Opinión / Columna
|
México 2010
Benjamín González Roaro
Celebrar el México Independiente
Organización Editorial Mexicana
24 de septiembre de 2009
|
Quiero iniciar esta columna recordando las palabras de don José María Morelos, quien pidió que: "Se solemnice el día 16 de septiembre, todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la nación para reclamar sus derechos para ser oída".
No podemos olvidar que nuestro país fue conquistado y vivió bajo el dominio extranjero. Fue necesario que madurara una generación que abrevó de las ideas de libertad de la Revolución Francesa y que de ella surgieran espíritus libres, llenos de amor a México. Ellas y ellos decidieron arriesgarlo todo, inclusive su vida, por un sueño de libertad. Hidalgo, Morelos, Allende, Leona Vicario, la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez y tantas heroínas y héroes anónimos. Ellos, como afirma el tradicional grito, nos dieron patria y libertad.
Me dio un enorme gusto ver que, un año después de los trágicos acontecimientos ocurridos poco después del grito en Morelia, nuevamente los mexicanos salimos a las calles, en todas las plazas públicas del país, a refrendar nuestro compromiso con la libertad y con los valores de nuestros héroes. Fue, como debe ser, una jornada llena de civismo, una noche en la que reivindicamos el honor y el gozo de ser mexicanos.
No creo que nadie puede evitar un nudo en la garganta cuando escuchamos los nombres de nuestros héroes, y el tres veces repetido ¡Viva México!, después de escuchar los acordes y la letra de nuestro himno: "un soldado en cada hijo te dio...".
Por eso quiero dedicar esta columna a recordar, junto con los amables lectores de esta columna, lo mucho que hemos construido, a 199 años del inicio de nuestra Independencia, a sólo uno de cumplir nuestros primeros dos siglos de vida como Nación libre.
Para valorar lo mucho que tenemos, quizá sea conveniente, por un instante, pensar en lo que afortunadamente no somos: no somos un país en el cual una parte quiera independizarse; un país dividido y enfrentado en guerras religiosas; una Nación sin valores y sin principios. Somos, por el contrario, un país libre, orgulloso de las civilizaciones que aquí tuvieron su origen, de nuestros artistas, que nos han dado identidad frente al mundo, de nuestros sitios arqueológicos e históricos, de nuestras bellezas naturales. Sobre todo, orgullosos de nuestra gente, trabajadora, comprometida, luchando todos los días por construir un México mejor para nuestros hijos y las siguientes generaciones.
Nos encontramos en un importante momento histórico. A un año de celebrar el Bicentenario de nuestra independencia y el Centenario de nuestra Revolución, la administración del presidente Calderón llega a la mitad de camino. El titular del Poder Ejecutivo, reconociendo la gravedad de la crisis internacional, la baja de nuestras exportaciones de productos manufacturados y la desaceleración de la economía, ha dispuesto un conjunto de medidas de austeridad gubernamental, para no pedir esfuerzos que el propio Gobierno no esté dispuesto a dar. Esta actitud, así como la renovación de la Legislatura en la Cámara de Diputados y algunos poderes locales, le da a nuestro país la oportunidad de un nuevo inicio, que nos permita superar las inercias y, trascender los esquemas que en lugar de hacernos avanzar frenan nuestro desarrollo.
El mensaje de la ciudadanía, expresado en todas las plazas del país el 15 de septiembre fue claro. Los mexicanos ratificamos nuestra voluntad de vivir en paz, sin sobresaltos. Lo que todos queremos son oportunidades y condiciones para desarrollarnos, para aportar nuestro grano de arena en la construcción de una patria más libre y más justa.
En uno de sus poemas más conocidos, José Emilio Pacheco, uno de nuestros escritores más galardonados en México y en Iberoamérica, señala, hablando de la patria: "Daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques, desiertos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, / montañas / -y tres o cuatro ríos".
Todos daríamos la vida por México. En el 2009, no está en peligro, afortunadamente, nuestra soberanía ni nuestra independencia. Lo que está en juego, a un año de cumplir dos siglos de vida independiente, es el progreso de nuestra Nación. Con el mismo patriotismo y valor con el que defenderíamos las fronteras de la patria, hoy todos debemos entregarnos a la creación de nuevas condiciones para el desarrollo de México. Es la oportunidad y la responsabilidad de nuestra generación.
benjamingonzalezroaro@yahoo.com.mx
Columnas anteriores
Columnas anteriores