países de Europa.
La canciller, de 55 años, evitó abordar durante la campaña no sólo el balance económico de su gobierno, sino todos los temas polémicos. Por la misma razón, rehusó hacer vibrar la fibra nacionalista de un país que este año celebra el 60 aniversario de la formación del primer gobierno de posguerra y el 20 aniversario de la reunificación del país. En otras circunstancias, esos dos argumentos hubieran alcanzado para hacerle ganar la elección a cualquier candidato.
Como mantiene un asombroso capital de confianza (su popularidad personal es de 76 por ciento), "centró su campaña en su imagen personal y su capacidad para superar la crisis".
"Tenemos la fuerza", proclaman los afiches que muestran únicamente su cara, la bandera alemana y el logotipo del partido.
La aparente indolencia de los electores probablemente desaparecerá a partir de hoy con el cierre de campaña de los grandes partidos. Luego de haber atravesado el país en tren -como hacia el legendario canciller Konrad Adenauer-, participó en 59 actos políticos durante el extenuante periplo que hizo por las principales ciudades alemanas.
Merkel cerrará su campaña hoy por la tarde con una gran concentración en la TrepTower Platz, en el corazón de Berlín Este.
A diferencia de cualquier país de América Latina, o incluso de Italia o Francia, los alemanes no llegan a las concentraciones en camiones o autobuses, no son encolumnados por los partidos, no colman las plazas, no interrumpen el tránsito, no corean estribillos ni -mucho menos- destrozan los tímpanos con cánticos y música. Se ubican en una enorme platea al aire libre, improvisada con filas de sillas plegables, escuchan atentamente a los oradores y aplauden con moderado entusiasmo.
La aparente desafección de los electores representa un enigma para los encuestadores, a quienes a veces le faltan elementos para medir la temperatura del electorado. Pero es posible que en este momento crítico de su historia, los alemanes voten más con la cabeza que con el corazón.
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